¡Sálvese el que pueda!

  • Reflexión sobre el empate de La Roda CF ante El Palo y la derrota del Alba en Pamplona
27 abril 2015

No es tan fácil. Dejar de sufrir, digo. Seguramente es nuestro sino, voluntariamente propiciado. Es como si no tuviéramos derecho al remanso de paz de una clasificación plácida, lejos de angustias y sobresaltos.

Nos hemos pasado la temporada jugando contra todos. Los rivales del momento y los otros. En todos los campos nos jugábamos algo. Que no gane este, mejor que empaten. Por si no teníamos bastante con lo nuestro. Que digo yo, que a mí que me importa cómo haya terminado el partido del Arroyo, o el Cacereño; si ha ganado el Recre o ha empatado la Llagostera. Pues sí, nos importa y mucho.

Es tal es amontonamiento de la zona baja en el Grupo IV, que hasta el Marbella, que va duodécimo, se puede ver en apuros. Esa compresión acarrea miedo y el miedo retarda las neuronas y atenaza los músculos. No es tan importante ganar como no perder. Y así es imposible jugar bien, difícil ya de por sí.

Con esas premisas encima de la mesa, no era muy aventurado esperar un partido denso y farragoso, con mucho trasiego en la sala de máquinas y pocas ocasiones en las áreas. Cuando se pone el tajo de segar, hay que aplicarse en sacar lo mejor de cada uno, el problema es que cuando no sale a la primera, se provoca el efecto contrario. El querer y no poder. Cuando se atora la tubería hay que echar mano del desatascador. En La Roda C.F. juega un chaval que vino de El Palo precisamente, que se llama Javilillo y que tiene, o mejor tenía, todas las condiciones para tal desempeño. Lástima que no se pueda contar con él; lástima sus ausencias, sus dolencias, que han privado al equipo de su valor más diferenciador. Ayer salió para volver a lesionarse. Con la falta que nos hace.

Quedan tres finales, disculpen el topicazo. Ya no caben medias tintas, de los nueve puntos hay que conseguir cuatro mínimo y ni así tendríamos el objetivo asegurado. El calendario restante está repleto de duelos directos por la parte de abajo. El que se descuide se cae y no va a tener tiempo para levantarse. Urgen los puntos, pero ya. No deberíamos llegar a Cartagena con nada en juego, o por lo menos ellos no se deberían jugar nada. Y me temo que sí.

El Alba cae en Pamplona

El Alba salió a El Sadar sin demasiada tensión. Osasuna llevaba doce jornadas sin ganar, no iba a dar la casualidad de que fuera con nosotros el partido de la resurrección, verdad? Pues sí, suele ocurrir. O mejor dicho, suele ocurrirnos.

Ni nos habíamos sentado cuando llegó el tal Oier y aplicó un zapatazo en el centro del esférico, de manera que lo desplazó a la velocidad de un obús y justamente por en medio del portero nuestro y su palo derecho, sin posibilidad de reacción a pesar de la lejanía del disparo. Antes de empezar casi, ya íbamos perdiendo. Pues vaya.

Con el gol, los rojillos de Pamplona se lo tomaron con más calma. Ya no urgía tanto intimidar a un rival que pareció salir ya asustado desde el vestuario. A esperar en medio campo y a aprovechar la velocidad y la astucia de Sisi y Nino. Por cierto, vaya mosca cojonera el paisano. El equipo de Luis César se fue recomponiendo poco a poco del sopapo inicial porque el rival le dio la tregua suficiente.

Tras el descanso, con la cartilla leída, salieron los de blanco a demostrar a la parroquia que lo del primer tiempo había sido un accidente y que allí estaban ellos para demostrar que por algo son de lo mejorcito de esta segunda vuelta. Aplicados en lo que mejor saben hacer, tener la pelota, fueron metiendo al rival cada vez más cerca de su portero. Y empezaron a llegar las ocasiones. La madre de todas ellas la tuvo Samu después de una magnífica jugada por la derecha, el balón rasito al punto de penalti, se abre Portu de piernas y va el belmonteño y se la manda a un primo suyo de los Indar Gorri, ante el regocijo de los seguidores locales y la desesperación de todos los demás. Otra que duerme el sueño de los justos, allá en el limbo.

La perseverancia y la convicción de los chavales propició que, minutos más tarde, esta vez por la izquierda, llegara Paredes y metiera un platanito perfecto a la cabeza de Portu, nuestro llegador por antonomasia, que giró el cuello lo justo para mandarla a las mallas de Asier Riesgo. Se lo estaban mereciendo, joder.

Y así, con el Alba proponiendo y Osasuna a verlas venir, llegó lo que no queríamos. Encima cuando estábamos ya en la última recta y el empate nos estaba sabiendo a gloria. Otro rival más en la cuneta. Pero no, de nuevo otra jugada de esas que no atinamos a mandarla a tomar viento, segundas y terceras opciones, tantas que Raúl Loé que, hasta ahora, había metido un gol o ninguno, se la encontró a medio metro de la línea y la metió para dentro. Cuando llegó Dorronsoro estaban sacando de centro.

La cuestión entonces es que ya no había tiempo para venirse arriba y el poco que quedaba, unos cinco minutos, lo pasamos estirando las piernas de los jugadores navarros esparcidos por la hierba. En la última del partido, con el tiempo vencido, después de que el colegiado mostrara la tarjeta roja a un chaval excesivamente revolucionado, de nombre Berenguer, falta que íbamos a colgar buscando el milagro, va el tal De la Fuente, que no debe ser primo de Gonzalo, y pita el final.

Ahora lo que toca –lo de Pamplona ya no tiene remedio, claro- es aplicarse en el partido del próximo domingo. Jugadores y afición. He visto el vídeo de Nenad Bjeliça y me ha entrado un ataque de nostalgia y unas ganas enormes de volver a tocar el cielo. De momento vamos a evitar el infierno.

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