Avenida de Manuel Fraga Iribarne

  • Suelo seguir los plenos municipales y por eso me quedé bastante extrañado el día que leí en este periódico que al parque Adolfo Suárez le habían vuelto a cambiar el nombre por el de Santiago Carrillo
Captura de Google Maps
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20 octubre 2015

Suelo seguir los plenos municipales, pues es una buena fuente de alimentación para estos divertimentos que escribo durante la semana, y por eso me quedé bastante extrañado el día que leí en este periódico que al parque Adolfo Suárez le habían vuelto a cambiar el nombre por el de Santiago Carrillo. He de confesar que no sigo los plenos al pie de la letra, pues considero que una atención exhaustiva no debe ser muy saludable para mi delicada mente ni para ninguna otra, por lo que es muy probable que se me haya escapado algún punto del orden del día en el que se debatió tan sorprendente cuestión.

Por otro lado, si se ha aprobado la moción del cambio de nombre debe haber sido con la mayoría de concejales, algo obvio; es decir, con el voto afirmativo del Partido Popular, y si esto ha sido así me enorgullece pertenecer a un pueblo en el que los representantes de gran parte del mismo tienen la altura de miras suficiente como para dejar por un momento apartadas las ideologías y luchas partidistas y reconocer la labor que Santiago Carrillo realizó durante la Transición española. Espero que el resto de concejales de ideología contraria, siguiendo el ejemplo y comportándose del mismo modo, eleven una propuesta al pleno para dedicarle una de nuestras largas avenidas a Manuel Fraga Iribarne; sería de justicia.

Sí, lo sé, todo esto es política ficción, ya que al leer la noticia completa en el Crónica de La Roda comprobamos que todo debe haber sido una broma de algún jocoso que se ha colado en Google y ha cambiado el nombre de nuestro parque para que todos nos echemos unas risas, o con alguna insana intención; pero no me negarán que lo que cuento sería bastante majo: que nuestros políticos, no solo los locales, votaran en justicia y pensando en el bien común, y no siguiendo los dictados de los gerifaltes supremos del partido, que tienen en mente, en el mejor de los casos, solo a aquella parte de la población que les prestó su voto, y en el peor lo hacen pensando en su propio futuro: sin ir más lejos el nuevo impuesto al sol que se acaban de inventar, a ver cuántos acaban de consejeros en alguna eléctrica en cuanto se queden sin poltrona.

Si hacemos caso a las crónicas de unos y de otros, tanto Santiago Carrillo como Manuel Fraga acarreaban en sus mochilas un pasado oscuro, pero bien es cierto que dejaron por un tiempo sus disputas por el bien común durante la llamada Transición, en la que todos cedieron un poquito. Esto es algo que debemos reconocer.

En los tiempos actuales, en los que algunos quieren hacernos creer que el espíritu de la Transición no fue lo que nos contaron y pretenden cargarse una Constitución que ha permitido varias décadas de convivencia en paz, no estaría mal que alguien nos recordara lo que fue ese espíritu en el que todos cedieron; pues, para recibir, primero debemos dar y en una negociación ambas partes han de dar su brazo a torcer, y que al imponer siempre la opinión de la mayoría, es posible que las minorías acaben no encontrándose muy cómodas.

En mi familia el espíritu de la transición está presente en todos mis actos, el consenso es mi herramienta de cada día, la argamasa que nos mantiene unidos. Cuando propongo algo y los demás no están de acuerdo, lo hablamos, y después de hablarlo y hablarlo siempre conseguimos ese pacto tan necesario. Es curioso que esa unanimidad que logro coincida siempre con mi humilde y siempre acertada opinión. No sé si es gracias a mi gran poder de convicción o a que me pongo a llorar y a patalear cuando no aceptan mi propuesta. La verdad es que es bastante molesto ver y escuchar a alguien de mi edad llorar a lágrima viva.

Con mi táctica he conseguido grandes cosas para mi hogar: una tele de gran tamaño, comprar un canal para poder ver la Champions, un sillón de relax con masaje incorporado,… lo del grifo de cerveza en el salón me está costando un poquito más. En cuando perfeccione mi técnica me paso un día de estos por el despacho del alcalde y le lloro un rato, a ver si así tenemos algún concierto interesante las próximas fiestas patronales. Sospecho que va a ser ardua mi tarea, es posible que se me sequen antes los lagrimales. Lo del grifo de cerveza lo veo más sencillo.

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