Epílogo

  • Último episodio de las estampas que Martinico ha ofrecido semanalmente sobre cómo fueron y cómo se vivía en los años 40 en La Roda
Colocación de la primera piedra del colegio José Antonio por el alcalde y jefe local del Movimiento, Eloy López
24 mayo 2017

Terminadas las penurias de los 40, según la radio y la prensa nacional, se comienza la década de los 50 con buenas perspectivas. Se suprime la cartilla de racionamiento y se podrá retirar algo más de los 150 gramos de pan por persona y día, te van a dar 20 céntimos por las alpargatas viejas de goma al comprar unas nuevas y se va a alcanzar la renta per cápita de antes de la guerra. El hambre no se terminaría para los pobres, que seguirían con los retortijones de tripas, la tuberculosis propiciada por la desnutrición y la falta de medios sanitarios, los piojos, el verde y los otros y cualquier epidemia que se prestara, que los españolitos lo aguantamos todo. El caudillo con su fino olfato ya nos lo decía: “Españoles, estábamos al borde del abismo pero hoy hemos dado un paso adelante”.

En “la muy noble y muy leal villa” también se notan las mejoras. Muchos paisanos se han marchado hacia las grandes ciudades o al extranjero donde el trabajo necesita mano de obra. Las restricciones y los cortes de electricidad se van reduciendo y los cines pueden proyectar películas de Hollywood, aunque sean censuradas, sin los molestos cortes de fluido eléctrico. Las corridas de toros son puntuales en las fiestas de Primavera y más tarde en las de Agosto, acompañadas por los festejos taurinos que proliferan gracias a los diestros locales que brillan en nuestra plaza inacabada. Aquella pancarta de la peña: ¡“Ni Pedrés ni Jumillano, solamente El Sevillano”!

Conforme se va acrecentando el poder adquisitivo, las bodas van subiendo de escalafón y las de “medio haldón” experimentan un alza en detrimento de las de “por lo pobre”. Las “señoronas” también se acentúan; muchos estraperlistas han emprendido nuevos negocios al dejar libre el mercado de abastos y retirar la cartilla de racionamiento, haciéndose notar en sus bodorrios postineros. Las bodas de la Duquesa de Alba y de Carmencita Franco serían los modelos a seguir en aquellos años.

Aunque por aquí no pudimos ver los éxitos que las “compañías de revistas” paseaban por las principales ciudades del suelo patrio, sí llegaban sus canciones a través de la radio o de alguna compañía de variedades que emulando a “Las alegres chicas de Colsada” cantaban el célebre estribillo de “La blanca doble”: ¡Ay que tío, ay que tío! / ¡Que puyazo le ha metío! Cada cual lo interpretaba a su gusto dándole un doble, triple, o vaya usté a saber, sentido. Del teatro clásico, poco más que la esporádica aparición de alguna compañía de la legua y la de los paisanos aficionados a pisar un escenario.

El nuevo estado, con la complicidad e influencia de la jerarquía eclesiástica, se preocupa con extraordinaria aplicación a ejercer de censores y guardianes de la moral pública, interviniendo en espectáculos, cine, prensa y radio. A pesar de todo ello el pueblo hace caso omiso de las catastróficas consecuencias y los infernales castigos que acarrean los bailes, verbenas, playas y el turismo con sus modas liberales… y el ¡BIQUINI! Los resignados pueblerinos nos tendremos que contentar con ver “bajar” a los capitalistas madrileños con sus Vespas con sidecar o sus Seat 600 repletos de viajeros y equipajes hacia el exótico ¡Benidorm! Aquí tendremos que conformarnos con algún baile en fiestas o alguna boda; lo de poder bañarte junto a chicas, ¡ni soñando! Hay que ir a alguna piscina de la “capi”, que en aquellos años se harían muy populares. Siempre nos quedará poder ver en bañador a Esther Williams, Rita Hayworth o Silvana Mangano en una pantalla, aunque en el tablón de la Parroquia te adviertan de que es “gravemente peligrosa”.

La década de los 50 nos traerá el gol de Zarra a la pérfida Albión, que aunque no sirvió pa’ na deportivamente, sí encendió el fervor patriótico hasta querer reconquistar el peñón de Gibraltar. El Tour de Francia que les ganó a los gabachos “El Águila de Toledo”. La llegada de Kubala, Di Estéfano, Puskas, Evaristo…, y el Real Madrid mandando en Europa, algo que no debimos haber dejado de hacer desde el siglo XVI, según un alcalde de la villa. Pero el mejor deportista es nuestro glorioso caudillo que hace cacerías donde las perdices caen a millares, los salmones de los ríos asturianos y gallegos son presa fácil y la pesca en alta mar, a bordo del Azor, deja boquiabiertos a los invitados del diestro general.

Mientras los acontecimientos deportivos son difundidos por la radio, la prensa, el NO-DO y TVE, en el pueblo no hay ni asomo de algún deporte que no sea el fútbol. El Frente de Juventudes acapara la actividad deportiva y cualquier acontecimiento que llegue tendrá que ser controlado por el mismo. Otra organización intenta competir con el F.de J. Se trata de “Educación y Descanso”, dependiente del sindicato vertical CNS. Salvo algún caso aislado, nunca llegó a las cotas del F.de J. La Sección Femenina competirá en algún deporte, pongamos como ejemplo el baloncesto. Daba grima ver a las pobres chicas con sus pololos bombachos hasta la mitad de la pierna correteando por aquella cancha de tierra como pollos sin cabeza.

Mientras en las grandes ciudades se pueden cursar estudios de Bachillerato en institutos o colegios privados -la mayor parte religiosos-, en los pueblos sólo se lo pueden permitir las familias con “posibles” que mandan a sus hijos a la capital o donde haga falta y que cursan sus estudios en academias de pago. Para muchos adolescentes de la posguerra, una salida a sus inquietudes estudiantiles sería el Seminario, donde tras algunos años y antes de ordenarse sacerdote saldrían por piernas. Algunos llegarían a profesar, abandonando algunos años después .

En La Roda se ha construido a principios de los 40 un nuevo grupo escolar para chicas y chicos que vendrá a paliar la escasez de plazas escolares. El nombre -como no puede ser de otra manera- es aprobado con la unanimidad que da la fuerza de los vencedores y se acuerda darle el nombre de “José Antonio”, en memoria del “ausente”. El pueblo llano se puede permitir pocas alegrías con la educación y el descanso, ya que una mayoría abandonará la escuela antes de concluir su ciclo para ponerse a trabajar antes de los 14 años, que era el tope de edad escolar. Las chicas abandonarían antes y muchas ni entrarían en un colegio.

Pasó la guerra, pasaron los años negros del hambre, el “piojo verde” (tifus exantemático), la tuberculosis, con secuelas gravísimas reflejadas en las lápidas de los enterramientos de aquellos años viendo las edades, jóvenes en su mayoría, y que no sería erradicada hasta bien entrados los 60. Los niños de “la paz duradera” que sobrevivimos a tanta miseria, crecimos entre el “Ceregumil”, el hígado de bacalao y la “Quina Santa Catalina, que es medicina y es golosina” (vino duz, decía mi abuela). Con piojos verdes y de los otros, “el hongo penicilino” catequesis a porrillo y… mala leche, propiciada por la “descarnada hambre de los pobres”, según Juan Eslava Galán. Si a todo eso añadimos la falta de trabajo, nos queda el panorama de pueblos que se vieron diezmados por la emigración hacia tierras donde sí lo había.

De todos mis amigos de aquellos años, más de la mitad tuvieron que marchar con sus padres a otros lugares donde poder vivir en mejores condiciones. Otros no pudieron con las enfermedades que contrajeron por la escasez, la miseria y la falta de lo más elemental: la comida. D.E.P.

Vaya para todos ellos mi recuerdo afectuoso y para CRÓNICA DE LA RODA el agradecimiento por publicar las vivencias de unos años que no deben repetirse nunca. Para los mayores, el recuerdo y para los jóvenes, comprensión de muchos comportamientos de sus mayores que pasaron por aquellos difíciles del racionamiento en grado superlativo.

Notas: Cada vez que paso cerca del patio de algún instituto y veo los bocadillos tirados por el suelo o en las papeleras, las tripas me cantan el “Viva España”.

Todos los hechos relatados durante los diferentes artículos son vivencias personales, que, quizás, no tengan relación con personas que por aquellos años no se percataban -o sí- del tremendo sufrimiento que una gran mayoría tuvo que soportar, mientras ellos pasaban del racionamiento al poder adquirir artículos de estraperlo.

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