Un autónomo

  • La crisis pasará pero no para todos. Los que se queden por el camino pronto serán olvidados
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22 enero 2015

Ayer mismo, a las cuatro de la tarde, línea 6 del metro de Madrid, por las tripas de Diego de León y Manuel Becerra. Vagón para arriba, vagón para abajo, un señor de cuarenta y pico, debería ser, aunque aparentara sesenta, vagón para arriba, vagón para abajo pedía y explicaba sin lamentos, como si estuviera en una reunión de trabajo. Pedía para comer y explicaba: exautónomo, seis años en paro, seis, luego el divorcio y luego “se acabó lo poco que tenía”. Los autónomos no tienen derecho a paro, explicaba, él nunca cobró una prestación. Ahora vive en la calle y come, explicaba, “por ustedes”, o sea, por nosotros, los que vamos mirando el WhatsApp entre estación y estación. De su vida normal, la de antes, conservaba la voz y la forma de hablar, una voz de cuando dormía bajo techo y una forma de hablar de persona cuerda que además no quiere chantajear ni dar pena. En la ropa y en el olor llevaba la vida de ahora, y también en sus barbas y pelos de náufrago, más rastas que pelos, de la mierda.

No es una historia original, no hay nada de especial en esta estampa, compañera diaria de viaje de cualquiera que coja el metro con asiduidad. Podríamos tirar del hilo de los autónomos y de cómo se les premia el emprendimiento, con cero derechos de cobertura social cuando vienen mal dadas, como es el caso, pero no, no se trata de eso: se trata de recordar que la crisis pasará pero no para todos, que la mayoría dentro de unos años mirará para atrás con alivio pero no este exautónomo para el que ya no hay EPAs ni previsiones del FMI que le vayan a arreglar lo suyo. Conforme vayamos teniendo nuestro culo a salvo, nos iremos olvidando de los cadáveres que ha dejado la crisis, y entonces otra vez las grúas, otra vez la euforia. Por eso la breve historia de este exautónomo, antes de que la olvidemos.

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