¡¡¡Despedidos!!!

  • Apenas un mes después de empezar a trabajar va la empresa y plantea un expediente de regulación de empleo y despide a casi la mitad de la plantilla
Foto: Nacho
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17 marzo 2015

Hace solo un mes estaba como unas castañuelas de contento. Había encontrado trabajo, y trabajo de lo mío. Con lo difícil que es hacerte con un curro de lo tuyo, de lo que has estudiado, de lo que te gusta, en los tiempos que corren. Y ahora, un mes después, va y plantea la empresa un expediente de regulación de empleo y casi la mitad de la plantilla vamos a ser despedidos. Indignante.

Ante esta incertidumbre de no saber quiénes serán los despedidos, mis compañeros y yo estamos muy preocupados. Por lo visto, la gente se ha cabreado mucho con nuestro trabajo, no lo entienden, no lo valoran. Nosotros estamos para proteger a la población, para que se sienta más segura mientras que pasea por su pueblo. Que el más poderoso no se imponga al más débil. Que el pez grande no se coma al chico. Y en mi humilde opinión realizamos muy bien y con honestidad nuestra función.

Por eso me resulta incomprensible que se haya levantado todo este revuelo en La Roda, que la gente se haya mosqueado con nuestra actuación. Nos consideran más un estorbo que algo útil y necesario. En otros lugares donde he trabajado no he tenido este injusto problema. Han entendido nuestra labor y nos han respetado. Yo me tomo muy en serio mi tarea y que no me valoren provoca que lleve unos días cabizbajo, sin muchas ganas de ir al trabajo. Y ahora, además, nos quieren echar a la calle, aunque debido a mi tipo de trabajo esto no deja de ser una ironía, pues la calle es donde desarrollo día a día mi eficaz función.

Esta mañana nos han estado visitando unos señores de traje que han empezado a tomar medidas por todos los lados. Discutían entre ellos sobre quién era el responsable de lo ocurrido. Se echaban las culpas mutuamente. Ha habido un momento en el que se me han quedado mirando un rato con una cara que no me ha gustado nada. He hecho como que no me daba cuenta. Creo que voy a ser uno de los despedidos. Me lo temo.
Y la culpa de lo que ocurre no es nuestra, precisamente. El otro día, sin ir más lejos, un vehículo se abalanzó sobre mí y me echó al suelo, a mí y a varios compañeros de trabajo. Uno de mis colegas acabó bastante mal, con varias fracturas. Nosotros estábamos allí, en nuestro puesto, realizando nuestra labor. Fue el vehículo el culpable de todo.

Estamos orgullosos de lo que hacemos. Pero el momento que más nos emocionó a todos, en el que demostramos nuestro verdadero poder, fue cuando dos camiones intentaron pasar a la vez por nuestra posición, y ahí estábamos inmóviles, firmes, impasible el ademán, protegiendo el lugar, tanto es así que uno de los vehículos tuvo que recular. Nos miramos eufóricos. Alguien hizo una foto inmortalizando el momento y esbozamos nuestra mejor sonrisa, salimos en algunos medios locales. Era un triunfo: el pez chico se había merendado al grande. Pero una victoria pírrica, porque esa batalla ganada, precisamente, ha sido nuestra perdición.

He nacido para hacer mi trabajo y seguiré en él mientras que las fuerzas me lo permitan, en la calle Cervantes o en cualquier otro lugar donde me ubiquen. Mi padre y mi abuelo me precedieron. Moriré siendo lo que soy, ya sea derribado por un vehículo o de puro viejo con cientos de abolladuras y desconchones. Y siempre orgulloso, orgulloso de ser un humilde, práctico y sencillo bolardo.

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