“IN-MORALES”

26 abril 2007

Tenemos que confesar que hemos tenido la duda sobre si merece la pena ocuparse de un personaje así­ o si es mejor dejar que siga desvariando él solito al amparo de quien le da cobertura impunemente. Que haga lo que quiera.

Pero es que hay que tener unas tragaderas así­ de grandes para no inmutarse por lo que ha sido capaz de despachar el í­nclito comentarista polí­tico cuando se ha referido a la recientemente dictada sentencia del conocido como juicio del lino. Naturalmente no vamos a entrar en valoraciones jurí­dicas, en cuestiones que corresponden a los profesionales del derecho. Ahí­ nos perderí­amos, nosotros y él. Utilizar esa sentencia como un ariete para intentar derribar a todo lo que se mueva y que huela a socialista -¿o deberí­amos decir rojo, señor Morales?- en plena precampaña podrí­a tener pase viniendo de quien viene, porque de todos es sabido que no ofende quien quiere. Pero hacer demagogia apelando a la memoria de personas que han muerto, nos parece de una catadura moral muy baja y, lo que es mucho peor, insinuar siquiera que el proceso abierto en su dí­a, o mejor dicho, sus impulsores pudieron contribuir a acelerar la muerte de Loyola de Palacio, del Delegado del Gobierno y de la esposa de éste, representa tal barbaridad que no puede dejar indiferentes a las personas normales al margen de las responsabilidades que, a quien así­ deduce, le pudieran ser exigidas.

Ha sido tal el despropósito, tan desproporcionada la alusión a un tema que se debe quedar solamente en el debate polí­tico, que se necesita ser de piedra para no responder aunque sólo sea para intentar que no se rompa la cordura y que se callen los dinamiteros. Se ha pasado ud señor, varios pueblos. Y no podemos considerar eximente que el tal exabrupto no se le haya ocurrido a usted solo, que, en el fondo, está actuando de correa transmisora, de altavoz del vocero menor del reino al que, por lo visto, escucha todas las mañanas. Harí­a usted bien, además de copiarle sus argumentos, pedirle el teléfono de sus abogados. Por si acaso.

Comparte con tus amigos










Enviar