¡Que llega la PAEG!

  • Con cuatro días que quedan para la PAEG tengo más que suficiente para estudiar, sobre todo si no pierdo el tiempo
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09 junio 2015

Son ya las seis de la tarde, esta vez no tengo excusas: he de ponerme a estudiar. Con cuatro días que quedan para la PAEG tengo más que suficiente, sobre todo si no pierdo el tiempo, y yo no soy de esos. En estas cuatro horas que tengo hasta que a las diez venga la novia a por mí me ventilo una asignatura entera, es solo repasar. Porque eso sí, la novia es sagrada. Pero ahora toca estudiar, que llega la PAEG.

Y, ¿dónde me pongo? No sé si ir a la biblioteca. Ese sí que es un buen sitio para estudiar: se respeta el silencio y se crea un buen ambiente. Pero no, entre idas y venidas pierdo más de tres cuartos de hora, y si además me encuentro con alguien por el camino ya no te quiero ni contar. Mejor me quedo en casa, no me gusta perder el tiempo. Puedo estudiar en el salón, tengo mucha más luz que en mi habitación. No es buena idea, dentro de media hora llega mi hermana y seguro que se queda aquí con la única intención de fastidiarme. Me iré a mi habitación, ahí sí que no se atreve a entrar. Además, me pongo un poco de música en el móvil y me concentro mucho mejor. Eso voy a hacer.

Y, ¿qué música escucho? Música clásica, que es relajante. Mejor no, la última vez que estudié con ese tipo de melodía me quedé frito encima de la mesa. Algo movido será más apropiado: rock español que entiendo las letras y puedo cantarlas. ¡Pero qué digo!, si me pongo a cantar no puedo estudiar, tiene que ser algo que no me desconcentre, algo soso y sin gracia, como por ejemplo una del Pablo Alborán ese, que le gusta tanto a mi novia. Eso, me pondré su último disco entero. ¡No sé ya que estoy diciendo! Para qué voy a escuchar un tipo de música que no me gusta nada. ¿Qué hora será? Las seis y media. Sin música.

Y, ¿por qué asignatura comienzo? Por química, he sacado muy buena nota, todo un cinco con setenta y cinco, no me ha puesto un seis el profe porque me tiene manía; pero, ¿dónde habré puesto los apuntes de química?, ¿dónde leches estarán? Ya los veo en ese estante. Macho, están llenos de polvo, hace ya tiempo que no los toco. Me voy a organizar: tengo tres horas y media hasta las diez, como son catorce temas, con que me estudie dos temas cada media hora, es decir, un tema cada cuarto de hora, voy más que sobrado. ¡Cómo lo he cuadrado!, es que las matemáticas son lo mío. ¿Y si empiezo por las matemáticas? Mejor no, ya que tengo lo de química empiezo por la química. Ni siquiera sé dónde están los apuntes de mates.
Y, ¿cómo empiezo? Creo que lo más lógico es leer todo el tema para comprobar cómo lo llevo e ir anotando en un folio aquello que menos recuerde. Eso haré. ¿Dónde tengo folios?, vaya, ya no me quedan, tendré que bajar a la Librería Avenida para comprar. Son las siete menos cuarto, si lo hago en una carrera a las siete ya estoy de vuelta.

¡Vaya, son las siete y cuarto! Me he retrasado un poco. Es que me he cruzado con el pesado de Javi y me ha estado contando su vida. Que si estudiamos juntos, me ha dicho, pero le he contestado que no, que no estoy para perder el tiempo. Pero bueno, ya estoy de vuelta en casa y lo tengo todo preparado. A ver, el primer tema es “Del átomo de Bohr al modelo cuántico: importancia de la mecánica cuántica en el desarrollo de la química”, no es mal nombre para un tema de química. ¡¿Qué es ese ruido?!, es mi estómago, me rugen las tripas, menuda hambre. No es bueno estudiar con el estómago vacío, se pierde concentración. Iré a la nevera y comeré algo rápido. ¿Y si me hago un bocadillo?, así no pierdo el tiempo luego cenando. ¡Cómo pienso!, de este modo gano una media hora. Soy un hacha organizándome.

Menudo bocata de jamón y queso que me he clavado, y la cerveza, cómo estaba la cerveza, bien fresquita. Ahora sí que estoy preparado para lo que me echen. Bueno, sigamos. ¿Qué hora es?, las ocho, voy perfecto de tiempo. ¿Por dónde andaba?, ¡ah sí!, “Del átomo de Bohr al modelo cuántico: importancia de la mecánica cuántica en el desarrollo de la química”. Con el buche lleno me están entrando ganas de fumar. Me encenderé un cigarrillo antes de continuar con el estudio. Es bueno estar relajado. No quiero llenar esto de humo, saldré a la calle a fumármelo. Le diré a mi madre que si entra en mi habitación que no me toque nada, no me gustaría tener que empezar de nuevo. No quiero perder el tiempo.

Ha pasado Alberto por mi puerta y hemos estado hablando de lo dura que es la vida de estudiante, de lo responsable que hay que ser, de no buscar excusas para escaquearse, de organizarse bien. Es como yo, no le gusta perder el tiempo, si hay que estudiar, se estudia. De que me he dado cuenta ya son las ocho y media, es que estudiando se pasa el tiempo volando. Me voy para mi habitación a reanudar la tarea donde la dejé.

Vaya, tengo doscientos veinticuatro mensajes de wasap sin leer. Tendría que haber apagado el móvil. El móvil es una distracción. Lo apagaré. Pero, ahora, cómo lo voy a apagar, tendré que leerlos. Bueno, será un momento, si no lo hago no voy a estudiar tranquilo. Empezaré por los grupos que se leen más rápido, luego los de los amigos. ¡Ja, ja!, este es total, lo voy a reenviar.

Ya está, ya puedo continuar. Veamos a ver, las nueve, tengo todavía toda una hora por delante, suficiente. Me está cundiendo mucho la tarde. A ver, por dónde andaba: “Del átomo de Bohr al modelo cuántico: importancia de la mecánica cuántica en el desarrollo de la química.”, menudo coñazo de tema, ya el título tira para atrás. Me lo leo y voy apuntando lo que no recuerde bien, a ver, “Del átomo de Bohr…”, ¿quién leches sería el tal Bohr?, “…al modelo…”.

¡Mierda!, me he quedado sobado encima del puto átomo de Bohr. ¿Qué hora es? ¡Las diez menos cuarto! Se me han pasado las cuatro horas volando. La verdad es que una vez que te pones es divertido estudiar, y no te enteras del tiempo. Creo que por hoy es suficiente, tampoco es necesario machacarse el primer día. Además, enseguida va a llegar mi novia y he de arreglarme un poco.

Mañana sigo por donde lo he dejado. Me tendré que poner antes, con cuatro horas al día no es suficiente, se pasan que no te enteras y cunden poco, sobre todo si quieres hacer las cosas bien y con un orden. Mañana termino lo que me queda de química y empiezo por la lengua, de un plumazo. Vamos, esto está chupado. ¡Que tú puedes con la PAEG, hombre! Es cuestión de organizarse, y de no perder el tiempo. Sobre todo.

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