Traspaso de farolillo

  • Reflexión sobre la derrota de La Roda CF ante el filial del Betis y la victoria del Alba ante el Tenerife
02 febrero 2015

Pues vaya. Ahora que nos creíamos redimidos de la vergüenza de ser los últimos de la tabla, nos ha durado la alegría poco más de veinte horas. Ocurre que ha cambiado el titular de tan deshonrosa virtud, pero seguimos estigmatizados. Antes los de blanco, ahora los rojillos, seguimos portando el farolillo. Por detrás, ni el coche escoba.

Pero vamos por partes. El sábado acudimos al Belmonte pertrechados frente al viento que, cuando sopla de esa manera, por aquí lo llamamos airetón. Ganas nos dieron de quedarnos a verlo por la tele, que no es lo mismo que estar de cuerpo presente, salva sea su fúnebre acepción, que lo que hicimos fue hacernos notar y apretar un poquito a ver si asustábamos del todo a un Tenerife ya sorprendido por un clima al que no están acostumbrados, ni falta que les hace.

Entre el viento, el frío, las bajas y la poquita fe, los de Álvaro Cervera comparecieron como víctimas propiciatorias, muy lejos de la consistencia que ha de mostrar aquel que se está jugando la poca credibilidad que le queda. Aun así, y para no romper del todo con lo que viene siendo nuestro puñetero sino, a la primera que llegan nos la enchufan con una facilidad pasmosa. A remar. Otra vez.

Antes de que acertaran ellos ya pudimos haberlo hecho nosotros, pero el gafe que parecía perseguir a Rafa Chumbi, se encargó de estrellar el lanzamiento de un penalti contra el larguero de Dani Hernández, portero tinerfeño más largo que un día sin pan. Mala leche, que se cebe la suerte de esa manera con el chaval. Eso es lo que pensamos de momento, sin saber, claro, que la diosa le tenía preparado el resarcimiento minutos después. Córner desde la derecha, buen cabezazo de Paredes y ahí estaba él, en el segundo palo, para meterla no sabemos bien con qué. No quedó ahí la cosa. Ya en la segunda parte, otro centro desde la banda diestra y esta vez sí sabemos que fue con la testa. Dos a uno y pasamos todos de la tristeza al júbilo en un pispás. Chumbi también.

Se había conseguido lo más complicado. Voltear un marcador adverso cuando no se anda muy sobrado de moral, no es cosa de pasar por alto. Ahora había que intentar conseguir la renta suficiente como para no terminar ahogados en nuestra propia angustia. Otra vez por la banda derecha, otra vez en segunda jugada después de un balón parado. En esta ocasión el centro fue de Antoñito y el cabezazo de Pulido, imposible para el cancerbero. Uf, qué alivio!! Quedaba un rato pero no nos daba mucho miedo el Tenerife, tierno como el Día de la Madre.

Sí, y un pijo. Ya nos encargaríamos nosotros, bueno ellos, los que se visten de corto, de complicarnos la vida. Otro balón parado, después de una falta dudosa, va a caer a los pies de un futbolista solo como la una que, encima, paró y templó como no habíamos visto desde hace tiempo. El chaval dibujó una parábola por encima de la cabeza de Dorronsoro digna de un cuadro de los de colgar en los museos del fútbol. Ale, a penar un poquito, qué os habíais creído, insensatos. Tanto, tanto llegamos a penar que si nos descuidamos nos quedamos con la pena de otro resultado fallido. Resulta que llegó uno de ellos a la espalda de nuestra defensa y la metió entre los tres palos y resulta también que al juez de línea le debió entrar una carbonilla en el ojo, como al del partido de la Ponferradina, ¿se acuerdan?, o como al del Sardinero, más reciente, y lo que entonces resultó ser en contra nuestra, el sábado fue, afortunadamente, a favor, porque llegó el tío y les anuló el gol del empate a tres.

No hubiera sido nada justo, el fútbol muchas veces no lo es, porque el Alba fue bastante superior a su rival insular. Aun así, que a nadie se le escape que volvimos a encajar dos goles, o tres, para ser más exactos y que esta sangría hay que cortarla inmediatamente. No todos los partidos vamos a meter tres, ¿a que no?

La Roda, farolillo rojo

Y llega el domingo y nos dejamos los ojos frente al ordenador, viendo un partido feo por lo que apreciábamos y por lo que intuíamos, que hay que joderse que difícil era muchas veces ver por donde transitaba el balón. Vimos, no obstante, la tarjeta roja blandida en las narices de Marcos Mauro y sospechamos que, a partir, de esa jugada se podían cambiar las tornas y la esperanza que nos llegó con el gol de Fran Piera. Tardaron un minuto en confirmarnos nuestros malos augurios, justo el tiempo que tardó el tal Alex Alegría, en llenar de tristeza nuestro horizonte. Con uno menos, perdiendo y frente a un rival que, a pesar de su última racha, está haciendo una gran campaña, el objetivo se cifró en aguantar la mínima diferencia y dejar transcurrir los minutos a ver si caía la breva. Lo que cayó, era lo más probable, fue otro gol verdiblanco que sepultó definitivamente nuestras tibias ilusiones.

Así que nada, que dejamos un farolillo y cogimos otro, eso es lo evidente, lo incontestable. Pero como todo hay que relativizarlo, nos vamos a quedar con la igualdad tan tremenda que jalona al grupo cuarto de la segunda be. Desde mitad de la tabla hasta donde estamos nosotros, allí abajo, hay diez equipos en cinco puntos. Se puede remontar y lo vamos a hacer; lástima que nuestro huésped de la próxima jornada sea uno de los gallitos, el Real Jaén. Pero si yo me tuviera que apostar algo, apostaría a favor del equipo rojillo. Algunas veces acierto.

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