La solución definitiva a los festivos locales

  • Para una vez que se ponen de acuerdo en algo la oposición y el equipo de gobierno, van y arden las redes sociales con el tema de no declarar festivo el día del patrón
Imagen de archivo del Mercadillo 2014
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13 octubre 2015

Para una vez que se ponen de acuerdo en algo la oposición y el equipo de gobierno, para una vez que no saltan chispas en el pleno municipal, para una vez que casi salen besándose, van y arden las redes sociales con el tema de no declarar festivo el día del patrón. Manda güevos, que diría un antiguo presidente del Congreso de los Diputados.

Qué felices vivían nuestros gobernantes antes de que nos vinieran a ver el internet y las redes sociales, qué despreocupados estaban los mandamases sin el quebradero del Facebook y del Twitter. Ellos decidían y el pueblo callaba durante cuatro largos años. Pero, ahora, ¡ay ahora!, la gente con más o menos gusto, con mejor o peor ortografía y con más o menos educación lanzan su opinión al ciberespacio, encendiéndolo en algunas ocasiones. Me encanta, ¿dónde está el botón para darle al “me gusta”?

Pero volviendo al tema en cuestión, el de los festivos locales, yo estoy totalmente de acuerdo con lo aprobado en el soberano pleno. En este país no estamos para desperdiciar nada, y menos fiestas. Declarar festivo un sábado, por mucho que se celebre El Salvador, es desperdiciar una fiesta, y lo digo desde el más profundo de los egoísmos, desde el punto de vista de una persona que no tiene que trabajar ningún sábado, de alguien que odia profundamente las fiestas que caen la víspera del domingo.

Que esto provoque que multitud de personas que trabajan en el comercio no puedan disfrutar de la fiesta y tengan que currar el día del patrón es algo que ni me va ni me viene, son abarcas que no me aprietan. Vivimos en una sociedad individualista y tenemos que velar por nuestros propios intereses, que se lo pregunten si no a los catalanes independentistas, paradigmas del egoísmo. Los trabajadores que pringarán ese día lo deberían ver desde el lado positivo, que lo hay, pues en un día de las fiestas patronales, y más siendo sábado, el gasto aumenta considerablemente y el bolsillo mengua; si ese día no tienen fiesta y les toca ir a ganarse el pan, pues eso que se ahorran, tendrían que estar agradecidos. Los que deberían realmente darnos pena son nuestros políticos locales, que siempre tienen que trabajar el día del patrón, sea festivo o no lo sea, y ahí los vemos en los actos que se celebran, los primeros, dando ejemplo.

Con esta decisión el consistorio tiene contentos a los amigos del Carnaval y a los trabajadores del campo, tanto el año que viene como el siguiente, pues en el 2017 El Salvador caerá en domingo. No habrá polémica entre ambos colectivos durante un bienio. Es imposible contentar a todo el mundo y, al intentarlo, es probable que se meta la pata; pero dentro de tres años volverá la polémica, y no es bonito que dos colectivos anden siempre a la greña por un festivo.

Por eso yo propongo la solución definitiva que tendrá contentos a unos y a otros: festivos a la carta. ¿Que en qué consiste tan inteligente iniciativa digna de un genio?, pues muy sencillo, en vez de que sea el Ayuntamiento el que decida los dos días festivos en la localidad, que sea cada uno de los ciudadanos de la villa el que los elija; es decir, cada individuo escogería a su libre albedrío los dos días en que no iría a trabajar. Por ejemplo: el día de su cumpleaños, el de su santo, el del aniversario de boda… no, ese no, alguno tendría problemas para recordarlo, mejor el día en que ganó el Madrid la décima… Con mi sistema, los agricultores no labrarían nunca el día de San Isidro y el Miércoles de Carnaval siempre disfrutaríamos del mercadillo. No me digan que no es una idea digna de una mente privilegiada. ¡Qué fáciles son las cosas cuando se piensa un poco!

Ahora que estoy en racha voy a ver si pienso un rato más y soluciono el conflicto de Siria y de sus refugiados. Parece tener difícil arreglo, pues quienes han de hacerlo me superan en egoísmo. Esas sí que son abarcas que nos deberían apretar a todos.

Yo tengo muy claro los dos días que elegiría: el del aniversario de mi boda que es el …, no, no, el cumpleaños de mi mujer que es el …, o cuando ganó la champions el Valencia que fue el …, ¡ah!, que nunca la ha ganado; vaya, mejor le pregunto a mi señora esposa y que sea ella la que decida. Soy egoísta, pero no tanto.

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