Tendremos que aprender de nuestros abuelos

  • La mayoría consumimos sin preguntarnos qué consecuencias tiene esto para el planeta
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11 febrero 2015

Hay gente que anhela el último Iphone, tener la última pantalla plana del mercado o comprar unos zapatos nuevos cada mes. La mayoría consumimos sin preguntarnos qué consecuencias tiene esto para el planeta. Pero, si reflexionáramos un poco sobre ello, ¿qué nos encontraríamos detrás del sistema hiperconsumista en el que vivimos? Si nos paramos a analizarlo, vemos que dicho sistema consta de varios pasos, a las cuales les voy a dedicar unas palabras en este artículo:

El primer paso en la fabricación de todo tipo de bienes es la extracción de materias primas. Lo conseguimos talando árboles, perforando montañas, contaminando el medio ambiente y matando con todo ello a los animales. Hay un problema, y es que los recursos del planeta son finitos y estamos agotando su capacidad a marchas forzadas. Además, cuando un país desarrollado acaba con sus recursos naturales, se va a otro país a explotar los suyos. Así, los países tercermundistas que no disponen de los medios necesarios para extraer sus propias materias ven impotentes como otros destrozan su medio ambiente obteniéndolas y encima se llevan los beneficios.

El segundo paso es la producción. Todos estos materiales extraídos se mezclan en las fábricas con infinidad de productos tóxicos. Así, nuestras vidas están rodeadas de todo tipo de artículos insalubres, desde los móviles a las prendas de vestir. Además, esos tóxicos se encuentran también en los alimentos, por lo que acaban en nuestro cuerpo. Los recién nacidos empiezan a ingerirlos desde el principio de su vida a través de la leche materna.

El tercer paso es la distribución. Este paso hace referencia a la venta de todas estas porquerías contaminadas al precio más bajo posible, para que no paremos de comprar. Con todo el proceso que lleva detrás cada artículo fabricado, como la extracción, la fabricación, el transporte de materiales o los salarios de las personas que trabajan en cada fase, ¿cómo es posible que podamos comprar, por ejemplo, una radio que viene de China por tan solo cinco euros? Muy fácil, porque a los empleados se les paga lo mínimo posible y se les recorta en derechos sociales siempre que se puede. Para los empresarios, estos recortes significan más ganancias.

El cuarto paso es el consumo. Nos hemos convertido en voraces consumidores. Se juzga a las personas no por lo que son si no por lo que tienen. Aquí entra en juego la publicidad, que se encarga de decirnos que si no tenemos la última videoconsola o el peinado de Cristiano Ronaldo no estamos integrados en la sociedad, recalcando que podemos arreglar esa situación saliendo a comprar.

El último paso es la deposición. Dicen los estudios que más del 90% de las cosas que compramos acaban en la basura en menos de seis meses. Además, cada vez cambiamos nuestros artículos con mayor rapidez, ya que se fabrican para durar menos. Todos los tóxicos acaban entonces en la tierra o en el aire si son incinerados. Por si todo esto fuera poco, dicen los estudios que hoy en día somos más infelices que nunca. Sin duda, tiene que ver con que hay mucha gente que pasa la mayor parte de su vida trabajando para tener dinero para consumir y fabricando todos estos productos tóxicos, sin poder dedicar el tiempo a lo que realmente la haría feliz, como puede ser la familia, los amigos, las aficiones, etc.

Está claro que este sistema está en crisis. Es una utopía pensar que nuestro planeta puede aguantar eternamente este ritmo de devastación. Tendremos que reflexionar y apostar por otro tipo de modelos que apuesten por procesos que aseguren la sustentabilidad y la equidad, el consumo consciente, los derechos laborales y sociales, la defensa del medio ambiente, las energías renovables, etc. Como dice Pepe Mujica, tendremos que aprender de nuestras abuelas y abuelos, que nos enseñaron que con una navaja nos podemos afeitar cuatro generaciones.

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