No nos comemos a nadie

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18 abril 2007

Ante el rechazo de Vicente Aroca a la invitación que este periódico le hizo para mantener con él una entrevista, CRÓNICA de LA RODA siente decepción. En primer lugar, porque, con su decisión, el candidato del PP da la espalda a un grupo de jóvenes ilusionados con seguir adelante con un medio de comunicación de forma altruista. Vicente Aroca da la espalda también a los más de 100 rodenses que cada dí­a nos visitan y que esperaban saber qué intenciones, qué proyectos o qué ideas tiene la persona que aspira a representarlos. CRÓNICA de LA RODA quiere dar cabida a todos los proyectos que el Partido Popular tiene para mejorar nuestra localidad. Pretendí­amos que el candidato se expresase y nos contase sus planes y nos resolviera alguna duda. Pretendí­amos transmitirle cuestiones que están en la calle y que los ciudadanos quieren conocer antes de decidir su voto. Pretendí­amos hablar. Pero Vicente Aroca se ha negado.

La decepción es doble porque la negativa ha sido, más bien, un plantón. El candidato del PP se habí­a comprometido con este periódico a grabar la entrevista el jueves, para poder publicarla el viernes. Incluso su jefe de campaña ratificó la cita. Pero ambos han incumplido su palabra.

Por todo, la decisión de Vicente Aroca es especialmente grave. Con ella, el aspirante a alcalde niega el derecho de cualquier medio de comunicación a obtener una información plural y veraz. Niega, incluso, la materia prima del periodismo: la entrevista. El hecho de que un periodista pregunte acerca de las intenciones de un polí­tico, y éste le responda honestamente, es uno de los ejercicios más sanos que existen para la democracia. Sixto González, de quien Aroca tanto dice haber aprendido, entendí­a esto a la perfección. El todaví­a alcalde, con sus aciertos y sus errores, siempre ha demostrado un trato más que correcto hacia los medios de comunicación: hacia los oficiales, los afines y también hacia los crí­ticos. A las primeras de cambio, Vicente Aroca ha perdido la cortesí­a y el saber estar que un pueblo como La Roda merece de su alcalde.

Las razones que el Partido Popular ha dado a este periódico, y que nosotros trasladamos a nuestros lectores, han sido extraordinariamente confusas. El jefe de gabinete acusa a CRÓNICA de LA RODA de no ser un diario imparcial. Nos señala porque dice que somos el medio más crí­tico de la localidad. Y añade que siempre criticamos a los mismos. Evidentemente, no es difí­cil de entender que es mucho más habitual criticar a un equipo de Gobierno, que gestiona el dinero y el futuro de un pueblo, que hace promesas y los ciudadanos les encarga que las cumplan, y que, además, tiene responsabilidades, que a quien lleva sin tenerlas desde hace 20 años. Pero eso -debe quedar claro- no significa que CRÓNICA de LA RODA haya sido, sea o vaya a ser un boletí­n propagandí­stico del PSOE. Si los socialistas incumplen su palabra, si cometen tantos errores o si tratan de mentir y engañar, nos va a tener enfrente.

En el fondo, los motivos por los que Vicente Aroca ha rechazado la entrevista son otros que los que trata de explicar su gabinete. Tras cuatro legislaturas en el poder, el Partido Popular se ha malacostumbrado a tener unos medios de comunicación absolutamente controlados y dirigidos. Unos, con directores puestos a dedo y pagados por todos. Otros, directamente elaborados por el departamento de prensa del Ayuntamiento. Algunos, con ideólogos que fueron exconcejales. Y otros, que van hacia donde sopla el viento. En sus 20 años de Gobierno, el PP apenas ha experimentado la sensación de gestionar un Ayuntamiento bajo la supervisión y el control de algún medio de comunicación. Y ahora, cuando lo hace, le da repelús.

Pese a todo, este periódico local va a seguir ejerciendo la labor principal de cualquier medio: controlar al poder. Y mantiene sus puertas abiertas para que, cuando quiera o le venga bien, Vicente Aroca se pase por aquí­ y charle con nosotros unos minutos sobre todo aquello que al ciudadano le interesa. Que su inseguridad no se convierta en miedo, que no nos comemos a nadie.

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