Una vez más: felicidades, mamá(s)

  • Antes de subirse al barco. Ya sabe hacia dónde corre el viento hoy. Sabe que tu sentido de la orientación es pésimo y por eso, te recuerda el rumbo a seguir. Que por mucho que sepas. Ella, no se olvida nunca de ti. Te quiere a morir
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03 mayo 2015

Con un gesto, le sobran las palabras y le falta mundo para quitarte todas y cada una de las dudas que te inundan la cabeza esta madrugada. O esa tarde. O esa noche. Qué más le da. Que ella te ha enseñado mundo. Te ha hecho sentirte la reina de él en ciudades plagadas de superhéroes desconocidos. Y te ha hecho creer que tú eras uno de ellos.

Desde aquel noviembre de alegrías y sufrimientos no se olvida un solo día de ti. Ni de tus malas caras. Ni de tu comida favorita una vez a la semana. Que sabes a la perfección que el almuerzo del cole lleva más alegrías que jamón.

Que cada vez que sales por la puerta de casa, ella espera tu beso de despedida y un te quiero. Da igual si vas con tus amigos. O te vas de vacaciones. O si es domingo por la tarde y la ciudad te espera sedienta por verte otra vez para afrontar otra semana más de trabajo.

Además, tiene una casa que rebosa vida. De las que echas de menos cuando duermes fuera de sus paredes, repletas de historias que jamás serán contadas. Que guardan muchos anocheceres a las espaldas. Y tienen muchos secretos escondidos.

Te ha transmitido valores que conforman una montaña rusa de sentimientos. Que el viaje va a ser duro. Pero la recompensa merecerá la pena. Que mamá tiene un corazón tan grande, que da miedo escuchar cada uno de sus latidos.

Te ha regalado a tu familia. A cada uno de ellos. Aunque viniendo de una mujer como ella, ¿cómo no iba a darte tanto? Si todo lo que te da, te lo da de lleno. Cambio días de fiesta por estar al lado de una cuna. Con la única idea de que te comieras la noche durmiendo.

Y sin darte cuenta. Ya vas a mitad de camino. Con esa mochila que llevabas cargada bajo tus hombros al subir al barco. Ahora es cuando te das cuenta de que lo que tienes dentro de la mochila es un tesoro. De los de verdad. Y los tesoros son luces que siempre nos hacen brillar en la oscuridad.

Así que deja las tonterías atrás. Que tu mochila siga llenándose de vida. Y corre a decirle a tu madre que la quieres una vez más, que a ella también le gusta escuchar estas cosas. No sabes cuánto lo desea. Además, disfrútala. Hazla reír, hoy y siempre. Que madre solo hay una. Y te quiere a morir.

A muerte. Hasta que no puedas respirar. Hasta decir basta.

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