Esto se arregla fácil: ganar y ganar

  • Reflexión sobre la victoria de La Roda ante el Lucena y la derrota del Alba en Zaragoza
11 mayo 2015

No va más. A partir de aquí, La Roda C.F. tiene en sus manos mantener la categoría o caer a los infiernos. Mucho nos temíamos que podía ocurrir, perdonen la presunción, pero visto lo visto, o mejor dicho lo que estábamos viendo, aventurarnos en las dificultades clasificatorias de última hora, no es mucho mérito visionario.

Habrán deducido ustedes que si estamos hablando así es porque, claro, el equipo fue capaz de cumplir con la premisa sine qua non de vencer al Lucena, al que condenó, además, al descenso irremisible. De las circunstancias del partido y del golazo de Abel Suárez, ya les ha contado Miguel Angel Pardo. Yo me voy a limitar a la especulación que, en otros ámbitos, es una ocupación a la que se le suele sacar buen rédito. No es el caso.

Juguemos a las suposiciones, pues. Está meridianamente claro que los dos puestos de descenso que restan y el de promoción por la permanencia, son cosa de cuatro equipos nada más, porque descontamos que el Sevilla le va a ganar al Cacereño, faltaría más. Arroyo, Córdoba B, Cartagena y La Roda, son los que tienen que estar atentos a todas las combinaciones posibles. La “pena” es que el empate no resulta del todo suficiente para cartageneros y rodenses, aunque a los dos salva del descenso. Vamos a ver, si empatan y los otros dos ganan, se produciría un cuádruple empate a cuarenta y tres puntos, del que el equipo más beneficiado sería el nuestro, precisamente. La cuestión es que al Cartagena sólo le daría para jugar la promoción, con todos los riesgos que eso conlleva. Me da a mí que no van a estar por la labor. Así que, si no hay trato, no hay más remedio que dejarse la piel en el empeño y ganar en Cartagonova que, ni iba a ser la primera vez que lo hacen los rojillos, ni, por supuesto, iba a ser la única vez que pierde el Cartagena en su campo este año, lamentable para los departamentales.

Cuando nos despertemos de la siesta el domingo y echemos dos tragos del botijo para aplacar un infierno de cuerva y madalenas, recuerden que vamos de romería, nos contarán qué ha pasado. Pequeñas se nos van a quedar las andas, falta nos va a hacer la intercesión mariana. Virgencita, virgencita, no nos dejes caer.

El Alba cae en Zaragoza

El sábado, antes del evento de Cartagena, con la solanera, sin tiempo para la digestión, se juega el Alba en casa la posibilidad de certificar, o casi, una permanencia que importa mucho, como venimos avisando desde hace semanas. Viene el Deportivo Alavés recién salvado, después de su triunfo de ayer. Seguramente tal circunstancia podría influir en la manera de abordar el choque del Carlos Belmonte. Ellos vendrán tranquilos, relajados, con el objetivo cumplido. Pero no se vayan a creer, digo ustedes que están leyendo esto y, sobre todo, los futbolistas de Luis César y el propio entrenador. Tal estado de complacencia de los vitorianos, tiene su doble interpretación, como casi todo. Si no se juegan nada, que no se lo juegan, van a salir sin ninguna presión y, por lo tanto, sin esos nervios traicioneros de quien transita por la cuerda, sin una red por debajo.

Lo del sábado, la importancia de esos puntos para nosotros, viene propiciada por una derrota, ayer en Zaragoza, que aunque previsible nos ha devuelto –a algunos, por lo menos- a nuestra relación de hace meses con el cuarto de baño. En La Romareda, como en El Sadar, como en Butarque, se nos pusieron las cosas cuesta arriba demasiado pronto. Esta vez, básicamente, por la ineptitud, o si quieren lo dejamos solamente en el error, del equipo arbitral, empezando por la juez de línea que no apreció el evidente fuera de juego de Borja Bastón y siguiendo con su jefe que tenía unas ganas locas de sumarse a la fiesta zaragocista, veinte años del gol de Nayim, y pitó un penalti en una acción en la que Dorronsoro se hizo claramente con el balón.

Sorprende la facilidad con la que algunos, muchos, colegiados dirimen las dudas siempre a favor de obra. Quiten lo de obra y pongan equipo grande que juega en casa. Lo cierto es que empezamos perdiendo desde el túnel de vestuarios y así es más difícil, claro. Si a eso añadimos que, minutos más tarde, no estamos muy lucidos en un despeje, dos nuestros que saltan sin ninguno que libre, y que Gonzalo no está muy atinado en la defensa del tiro de Jaime Romero –que lo celebró como Nayim aquel día-, nos encontramos con la basílica del Pilar encima de nuestros hombros.

Vamos a dejar para otra ocasión ciertos pormenores en la recomposición del equipo y vamos a coincidir, si ustedes tienen a bien, en que la falta de puntería terminó por lastrar el intento de reacción de un equipo que, no obstante, dio la cara y mantuvo la imagen.

Créanme si les digo que lo del penalti a favor era cuestión de tiempo. Sabía el tal Areces que no lo había hecho bien al empezar y solamente era cuestión de que alguien le presentara la más mínima excusa para compensar como hacen los malos árbitros, que son casi todos. Acertó Rubén Cruz y nos creímos, yo me lo creí, que todo era posible, por muy imponente que fuera el escenario, no tanto el rival. Pero no había terminado de celebrarlo cuando me pegaron, otra vez, en el mentón y a la lona de cabeza. Igual que ellos, los jugadores.

Fue una pena, sí, pero el porrazo resultó definitivo. No hay moral que aguante ese meneo. Así que, nada, nos fuimos farfullando improperios hasta que terminó el partido, entre la decepción y la esperanza de corregir este sábado que viene. No se echen el abrigo, no va a hacer falta.

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