Ya tenemos bolera en el pueblo

  • Lo que más me ha gustado de la reforma de Cervantes es la nueva bolera que nos han colocado en plena calle
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27 enero 2015

Más bonita que antes de la reforma ha quedado la calle Cervantes, eso no me lo puede negar nadie. La desaparición del paso elevado que afeaba la zona le ha dado otro aspecto a la calle, ganando también en accesibilidad. Un diez en este sentido al Ayuntamiento y a la Diputación; rectifico, mejor un ocho raspado, no quiero que se les suba a la cabeza. Es curioso que desde que está en el cargo Constantino Berruga, la Diputación está siendo más generosa con nuestro pueblo, o eso me parece a mí. Estas cosas no deberían funcionar así.

Aunque lo que más me ha gustado de la reforma es la nueva bolera que nos han colocado en plena calle. Qué buena idea han tenido los ingenieros, qué nuevo divertimento nos han regalado a los rodenses. Esos bolardos que han plantado al principio y, sobre todo, al final de la vía decoran bastante, pero cuando un camión te viene de cara, el culo se te encoje, la calle se estrecha en tu cabeza y solo se me ocurren dos cosas: desaparecer, lo que todavía no es posible según las leyes de la física, o lanzarme a hacer un pleno de bolardos. Podemos empezar a hacer apuestas a ver cuándo derriban el primero, que no será el único. El Ayuntamiento debería hacer un concurso premiando a aquel coche que termine el año sin tumbar ninguno, o al que realice un pleno de una sola tacada. El lado bueno es que ya no necesitamos ir a Albacete para jugar a los bolos y que los talleres de chapa y pintura se están frotando las manos.

Es verdad que la estrechez de la calle es imposible de arreglar; bueno, imposible, imposible no. Derribando las casas y retranqueándose un poquito podría lucir un bulevar mucho más chulo que el Ramón y Cajal y el paseo de la Estación juntos, pero estoy casi convencido de que a los propietarios de los inmuebles no les haría mucha gracia, aunque se les avisara con tiempo para que evacuaran la vivienda. Tampoco hay que ser bestias y hundirlas con humanos dentro, no quedaría muy bonito.

Ya sé que los bolardos no están por estética, tienen su finalidad. Si un camión, esperemos que no ocurra nunca, se desvía de su estrecha ruta, el bolardo detiene fácilmente su trayectoria e impide que el inocente peatón que transita plácidamente por la estrecha acera sufra daño alguno. Pues va a ser que no veo yo a un triste bolardo haciendo de cancerbero, al estilo del mejor Casillas, y parando a todo un camión de veinte toneladas.

Tan estrecha es la calle, que han tenido que instalar un semáforo en la tienda de electrodomésticos que se ubica en el inicio de la calle, y el que se halla a la altura de la panadería ha abandonado el permanente ámbar para alternarse con el molesto rojo, lo que estos días ha provocado más de un susto en forma de inesperado frenazo. Al parecer, este nuevo sistema de semáforos está diseñado para que no se junten dos coches a esa altura, pues según dicen los entendidos no hay espacio suficiente, no te digo nada si se trata de un par de camiones de los gordos.

Como lo de la idea de derribar los edificios no va a ser bien recibida y supondrían un enorme gasto, tengamos cuidado al transitar por tan concurrida calle, ya sea de peatón o de conductor, y si viene un camión de frente pongámonos a rezar, ya que, como diría aquella vecina de un pueblo conquense cuando retiraron las urgencias en su localidad, como te pille despistado no te vale el santolio y tienes muchas papeletas para roscarla.

No sé dónde diablos estará ubicada la fábrica que nos suministra tan prácticos y estéticos bolardos. No es para felicitarles el año nuevo, es por adquirir unas cuantas acciones de la empresa, ya os digo yo que se van a hacer de oro vendiéndole bolardos al Ayuntamiento. Aunque esperemos que los siga sufragando la Diputación, para eso tenemos allí a todo un vicepresidente, que se según se cuenta y se rumorea es muy pero que muy amigo del concejal de hacienda de nuestro consistorio. Eso dicen.

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