Podemos: de inteligentes a listos

  • La declaración complementaria a Hacienda de Juan Carlos Monedero deja tan en evidencia a él como a su partido
Foto: Sergio Enríquez-Nistal
12 febrero 2015

Acostumbrado a creerme Einstein cada vez que oía hablar a un político, el desembarco en Normandía de Podemos me devolvió a un muy feliz sentimiento de inferioridad, el que siempre debimos tener respecto a quienes nos gobiernan: ellos, clase superior de mentes privilegiadas que guía por el buen camino al resto de los mortales, con sus carreras, sus idiomas, sus lecturas, sus viajes, su labia, su frescura. Y encima estos cerebrines venían de serie con una obsesión enfermiza por la honradez. Podemos como la paloma que vuelve con la rama de olivo en el pico al desesperado arca de Noé, si se me perdona la pedantería.

En aquel nuevo amanecer, en aquella segunda oportunidad que nos concedió Yahvé no hace ni un año, uno se esforzaba por estar a la altura; así, cuando desayunaba cereales por la mañana me preguntaba si desayunar cereales sería ser casta, si al celebrar los goles de Messi no estaría legitimando el fraude fiscal, si peinándome con la raya a un lado no estaría haciéndole el juego a Aznar. Construir un nuevo mundo casi desde cero era tan apasionante como duro, porque había mucho que aprender, y ya se sabe que cuanto más se aprende, cuanto más se sabe, más libre es uno pero también más desgraciado, porque saber raspa y en la ignorancia se flota. Ejemplo, El rey león. El profesor Juan Carlos Monedero nos descubrió en este nuevo mundo que El rey león de Disney inoculaba en la mente de los niños un poderoso e injusto mensaje imperialista. Como toda precaución es poca, los CDs de los Cantajuegos desaparecieron de la habitación de mi sobrina, que lo mismo cuando cantaban “Soy una taza, soy una tetera”, en las tiernas circunvoluciones cerebrales de mi sobrina se estaba grabando a fuego la idea de que hay que bombardear más a menudo la franja de Gaza.

Y en esto llegó, cuando andábamos ya más tranquilos, cuando nos aseguraron que podríamos seguir limpiándonos el culo con papel sin por ello ser casta, la declaración complementaria a Hacienda de Monedero, que no hubiera tenido más importancia si con ella hubiera llegado también su expulsión de Podemos. El problema es que la declaración complementaria a Hacienda, que siempre es cosa turbia, vino acompañada de un comunicado del partido defendiendo y justificando al declarador complementador, y aquí los cerebritos de Podemos corrompieron su envidiables inteligencias y preparaciones para hacerse los listos, pronunciado ‘listos’ con mucho énfasis en la ‘s’, y cuando uno va de listo de alguna manera está presuponiendo que el otro es tonto, un poco, al menos. Y si de algo estamos cansados y sabemos es de que nos tomen por tontos.

Y casi sin solución de continuidad llegaron a la portada de El Mundo las cuentas bancarias de Monedero, que han escandalizado por su volumen y no por su tipo. A la gente se le han ido los ojos a la cifra de 700.000 euros; a mí, a que alrededor de 500.000 euros, según las informaciones de El Mundo, estaban repartidos en dos fondos de inversión. O sea: el hombre que adivina un contubernio islamófobo en El rey león, que huele la casta hasta en las verdes praderas alpinas donde Heidi corre descalza con Niebla, ese hombre pone de forma voluntaria y con ánimo de lucro medio millón de euros para que feroces especuladores capitalistas especulen con su dinero en la selva salvaje del capitalismo: no me jodas, Monedero.

“Las cuestiones estéticas las tendrá que valorar el conjunto de ciudadanos”, dijo a propósito de los saldos bancarios de Monedero un portavoz de Podemos, que es como decir que los gobiernos de Francisco Camps en Valencia o de Esperanza Aguirre en Madrid fueron la hostia de estéticos, porque sus mayorías absolutas se rompían por las costuras.

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