Poner la mesa, poner un parque

  • El parque Adolfo Suárez, que casi estamos estrenando todavía, ya ha tenido que pasar por chapa y pintura
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05 marzo 2015

Para poner la mesa no hace falta mucha planificación pero para gestionar obras públicas sí. Me explico: uno quita el pañito de ganchillo, abre la mesa camilla para hacerla más grande, pone el hule, platos, vasos, cubiertos y servilletas, la jarra del agua, la cesta del pan, y si concluida la faena no convence la disposición de los elementos para el yantar, se puede retroceder incluso hasta el paso tres, el del hule, para cambiarlo por un mantel de tela, sin más perjuicio que el de perder tres minutos de tiempo, y eso que habría que colocar otra vez todo el menaje. Por eso no hace falta planificación.

Pero la cosa cambia si en vez de la mesa lo que se pone es una glorieta a la entrada del pueblo, o una fuente en todo el centro, o se remodela una calle, o se arrasa un parque para sustituirlo por otro: aquí si, pongamos, queda la glorieta torcida, o la fuente queda fea y encima se agrieta como un melón maduro, puro azúcar, o la calle queda tan estrecha que no pueden pasar dos camiones a la vez, o el parque nuevo queda más como era que como parque, si pasa eso, entonces no se puede volver al paso tres y cambiar el hule por el mantel. Por eso lo de planificar, que no sé si vendrá de mirar en plano pero que en cualquier caso va de pensarlo mucho antes de ejecutar, de hacer estudios preliminares, de barajar opciones, de consultar con expertos para prever cómo lo que ahora es solo plano va a quedar en el mundo real, el de las tres dimensiones.

camiones_calle_cervantes

Tiene pinta de que esto no es el fuerte de los que nos gobiernan, lo de prever cómo van a quedar las obras nuevas, lo de anticipar la realidad sobre plano. Qué vamos a decir de la glorieta de la Renault o de la mítica fuente de La Miliaria, o de la última, la nueva calle Cervantes, de cintura estrecha como Victoria Beckham. Vamos a decir de la penúltima: el albero dorado del parque Adolfo Suárez. Se ve que en la planificación no salió que a lo mejor no era la mejor arena para drenar. Por eso ahora lo han sustituido por arena de molino. Un parque que casi estamos estrenando todavía ya anda en chapa y pintura. El concejal del ramo apunta en Teleroda a “las condiciones climáticas”, a las “lluvias sucesivas”, sin mojarse del todo, como causante del fiasco del albero que no drena. El tiempo de La Roda, tan inescrutable siempre, que también se llevó por delante la mítica fuente pared de La Miliaria en apenas un lustro y que se comió como un cáncer a la de toda la vida de la Plaza Mayor. El tiempo de La Roda y su atmósfera, tan desconocidos ellos como el tiempo y la atmósfera de Marte, que hacen imposible planificar, prever, pensar antes de ejecutar.

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