¡Guarros!

  • Esta Semana Santa me he dado alguna que otra vueltecita con la bici por nuestro Júcar; sí, ese río que recorre parte de nuestro término municipal y del que no disfrutamos tanto como debiéramos
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07 abril 2015

Esta Semana Santa me he dado alguna que otra vueltecita con la bici por nuestro Júcar; sí, ese río que recorre parte de nuestro término municipal y del que no disfrutamos tanto como debiéramos.

Me he sorprendido bastante con lo limpias y aseadas que son algunas de las personas que lo visitan, y lo ordenadas, sobre todo ordenadas, eso no lo podemos negar. No hay nada más que pasearse por la ribera de este nuestro río, desde el Recodo Bello hasta Quitapellejos, en el puente de madera, por poner un ejemplo, para observar cómo la gente que es asidua a este paraje, ávida de naturaleza, deja la mierda por todos los árboles, bien colocadita, con su bolsita, bien atadita, para que luego, a saber quién, se pase por allí a recolectar la porquería que han abandonado. Lo que se dice civismo en estado puro.

Luego, por la noche, como de todos es bien sabido, el camión de la basura transita el camino que bordea el Júcar y va recolectando las bolsitas de cochinería que estos ordenados ciudadanos han dispuesto conveniente a lo largo del recorrido, para facilitar la labor. ¡Qué personas más colaboradoras!

Estoy convencido de que esta gente hace lo mismo en su casa, de que es tan ordenada en su hogar y deja bien alineadas las bolsitas de caquita en las sillas de su salón, esperando inútilmente que luego los encargados de su recogida se pasen por allí a retirarlas.

Y lo más seguro es que estos ciudadanos que obran así en plena naturaleza son los mismo que repiten visita una y otra vez a uno de los parajes más hermosos de la comarca, y cuando vuelven, por lo visto, lo que más les gusta es estar rodeados de la porquería que ellos mismos han abandonado, porque si no no se entiende. Siempre se ha dicho que debemos dejar las cosas y lugares tal y como nos gustaría encontrarlos, y a los cerdos les gustan las pocilgas. Aunque los cerdos tienen una disculpa: son animales; los que abandonan los desperdicios por el campo no lo son, bueno, sí. Con perdón para los pobres animales.

Me ha gustado el grafiti que ilustra este artículo y que adorna una de las derruidas paredes de una casa cercana al puente de madera. Por lo general, no soy partidario de este tipo de pintadas, sobre todo cuando se realizan sin arte ni sentido, más por vandalismo que por otro motivo, aunque según en qué lugares y circunstancias son apropiados, y en esta lo es. Sobre todo si sirve de aviso a todos aquellos que dejan allí las bolsas de basura con la inútil esperanza de que alguien las recoja. A lo mejor es simple ignorancia y realmente piensan que existe un servicio de recogida de desperdicios en el lugar.

Pero me temo que además de incívicos no sepan leer y, ahora que ya entramos en días más soleados y con temperaturas más adecuadas para disfrutar de las salidas al campo, sigan añadiendo mierda a la mierda y comportándose como lo que demuestran ser con su actitud: unos cerdos, puercos, marranos, cochinos y gorrinos; es decir, unos guarros.

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