Esto no es como empieza…

  • Reflexión sobre en empate del Albacete en Vitoria y la derrota de La Roda CF en Barakaldo
Foto: Deportivo Alavés
02 noviembre 2015

La verde Euskadi nos devolvió un punto, sólo uno, a cambio de un largo desplazamiento doble. Unos en la capital, los otros en la tierra chica del rubio Clemente, en la margen izquierda, la de sus altos hornos y sus obreros. Ambos a las cinco de la tarde del primer día de Noviembre.

Surtió efecto el augurio gitano, el de los principios y los hijos. Mal fario. En Mendizorroza no se había movido apenas la manecilla del reloj, cuando el tal Toquero, eterno candidato a lehendakari del fútbol de rompe y rasga, nos había enchufado el primero, que, afortunadamente, luego resultaría ser el único. A unos cuantos kilómetros, Megías adelantaba a los suyos también muy pronto.

Ocurrió después que los de Luis César apretaron el culo contra la portería de Juan Carlos y resistieron el embate alavesista, alejando fantasmas de debacle, sobreponiéndose conforme avanzaban los minutos, primero con parsimonia, de esa que nos saca de quicio y después con la determinación que exige un combate cuerpo a cuerpo, respondiendo al rival con sus mismas armas: juego directo y poca pausa. En Barakaldo, nos habían remontado en un pis pas, presagio de lo que resultaría definitivo: otra derrota rojilla por muy honrosa que resulte en el campo del líder.

Cuando el entrenador del Albacete se dio cuenta, por fin, que el Deportivo Alavés nos estaba ahogando la salida del balón, circunstancia esta que se produce cada vez con más frecuencia, sea quien sea el rival, decidió que no es obligatorio el sistema y que se puede modificar. Ordenó a los suyos, al portero fundamentalmente, balonazos a la espalda de las líneas de presión y mucha atención a la segunda jugada y ahí, poco a poco, el Alba le fue ganando terreno a un sorprendido oponente. Como resulta que este equipo tiene velocidad y clase suficiente como para competir con garantías, empezaron a llegar las oportunidades y en la más clara, el gol de Paredes.

Tras el descanso, con la bayoneta entre los dientes, nos fuimos a la pelea y conquistamos el terreno enemigo; salvo algunas dentelladas blanquiazules que se mellaron contra nuestro portero, el Albacete Balompié fue mejor, tuvo el balón e impuso el ritmo, que son dos circunstancias que van unidas como dos siameses. La salida de Jason y el despertar de Rubén Cruz, dieron alas a la ofensiva blanca y sumieron en muchas dudas a los centrales vitorianos, de modo que la deriva del partido se tornó en contra de quien tan pronto se vio por delante en el marcador, en un comienzo que respondió a esa máxima gitana de la que les hablaba al principio.

Desde Lasesarre nos llegaban malas noticias. Las ilusiones del inicio se difuminaron en el cielo del Gran Bilbao. Tres derrotas consecutivas que nos llevan al trastero de una clasificación que, faltaría más, todavía tiene remedio.

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