Celia Villalobos, la multitareas

  • No entiendo el motivo de tanto escándalo solo porque Celia Villalobos estuviera jugando con nuestra “tablet” mientras que su jefe de filas lanzaba su discurso en la tribuna de oradores del Congreso de los Diputados sobre lo bien que va el país
03 marzo 2015

No sé de qué nos extrañamos y el motivo de tanto escándalo solo porque Celia Villalobos estuviera jugando con nuestra “tablet” mientras que su jefe de filas lanzaba su discurso en la tribuna de oradores del Congreso de los Diputados sobre lo bien que va el país, lo guapo y alto que es y lo bien que le sienta la barba. Lo extraño es que hubiera permanecido atenta a la verborrea de su líder. Vale, también es verdad que en ese momento hacía las veces de presidenta del Congreso, que debería haber estado vigilante, para reprimirle cualquier salida de tono en su discurso, como sí que hizo con la oposición, pero era su jefe quien hablaba, y los jefes nunca dicen nada reprochable, para qué prestar atención, mejor darle uso al iPad.

Se queja la gente de que los escaños del hemiciclo suelen estar vacíos, pero es que pretendemos no solo que los señores diputados estén sentaditos sino que además queremos que presten atención a lo que balbucean los oradores. Somos unos torturadores despreciables. O una cosa o la otra. Nuestros representantes argumentan que cuando no están en el Congreso pues están en sus despachos, trabajando por el país, preparando ponencias, nuevas leyes, jugando al Candy Crush.

O no nos acordamos nosotros de cuando el peñazo del profesor de sociales se ponía a explicar la revolución francesa y empezábamos a dibujar con el boli figuras sin sentido para así evitar el sopor que provocaba, o a escribir notitas para lanzárselas a los colegas, o a transformar el bic en una cerbatana para así atinar en el cogote al compañero de delante. La suerte que tienen ahora nuestros representantes es que tienen iPad y existe el Candy Crush o el Frozen, que es a lo que al parecer jugaba nuestra representante política.

Además, los periodistas pretenden sacarle algún discurso de reproche a sus compañeros de partido, mira que son ingenuos estos gacetilleros. En primer lugar no se puede recriminar algo que uno mismo también realiza y, en segundo lugar, como ya justificó una colega de la vicepresidenta primera del Congreso, se pueden realizar dos tareas al mismo tiempo. No lo dudo. Yo a la vez que escribo estas tontadas semanales estoy doblando la ropa, haciendo la lista de la compra y corrigiéndole los deberes a mi hijo. Precisamente mi hijo me acaba de preguntar que cuándo se tildan las palabras llanas y le he dicho sin pestañear que una docena de huevos a la vez que le doblaba los deberes de lengua. Voy para diputado.

Mención aparte es la injusticia que estos días se está cometiendo con mi alcaldesa de nacimiento, en mi Valencia natal. Se le traba un poco la lengua, suelta un discurso en un nuevo idioma y en vez de llamarla innovadora y adalid de la creación, se llenan las redes sociales con mofas y burlas hacia su excelsa persona. Qué falta de respeto hacia una señora, Rita Barberá, que hace poco fue postulada para ministra. Pue eso. Y hacia la señora Celia Villalobos, que ella sí que fue ministra. Pues eso.

Quién de nosotros no se ha puesto a consultar el móvil mientras que su pareja le contaba lo acontecido en el día, quién de nosotros no ha mirado el partido de fútbol de reojo mientras que su hijo le contaba la última pelea que había tenido con su hermano, quién, presidiendo el Congreso, no se ha puesto a doblar la ropa recién salida de la secadora. Quien esté libre de pecado que tire el primer iPad. El mío acaba de salir por la ventana, junto con unos calzoncillos que estaba doblando.

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