Opinión

La radio, ese gran invento (I)

13 septiembre 2012

  • Háganse un favor. Disfruten de la vida sin tele

Foto: tuija

El hecho de que yo vea poca o ninguna tele no significa que viva aislado de la realidad. Al contrario, procuro estar, y creo que estoy, informado, simplemente lo hago por otros medios. Leo prensa, cada vez menos en papel, cada vez más en internet, como están haciendo ustedes, improbables lectores, justo en este momento (ahí os he pillao, eh?) y, sobre todo, escucho la radio. Ese gran invento de Guglielmo Marconi (o de Popov, o de Tesla, o de Cervera, o de todos ellos, qué más da) que, a diferencia de la televisión, se puede atender al mismo tiempo que alguna otra actividad doméstica, siempre y cuando esta última no requiera de una especial concentración (tengo que reconocer que, cuando parto tomatitos cherry en cuartos para una ensalada, o me arriesgo a quedarme sin uno o varios dedos, o no me entero de las noticias; las dos cosas a la vez, imposible).

El caso es que la radio suena en mi casa prácticamente durante todas mis horas de vigilia. La pongo para que me acompañe al sueño, hago que me despierte por las mañanas (alguna vez he vuelto a quedarme dormido y he tenido pesadillas con las noticias, sobre todo si hablaban de Wert, Cospedal o De Guindos), y me tomo como un lujo asiático ducharme un sábado o un domingo por la tarde mientras escucho los partidos de la liga de fútbol.

Guardo recuerdos entrañabilísmos de mi infancia, jugando a las chapas en el suelo de una sala muy especial, con la radio de fondo… Pero esto ya lo dejo para la próxima semana, que el ciberespacio es más limitado de lo que parece, y el redactor jefe me dice que soy más pesao que un abanico de tablones.

Continuará…

Libro – Michel Houellebecq, El mapa y el territorio (2011). Yo la voté como una de las tres mejores novelas del año pasado. El enfant terrible de las letras francesas contemporáneas fue capaz de “liberar” su obra en internet, de manera que cualquiera podía descargarla gratuitamente en formato pdf, después de recibir el premio Goncourt y, al mismo tiempo, ser acusado de plagiar ¡a la Wikipedia! Su editorial se agarró un monumental cabreo con él, de boquilla, porque todo aquello les ahorró mucha pasta en mercadotecnia. Houellebecq utiliza el mundo del arte contemporáneo para ridiculizar la superficialidad de nuestras vidas, se convierte a sí mismo en personaje de la trama y llega a… (paro aquí, porque destriparía uno de los mejores momentos de la novela).

Disco – The Beatles, Abbey Road (1969). En la primera entrega de esta locura, la semana pasada, mencioné a los Beatles varias veces. Quien me conozca pensará que lo lógico hubiera sido empezar recomendando uno de sus discos. Sin embargo, me gusta huir de lo obvio. Una semana he tardado en arrepentirme. Pero ¿cuál de ellos? Abbey Road, el último que grabaron (aunque fue el penúltimo en publicarse) representó para mí toda una epifanía: fue el primero de sus álbumes que escuché completo, ¡y cómo! En un pedazo de equipo de alta fidelidad, y con unos auriculares que ya quisiera hoy para sí David Guetta. Entonces comprendí de verdad el significado de la palabra estereofónico. Y además, a la cabecera de mi cama, donde casi todo el mundo tiene un símbolo religioso o un cuadro horrible que te regalan al comprar los muebles del dormitorio, yo tengo una foto enorme de la portada de este disco.

Película – Rodrigo Cortés, Concursante (2007). Ser rico resulta tremendamente caro. Rodrigo Cortés es para mí, junto a Kike Maíllo (Eva, 2011), el director español más interesante de la primera década (y lo que va de la segunda) de este siglo. Este fue su primer largometraje, y sigo sin entender cómo es posible que Leo Sbaraglia no ganara el Goya al mejor actor, porque está, sublime, no, lo siguiente. La escena en la que el personaje de Chete Lera (otra excelente interpretación), con unas monedas y un tablero de ajedrez, explica al protagonista (Sbaraglia) cómo los bancos nos chupan la sangre, tiene un puntito de demagogia, pero se acerca mucho al brutal efecto que me produjo Inside Job (ver recomendaciones de la semana pasada). Y, ya que estoy, bola extra: la banda sonora de esta peli, compuesta por Víctor Reyes y publicada también en 2007, es una obra maestra.

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