Opinión

Fiestas paganas, mangoneo eclesiástico y puerilidad consumista: mala mezcla

02 noviembre 2012

  • La intromisión de la Iglesia y los intereses comerciales desvirtúan por completo la celebración de ritos ancestrales

Imagen: Pedro J. Ferreira

Cada año, por estas fechas, acaba surgiendo el debate: por un lado, ¿por qué celebrar una festividad americana como Hallowe’en, si aquí en España jamás ha sido una tradición?; por otro, ¿y por qué no, si vivimos en una cultura globalizada sin remedio y a los niños les encanta?

Las mismas cuestiones que plantean la discusión, sobre todo la primera, contienen de entrada varios errores de bulto. Primero, Hallowe’en no es una fiesta originalmente norteamericana, sino que tiene sus fuentes, hace más de tres mil años, en la celebración celta del final de la temporada de cosecha (Samhain, “fin del verano” en irlandés antiguo), y que marcaba, además, el Año Nuevo Celta. En esa noche en que la línea entre la vida terrenal y la espiritual se estrechaba hasta casi desaparecer, se encendían hogueras para alejar a los espectros malignos y las aldeas se preparaban para agasajar a los fantasmas de los antepasados. Los irlandeses, con su emigración en masa a Estados Unidos a causa de las hambrunas de la mitad del siglo XIX, llevaron consigo esta y otras tradiciones a sus nuevos destinos norteamericanos.

Segundo, ¿ya se nos ha olvidado el origen celta de una parte importante de la población española? En el noroeste de nuestro país se siguen guardando tradiciones célticas: por ejemplo, Samaín (no creo que haga falta comentar la relación del nombre con su ancestro gaélico) se celebra por toda Galicia, León, Zamora e incluso en el norte de Cáceres, con rituales paganos muy parecidos, si no exactamente iguales, a los de los antiguos celtas.

Pero, claro, tuvo que aparecer la Iglesia, cuya única preocupación desde siempre ha sido que no les zarandeen el chiringuito y les puedan hundir el negocio, y complicar las cosas. Ya en la Alta Edad Media, dándose cuenta de que es inútil intentar prohibir los ritos ancestrales, decidieron en cambio probar a suplantarlos por festividades religiosas, y, en el caso concreto de Samhain, lo que hizo el Vaticano fue trasladar el Día de Todos los Santos del 13 de mayo al 1 de noviembre, para tratar de “tapar” de alguna manera esa fiesta pagana que no veían con buenos ojos.

Así que ya ven, entre la jerarquía eclesiástica, que todo lo enfanga, y los estadounidenses, que son capaces de vendernos cualquier cosa que vean, oigan, toquen o huelan (eso sí, después de simplificarla al máximo, no les vaya a salir una hernia en el seso), el Hallowe’en que celebramos últimamente por estos pagos se parece al espíritu original del rito celta como un huevo a una castaña, y ni es una fiesta pagana ni es .

LibroIan McEwan, Solar (2011). Durante la gira de promoción de Solar, le preguntaron a McEwan si era un negacionista del calentamiento global, y el autor contestó al periodista, ‘Léase la novela primero y después me vuelve a preguntar.’ Es posible que el plumilla sí que hubiese leído el libro, y el escritor lo supiera, pero lo que quería decir, como tantos novelistas y dramaturgos, tantas veces, es que no se puede cometer el error de identificar las opiniones de los personajes con las de sus autores. El tema del calentamiento global es principal en la novela, sí, pero Solar es, sobre todo, una hilarante sátira sobre un científico de éxitos ya pasados, Premio Nobel de Física incluido, que, agobiadísimo por su propia vida, se topa por azar con una gran oportunidad para deshacerse de todos sus problemas y, de paso, sólo de paso, probablemente también salvar el planeta.

DiscoPeter Gabriel, So (1986). Me gustaría (seguramente a él también) que alguien me explicara por qué se sigue presentando a Gabriel como exmiembro de Genesis. De acuerdo, fue fundador, pero sólo estuvo seis años con la banda (ni siquiera coincidió con Phil Collins, que fue su sustituto en la voz principal), ¡y desde entonces lleva treinta y siete de carrera en solitario! Este, siendo muy bueno, no es su mejor disco, pero sí el que mayor éxito comercial le reportó, gracias a pequeñas obras maestras del pop-rock como Red Rain, Don’t Give Up, Sledgehammer, Big Time o In Your Eyes. Coincidiendo con el vigesimoquinto aniversario del álbum (con bastante retraso, por cierto) se publica una caja con grabaciones inéditas, conciertos en audio y video y no sé cuántas cosas más. Imprescindible para coleccionistas, dirán los frikis. Un sacacuartos, digo yo.

PelículaKevin Spacey, Beyond the Sea (2004) [En España, 2006]. A medio camino entre el melodrama y el musical sesentero con estética de videoclip, el primer trabajo como director de Kevin Spacey es una pequeña joya. Se trata de una particular biopic sobre Bobby Darin, uno de los grandes crooners de todos los tiempos, a pesar de haber tenido una carrera corta (más incluso que Elvis Presley), y que, por momentos, estuvo a la altura del mismísimo Frank Sinatra. Spacey, además de dirigir, encarna a Darin, y entrega la mejor interpretación de su carrera (gracias, Tom Cruise, por haber rechazado el papel): no solamente actúa espléndidamente, sino que también canta y baila. Actor total.

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