En noches como estas

  • Si cuando viví sin calefacción el frío me despertaba siempre antes que la alarma del reloj, cómo tendrá que ser lo de dormir en la calle
Etiquetas:
05 febrero 2015

Eché un par de años de estudiante en un piso sin calefacción. Teníamos aparatos de aire caliente, pero cualquiera dejaba eso tirando toda la noche, así que había que fiarlo todo al pijama y a dos mantas dobladas, para que fueran cuatro. El sueño se cogía bien pero el frío me despertaba siempre antes que la alarma del reloj. Cómo cojones tenía que ser lo de dormir en un cajero o en el hueco de un portal, entonces.

Años después, de camino al trabajo pasaba todas las mañanas por un Zara. En el hueco de la salida de emergencia del Zara había atravesada una caja de cartón y por fuera de la caja, dando a la calle, unos mocasines y, dentro de cada zapato, unos calcetines de ejecutivo, me acuerdo como si fuera ayer que eran de ejecutivo. Ver aquello a primera hora de la mañana dolía porque la respiración hacía vaho, y detrás de esa caja de cartón tenía que haber una persona más helada que una llave, la persona dueña de esos mocasines y de esos calcetines que dejaba fuera de la caja, como hacemos nosotros cuando colocamos las zapatillas en el poyete de la ventana o las sacamos a la terraza para que no atufen la habitación.

Lo cojonudo del asunto es que yo vivía solo a cincuenta metros de ese desgraciado que dormía en el hueco de la salida de emergencia del Zara, yo vivía solo con dos habitaciones vacías que estaban calientes las veinticuatro horas del día porque la calefacción era central y no se apagaba nunca (además, no se podían cerrar los radiadores). Así que ahí estaban los dos colchones de mi casa y las estanterías y los armarios durmiendo calientes cada noche y aquel desgraciado sobreviviendo al frío en una caja de cartón, a un escupitajo de mis habitaciones vacías. No había mañana de invierno que no pensara esto de camino al curro, y en lo hijos de puta que somos, y en lo fácil que es sentir pena y lo difícil que es mover un dedo por los demás. Entonces una mañana de esas se me ocurrió que si la omisión de socorro es un delito, tener dos habitaciones vacías con un tío al lado de casa durmiendo en la calle con el frío negro del invierno tendría que ser considerado algo parecido a la omisión de socorro, un delito.

Han pasado cinco o seis años de aquello y la idea me viene a la cabeza en noches de hielo como estas, y no me parece ninguna gilipollez. Y más ahora que no tengo habitaciones vacías.

Comparte con tus amigos










Enviar