Teatros y teatrillos

  • Un repaso a las actuaciones teatrales y musicales que pasaban por La Roda en los años 50
29 Marzo 2017

Terminada la guerra civil solo un teatro quedó en condiciones, el Teatro Cervantes, que durante la contienda siguió en activo dándose cine y alguna función benéfica como la velada y baile que se ofreció a las Brigadas Internacionales con motivo de la celebración de la llegada de 1937. Pasados unos años abrirían sus puertas el teatro Avenida y el cine Rialto.

De los tres locales, dos se dedicarían al noble arte de Talía: Cervantes y Avenida. El Rialto fue construido exclusivamente para cine y no disponía de un escenario con el suficiente fondo para decorados y tramoyas.

Durante finales de los años 40 hasta principios de los 60, estos recintos albergaron multitud de espectáculos de todo tipo, desde el teatro clásico hasta las “Mañanas del Camarada” del Frente de Juventudes, pasando por las variedades, zarzuela, festivales benéficos o cualquier acto que requiriera un escenario desde donde pudiera dirigirse al público.

Este poblachón manchego de aquellos años tenía fama de ser propicio a que las compañías se disolvieran, no sé si era un leyenda, pero lo cierto es que reñir, reñían, y que en alguna de aquellas discusiones pasaron de las palabras a los hechos en el bar de la Sociedad de Socorros Mutuos “La Caridad”, propietaria del teatro. (Lo de Sociedad Obrera había quedado en el pasado).

La postguerra había traído restricciones de todo tipo, desde el racionamiento del tabaco hasta el racionamiento de la moral

La postguerra había traído restricciones de todo tipo, desde el racionamiento del tabaco hasta el racionamiento de la moral; en cuaresma no se podía hacer baile, cine, teatro –excepto el religioso– ni ninguna actividad pagana, por lo que la escasez afectaba a todos, y los cómicos no se iban a librar de la “penitencia” por mucho que presumieran de libertinos. A pesar de todas las carencias, muchas compañías pasaban por el Cervantes año tras año haciéndose fijas en la programación del teatro. De las más fieles a la cita anual durante los primeros cincuenta era la: “Compañía de Variedades X” presenta a ¡Jesús Collado “El Labrador” y las Hermanas Alcaide! El teatro agotaba el papel y desde el gallinero las palmas echaban humo cuando “El Labrador” se arrancaba con su “Pasodoble Campero”, mirando de reojo al maestro y pianista de la orquesta, compuesta por músicos locales y que le acompañaría muchas veces, el hombre no había cantado mucho con orquesta y se le notaba, con el tiempo mejoró mucho. Las Hermanas Alcaide, al principio eran cuatro pero pronto quedarían solo tres, arroparían con mucho arte al aguerrido mozo extremeño con sus bulerías, farrucas y hasta fueron pioneras con “Sevillanas Rock And Roll” de la introducción del rock en el suelo patrio. Estas malagueñas salerosas volvieron años después con compañía propia recorriendo las localidades cercanas con la orquesta local “Ritmo”.

Por el Cervantes y Avenida desfilaron grandes figuras de la copla tales como “La niña de La Puebla”, “Emilio el Moro”, con sus versiones humorísticas de las canciones del momento, recuerdo la de “El relicario”, “Al dar un lance / salió lanzao”; Juanito Valderrama con Adelfa Soto, Tomás de Antequera, con sus chaquetillas bordadas llenas de puntillas y encajes, y que copó las primeras filas del personal, más o menos reconocido, gay, disfrutando muchísimo entre el regocijo de los otros paganos. Antonio Machín, Isabelita Sánchez, Antoñita Moreno, Antonio Molina, Carmen Morell y Pepe Blanco, que salió al escenario con una tranca impresionante, organizándose un escándalo y que gracias a la profesionalidad de la Morell no salió malparado el riojano. Cumpliéndose el mal fario de la plaza, se disolvió la compañía, la pareja que había sido la más popular durante muchos años se separaría y nunca más cantarían juntos. Los Xey, recién regresados de América nos deleitaron con sus magníficas voces, “Si vas a Calatayud”, “Buen menú” o los “Cuatro gatos”, sonaban deliciosamente con los Xey, que eran cinco, cantaban cuatro y cobraban por veinte.

Roberto Font, actor dramático que por alguna circunstancia venía con una compañía de variedades y que se anunciaba como rapsoda, se encontraba recitando un poema dramático, cuando algún espectador que no estaba por la labor, gritó desde un palco: ¡Cambia el tercio, maestro! El actor cortó su actuación, mandó parar al guitarrista que lo acompañaba y, dirigiéndose al revienta-números, le respondió: ¡Eh, toro, eh! Levantando los brazos y haciendo la suerte de banderillas, entre el recochineo del respetable que con sus risotadas premió al atrevido graciosillo.

Hubo compañías de variedades que se instalaban durante varios días y que noche tras noche actuaban con gran aceptación del personal en el Teatro Cervantes. Una de estas, traía a una vedette cómico–ligera que hacía las delicias del gallinero con una canción picarona, y que al llegar al “Me quiero casar, me quiero casar / y no se con quién / Me gustan los guapos, los feos también / y aquel de… la gorra, las gafas, cabezón, narizotas o por el mote… ¡Me gusta también! Guiñándole un ojo al interfecto y haciendo un gesto provocativo. El aludido mozo -elegido para el acontecimiento– que se encarama a la barandilla del gallinero sobre el escenario, levanta la pierna sobre ella intentando saltar y dejándose las rayas de los pantalones de pana en el intento, al ser sujetado por los vecinos de localidad, gritaba: ¡No me sugetís que me tiro! El público pregunta ¿quién es? riéndose a carcajadas y la moza picarona ya le ha echado el ojo a la próxima “víctima” para el día siguiente.

Estas compañías de estancia dilatada solían tener un grave problema, mejor dicho, el grave problema lo tenían las fondas, posadas o casas de huéspedes al tener que estar muy pendientes de los cómicos, en cualquier momento podían desaparecer sin abonar la factura del hospedaje; algunos de estos artistas tuvieron que pagar en la estación de ferrocarril y gracias a los Municipales o la Benemérita.

Mención destacada merecen Pepe Mairena y Finita Rufett. Durante algunos años el madrileño y la alicantina no faltaron a la cita anual con la tarima del Cervantes, llegando a estrenar espectáculo en él a principios de los 60. La vedette lucía esplendorosa su belleza y una figura menuda envidiable que se agigantaba sobre el escenario. Pepe Mairena, elegante y siempre muy bien vestido cautivaba al género femenino con su voz inocentona cantando “La perrita pekinesa”, “No te sueltes la melena” o “La ovejita lucera”. Nunca defraudaron y cada actuación supondría un gran éxito.

Las compañías de comedias o dramáticas escasearon durante la década de los 50 y las compañías líricas se dejaron ver poco en el pueblo; las empresas no estaban dispuestas a jugarse su dinero, en alguna ocasión el gallinero estaba semivacío y el patio de butacas casi, por lo que era mejor apostar por lo seguro. Algunas funciones de aficionados, festivales benéficos, espectáculos de magia y durante los años 40, “Las mañanas del camarada” que el “Frente de Juventudes” organizaba para cantar sus canciones patrióticas. Alguna actuación del barítono rodense Andrés García Martí en alguna función benéfica y pare usté de contar.

Los teatrillos fueron la fuente para que muchos nos aficionáramos al teatro. Estas compañías ambulantes se instalaban durante una semana, o incluso más, siempre que el público respondiera y la municipalidad se lo autorizara; los empresarios teatrales presionaban para que no se dilatara la estancia. Al ser en verano los cómicos tenían más margen al no darse funciones en los teatros.

Verano de 1953. Una de estas compañías, cuyo nombre no recuerdo, solían ponerle el del actor-director, se instaló en la calle Castelar frente al parque, dando funciones durante 15 días cambiando la obra diariamente y los domingos o fiestas de guardar, tarde y noche. La curiosidad de la chavalería durante el montaje del teatrillo nos llevaba a ofrecernos a ayudar, por ver si luego nos dejaban pasar gratis a alguna representación. “Martinico” tuvo la suerte de ser contratado junto a un amiguete para… vender almohadillas -las sillas y el graderío eran de madera- y durante la función, gaseosas y refrescos. El contrato consistía en no cobrar nada en dinero, pero con la deferencia de poder asistir a todas las funciones gratis y alguna gaseosa. Por mi parte y la de mi amigo, encantados, si no hubiera sido así, con una representación habría cumplido ya que el presupuesto era escaso o nulo.

Gracias a mi empleo pude disfrutar de comedias como “El genio alegre”, “La venganza de don Mendo” y llorar junto a las señoras con “Juan José” o el serial radiofónico adaptado para el teatro, “Lo que nunca muere”, que había tenido un enorme éxito y que se repitió al día siguiente. Además de las obras que se representaban, la compañía obsequiaba al distinguido público con un entremés o sainete de los hermanos Álvarez Quintero, o de Carlos Arniches, y que el personal agradecía con una gran ovación. Mi amigo y yo quedábamos impactados por el derroche de memoria que hacían los actores, ya que algunas veces los veíamos ensayar, y nosotros sin aprendernos de memoria la lista de los reyes Godos.

Los teatrillos que pasaron por el pueblo quedaron instalados en el Paseo de la Estación, las Cuatro Esquinas, junto a la Báscula Municipal, en la Plaza de Toros y el último y más reciente, junto al INEM, en la feria de agosto y que Pepe Sancho al frente de su compañía nos deleitó con su arte.

Notas: Durante la actuación de Juanito Valderrama en el teatro Avenida una afección en la garganta hizo que no pudiera cantar más de dos canciones. Ante el enfado del público, que se sentía engañado, salió por piernas antes de concluir la función. Cuando el respetable se percató de la huida y ver que se quedaba sin escuchar “La primera comunión”, montó un escándalo fenomenal y las fuerzas del orden tuvieron que intervenir para apaciguar los ánimos.

En algunas actuaciones donde las vedettes se mostraban ligeras de ropa y luciendo su palmito, el gallinero se alborotaba y ante las protestas de los capitalistas de abajo, el acomodador, escoltado por los Municipales, llegaba y ante la pregunta ¿Quién ha sido? La respuesta, ¿? ¡Ah, sí, pues de aquí pa’llá, tos pa’bajo!

En una representación en un teatrillo escuché a un paisano preguntarle a la parienta que si en aquellos años hablaban así. ( En verso )

Los festivales y funciones de teatro locales tenían mucha aceptación, sobre todo por parte de familiares y allegados que llenaban el recinto.

Una de las últimas zarzuelas que se representaron en el teatro Cervantes fue “Por el atajo”, obra de ambiente local con música de don Arturo Alarcón y que Diego Alejandro interpretó junto a artistas de la localidad. Un público entregado coreó la habanera: “Con el bombín en la mano / cómo personas aristocráticas / saludamos a La Roda …”

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