Por Niño Burbuja

El concierto pirata de Mark Knopfler

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26 enero 2012

Todos los jueves, Niño Burbuja ofrece su particular visión del mundo que nos ha tocado vivir

Miren el precio de esta entrada: 59 euros. Dos horas raspadas de concierto, en el palo de la bandera. Repitan conmigo: 59 euros. Por esto a Mark Knopfler nadie lo acusa de ladrón ni de insolidario. Ver a Mark Knopfler en concierto es un lujo, como comer cocochas o irse de crucero: caro y prescindible. Pero si Knopfler vende su último disco a 15 o 18 euros y se queja de las descargas del eMule o de Megaupload es un ladrón y un insolidario porque tener los discos de Knopfler no es un lujo: es un derecho.

Con internet ha nacido un nuevo ‘derecho fundamental’: el del libre expolio de la propiedad intelectual y los derechos de autor. Vestido con el arabesco lingüístico y legal del “libre intercambio de archivos entre particulares” parece otra cosa.

Pero el pirata, o libre intercambiador de archivos entre particulares, tiene su corazoncito y tampoco quiere que Knopfler termine sus días en una residencia pública, así que no cuestiona que ver sus conciertos en el palo de la bandera cueste 59 euros. La idea es la siguiente: ofrece gratis tu música en internet que ya veras cómo lo petas luego en los directos. Y en los directos, ya sí, pasamos por caja y ni discutimos los precios porque, oye, el que quiera darse un capricho tendrá que aflojar el bolsillo. Knopfler queda más tranquilo: roscará el pico en una residencia privada.

29 de julio de 2045, plaza de toros de Las Ventas. Mark Knopfler nieto en concierto. Tecleo www.freeconcert.com, pincho en el enlace correspondiente y me teletransporto a través del wifi teletransportador de seres humanos a los tendidos de Las Ventas. A mi lado hay un panoli que ha entrado al concierto pagando su entrada. Dice que la entrada le ha costado 59 euros. ¡59 euros! Menudo ladrón el Mark Knopfler nieto este. Y qué insolidario. Como si todo el mundo pudiera pagar 59 euros por un concierto. (En el año 2045 ir a conciertos ya no es un lujo, es un derecho).

Con el wifi teletransportador de seres humanos va menguando el último reducto de expolio de los titiriteros de la música, el de los directos. El wifi teletransportador de seres humanos ha hecho posible el nacimiento de un nuevo ‘derecho fundamental’: el de colarse en los sitios sin pasar por taquilla. Vestido con el arabesco lingüístico y legal, “libre circulación y permanencia de seres humanos en cualquier parte de la Tierra”.

El pirata de 2045 sigue teniendo su corazoncito y también lo tiene todo pensado para que Mark Knopfler nieto pueda esperar el furgón de Llamas en una residencia privada: entre grabación y grabación, entre concierto y concierto, Mark Knopfler nieto puede ser un gran cerrajero. Gracias a que regala sus canciones y sus conciertos es muy conocido y por tanto todos querremos que sea Mark Knopfler nieto el que nos cambie la cerradura y no otro cerrajero.

Esta gilipollez de artículo está a la altura de las gilipolleces que se leen y se escuchan estos días para intentar justificar que la tecnología, maravillosa e imparable, nos permite robar impunemente desde casa. Yo no tengo esos problemas, yo no tengo que justificar nada: me descargo todo lo descargable porque la tecnología me lo permite y porque lo puedo hacer con total impunidad, no porque las industrias culturales sean ladronas (díganme una empresa, una sola, que no busque el máximo beneficio económico) o porque tener las canciones de Knopfler sea un derecho fundamental.

Imagen portada: sjrowe53
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