Opinión

Pesadilla

28 septiembre 2012

  • Ni el peor de mis sueños es comparable a lo que veo, leo u oigo durante el tiempo que permanezco despierto

Imagen: PortaldelSur ES

Soñaba que me encontraba en una paradisíaca playa de finísima arena y aguas cristalinas, tumbado en una hamaca, dejándome acariciar por una agradable brisa marina, mientras un escultural camarero, al tiempo que me daba las buenas tardes con exquisita educación, me servía una cerveza bien fría y unas olivas. Entonces veía a la mujer de mis sueños (que para eso estaba soñando) salir del agua y dirigirse hacia mí, y adivinaba por su sonrisa que se acercaba con unas intenciones más que cariñosas…

Y suena el despertador. La radio, en realidad, que programo para que me despierte por las mañanas. Comienza el desfile de noticias: el presidente del gobierno y nuestra presidenta autonómica empleando unos discursos con un tufo franquista que tira p’atrás, la libertad de información medio secuestrada en España (un par de ejemplos: la televisión pública dejando de informar sobre las protestas del 25 de septiembre por orden de la vicepresidenta Sáenz de Santamaría; es imposible acceder a la web de la revista satírica El Jueves), la contrarreforma educativa del ministro Wert nos envía de cabeza a los peores tiempos del enano del Ferrol, …

Me levanto, y poco a poco me voy incorporando a mi rutina diaria de trabajo, que consiste, entre otras cosas, en preparar por la mañana unas clases que impartiré por la tarde en un centro público donde, a causa de los brutales recortes, tenemos este curso más alumnos y menos profesores que nunca, y ya nos vamos haciendo a la idea de que pasaremos frío el próximo invierno porque no será posible mantener la calefacción encendida todas las horas sensatamente aconsejables.

Así que, cuando regrese a casa esta noche, cenaré e intentaré relajarme con un buen libro, antes de meterme en la cama, y dejar que el sueño se apodere de mí y me rescate, siquiera por unas pocas horas, de esta horrenda pesadilla.

Libro – Victor Hugo, Los Miserables (1862). Jean Valjean es indudablemente uno de los personajes más redondos de la literatura universal. Desde luego, Hugo dispuso de muchas páginas para desarrollarlo (unas 1300 en la edición que estoy releyendo), y el tema del exconvicto que redime sus culpas haciendo el bien allá por donde va se presta a ello. Pero la monumental opera magna de Victor Hugo es mucho más que eso, incluyendo, por ejemplo, unas magistrales lecciones de historia sobre la Francia de las Guerras Napoleónicas. No conozco el famoso musical, pero dudo muchísimo que se pueda siquiera comparar a la novela.

Disco – Tom Waits, Closing Time (1973). Tom Waits tiene mala fama como personaje público. Es esquivo con la prensa, o incluso impertinente cuando la atiende, y ha sido siempre implacable con las compañías publicitarias que han intentado utilizar sus canciones. ¿Y qué? Confundir al creador con su faceta pública es lo que provoca a diario que encumbremos a muchos artistas menores (me abstengo de dar nombres, la lista sería interminable) e ignoremos casi por completo a genios como este estadounidense nacido hace 62 años en Pomona, California. Closing Time fue su primer disco, y para mí el mejor. Folk, jazz, blues, una sugerente mezcla de estilos que deja siempre con ganas de más. Últimamente lo escucho una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez…

Película – Lewis Milestone, La cuadrilla de los once (Ocean’s Eleven, 1960). Para empezar, esta peli ofrece ideas alternativas para aprovechar económicamente la próxima construcción de EuroVegas, si lo suyo no es el juego o trabajar de camarero, bailarina o crupier. Danny Ocean está interpretado por Frank Sinatra, y le acompañan todos sus compinches del Rat Pack: Dean Martin, Sammy Davis Jr, Peter Lawford, junto a una bellísima Angie Dickinson. El remake de 2001, con Clooney, Pitt, Damon, García, Roberts y compañía es también muy bueno, pero yo me quedo con el original. Además, el final es mucho más divertido.

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