Feliz dí­a del Trabajo precario

02 mayo 2007

La economí­a española va muy bien y de ello se jacta nuestro presidente. España es el primer paí­s de la Unión Europea en creación de empleo, mantiene unos ritmos de crecimiento por encima del 3,5% y además, es de los pocos de la UE que registran superávit público. Todos los dí­as llueven duras crí­ticas desde la oposición, pero al presidente se le llena la boca cuando habla de economí­a, el gran elemento tranquilizador. Y todos nos deberí­amos sentir orgullosos.

Pero, ¿a quién afecta esta publicitada bonanza económica? Los economistas defienden que el crecimiento sólo se puede mantener con la actual polí­tica de moderación salarial. Señores economistas, muchas gracias por hacernos crecer. Y también por hacer posible que podamos llamar a través de una de las grandes operadoras telefónicas del planeta, invertir nuestro dinero en un gran banco mundial o comprar las viviendas que construyen “nuestras” prestigiosas constructoras.

Aquella gran lacra que era el trabajo precario también se está solucionando. Cada vez son más los contratos indefinidos, por lo que reitero mi agradecimiento. Pero esta vez no sólo a los economistas, sino también a la patronal, al Gobierno y a los sindicatos. A todos juntos, que se pusieron de acuerdo para hacer una reforma laboral que permite que los empresarios paguen 33 dí­as por cada año trabajado a los empleados despedidos, en lugar de los 45 anteriores. Es decir, el coste de despedir a un trabajador fijo es muy similar al de uno temporal.

Por no hablar de la inserción laboral al terminar la Universidad. Algunas como la Carlos III de Madrid presumen de que un 98% de sus alumnos encuentran trabajo un año después de haber terminado su carrera. Los recién licenciados entran en el mercado laboral, cierto. Pero como becarios o con contratos en prácticas, algo que nos suena bastante a muchos de los que escribimos aquí­.

Este tipo de trabajadores se encuentran en la cúspide de la precariedad laboral. A menudo tienen las mismas responsabilidades que cualquier otro contratado, trabajando las mismas horas y con una productividad similar. Con la única diferencia de que se trata de una beca, con un salario que ronda los 300 o 400 euros, en el mejor de los casos. Cuando termina este contrato en prácticas, las empresas suelen deshacerse de estos trabajadores, ya que una plantilla compuesta mayoritariamente por becarios resulta mucho más rentable que otra con trabajadores con contratos profesionales.

La gran pregunta es quién tiene la culpa de todo esto. Empresas y patronal poco tienen que decir, ya que son las grandes beneficiadas. Por lo tanto, le corresponde mover ficha a quienes deberí­an representar a los trabajadores, es decir, sindicatos y, en este caso, Universidades. Tampoco los estudiantes hemos hecho demasiado por cambiar una situación que asumimos como irreversible. Sin embargo, en Francia, los alumnos salieron a la calle masivamente para protestar por una reforma laboral que agudizaba la precariedad en el empleo entre los jóvenes. El resultado fue que esa medida no vio la luz y el consiguiente desprestigio del primer ministro Dominique de Villepin, que finalmente vio truncada su ansiada carrera al Elí­seo.

Por último, hay que resaltar la posición del Gobierno. Este mensaje de que “España va bien” ya nos suena de otras épocas. La economí­a del Estado se mantiene en unos muy buenos números, herencia de la polí­tica del anterior Gobierno del PP. El problema es que los ciudadanos no sólo no disfrutan de la bonanza económica, sino que son los encargados de sustentarla, muy a su pesar. Apenas hay diferencias entre la polí­tica económica de Rodrigo Rato y la de Pedro Solbes y sin embargo, el PSOE considera que se trata de su mayor logro. En Ferraz hoy sí­ recuerdan las siglas de su partido, para celebrar junto a todos los obreros, el Dí­a Internacional del Trabajo.

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