Una, dos y tres, ¡la boda! (bodas por lo pobre)

  • La escasez de trabajo, la cartilla de racionamiento y el clero con sus “restricciones morales”, hacían que el matrimonio más humilde fuera un acontecimiento extraordinario
  • Un repaso a cómo eran estas bodas "por lo pobre" en La Roda
08 Marzo 2017

Siempre fueron más los pobres que los ricos y a mediados del siglo pasado los pobres eran más pobres de lo normal. La escasez de trabajo, las condiciones del país donde se seguía racionando alimentos básicos y el clero con sus “restricciones morales”, hacían que el matrimonio más humilde fuera un acontecimiento extraordinario.

Estas bodas además de ser las más numerosas, por lo expuesto más arriba, eran muchas de ellas las más “sonadas” al terminar con broncas, peleas o discusiones familiares por un malentendido y que en ocasiones terminaban en la Inspección de la Guardia Municipal. Una de las características de todas las bodas populares era la hora del enlace, que se había transmitido por vía oral al ir de puerta en puerta comunicando el evento: cinco en punto de la tarde (hora taurina).

La novia vestiría traje de chaqueta o vestido oscuro con algún aplique de “flor de azahar” y casquete (hermano menor del sombrero); mientras, el novio se habrá hecho un traje, que su madre seguramente habría comprado el paño a alguno de los vendedores ambulantes gitanos que se desplazaban por la localidad y les “colocaban” el lote: dos cortes de pañería, dos camisas de “popelín” y de regalo dos pares de calcetines de nylon que “han traído de contrabando”. La sorpresa se la llevaban al acudir al sastre y decirles que el paño era viscosa fabricada en Alcoy y las camisas…, de “popelín”, nada. En alguna boda, durante el trayecto de la iglesia al salón, se desató una tormenta y el traje del novio quedó hecho un guiñapo al perder el apresto y encoger, hasta el extremo de dejar el pantalón huyendo de la humedad. Todo se solucionaría con un planchado y mucha maña.

Comienza el ritual: el novio, con sus guantes -prestados- de cabritilla plegados en una mano, pondrá rumbo al domicilio de la novia, acompañado de la madrina con teja y mantilla -prestada- con los suyos; allí, los otros estarán esperando junto a la futura señora, familiares, invitados y vecinas curiosas, deseando que salga a la calle acompañada por el padrino, al que la corbata le aprieta un poco. Una vez juntos, comenzará el desfile hacia la iglesia siguiendo el guión: la novia-padrino y el novio-madrina, detrás toda la comitiva alborozada y en el que algunos amigos de la pareja cantarán lo de: “La novia y el novio se quieren casar y no tienen cuartos para convidar”. Gracieta que no despierta ninguna sonrisa a los anfitriones.

“La novia y el novio se quieren casar y no tienen cuartos para convidar”, gracieta que no despierta ninguna sonrisa a los anfitriones.

Al llegar a la iglesia pasarán a la sacristía, donde el cura, sin revestimientos especiales -el alba y la estola o simplemente la estola– comenzará su sagrado ministerio, con el personal de pie en semicírculo, y el oficiante les ira recomendando sus deberes y obligaciones hasta llegar a: “Si alguien sabe de algún impedimento que pueda impedir este matrimonio que se manifieste y si no, que calle”. El orfeón responderá bien afinado: ¡No sabemos nada! El oficiante mira a los parroquianos, ¿por si? Y sigue…, yo os declaro marido y mujer, por lo que el matrimonio ha quedado establecido, unas palabras en latín, la bendición y…, lo de “puede besar a la novia” queda para esas películas de extranjeros libertinos.

Foto en la puerta del templo para el recuerdo y bajada por la cuesta, Plaza Mayor, Ramón y Cajal y calle del Cristo, con varias aportaciones de las mejores voces, que corearán el célebre estribillo de: ¡Una, dos y tres, la booodaaa! Con gran algarabía del personal menudo.

Llegada a la puerta del Salón Castilla: Suban, señores; en el rellano de la escalera, los padrinos irán repartiendo Farias para el caballero, bolsita de caramelos “La Elisa” de Hellín para las damas y, si sobran, para la chiquillería. Una vez dentro, el estrado de la orquesta quedaba a la izquierda. Bajo él, un tablero con un lebrillo de las matanzas enorme y ¡la cuerva!

El acordeonista acomete la marcha nupcial y los novios entran para recibir los parabienes. Es el momento de que aparezca el encargado del lunch: ¡Diego el pipero!, con su cesta de mimbre repleta de garbanzos torraos, avellanas y alcagüetes (cacahuetes decían los finolis). Previo pago del cucurucho de papel de periódico comienza el banquete. Puñaico de garbanzos, cuatro garruchas y ¡cuerva a discreción! (Cuerva auténtica, sin mariconadas, agua, azúcar, corteza de limón y vino del color que fuere). Algún invitado de posibles bajará hasta la taberna de Paulino, que está enfrente, y se aplicará un bocadillo de anchoas de Massó (Un centímetro de anchas, con aceite de oliva, ¡oiga!, unos callos o unas setas de cardo en salsa picantona que las bordaba la Iluminada.

Comienza el baile. De entrada, un pasodoble que esté de moda. Durante algún tiempo se escuchaba mucho los dedicados a Juan Montero y Pedro Martínez “Pedrés”, dos toreros de Albacete que triunfaban por aquellos años. Seguirían los tangos, chotis, boleros, valses, fox-trot y “el bayón”, pero sobre todas ellas: “Dedicada a los novios, la bonita canción que lleva por título, “¡En la noche de bodas!”, diría el batería que hacía alardes de locutor y cantante. La canción la había hecho muy popular la vedette del Paralelo barcelonés Carmen de Lirio. “En la noche de bodas/ ¿Qué hay en tu cama?/ colcha de seda, colcha de seda,/ sabanitas de hilo/ y la almohada/ de suave tela, de suave tela…” La parroquia acompañará a los recién casados coreando el estribillo: “Ay, ay que sí/ quién pudiera esta noche velar,/ ay, ay que no,/ y escuchar lo que a solas dirán… ” El padrino que se acerca a los músicos y les pide, ¡la jota! El delirio en el salón; en el piso de abajo que ocupa el Despacho Central de RENFE los trabajadores tienen que salir por pies a la calle, el techo tiembla y se desprenden cascotes de yeso. Mientras, arriba, se terminan de mezclar bien los torraos con la cuerva peleona al ritmo de jota y ya no queda sino esperar a que suene la marcha “Valencia” y a cenar cada uno en su casa.

Ya no queda sino esperar a que suene la marcha “Valencia” y a cenar cada uno en su casa.

El baile de la noche solía ser el más concurrido. A las diez ya había mozos en la puerta del salón esperando que llegaran los “jefes”, a ver si había suerte y pasaban. Estaban esperando junto a otros invitados a ver si podían entrar por recomendación. Las mozas y las madres no tenían ese problema, ellas venían con las invitadas y nadie se atrevería a decirles nada. No se les había olvidado la bolsa con las zapatillas para la danza; baile tarde y noche te dejaban “los pies como una tortilla mal cuajá” (comentario de una hija a su madre), así que bueno es que en el baile de la tarde utilizaras los tacones.

Una gran variedad de señoras y señoritas -con carabina– irán ocupando las sillas distribuidas junto a las paredes del salón a la espera del comienzo del “dulce meneo” (comentario de una madre a su hija). Lo de los “tíos” era mucho más triste. Los que no habían llegado con la novia formal, la señora o la hermana formaban corrillos, comentando la gran afluencia de aficionados en la puerta. Los mozos, apelotonados a la espera de que algún familiar de los recién casados asomase por allí y les invitara a subir. “El Gallo” o “Seto”, porteros oficiales, tenían órdenes de no dejar pasar “ni a Dios”.

Por fin se dejan ver un hermano de la novia, el padrino y su cuñao. Comienza el espectáculo: tú sube y tú, Pepe, también, he dicho Pepe, no José. Tú no, José, lo siento pero no “pueser”. ¿Yo no, por qué? ¡Te vas a acordar!, sentencia, apuntando con el dedo al hermanico del novio, que se está haciendo el chulo .

¡Venga! Gente pa’rriba y el local a rebosar, que hay que bailar un pasodoble como si fuese un chotis, en un ladrillo. Mientras en la calle el personal soliviantado, helado y perdiendo la esperanza, que es lo último que se pierde. Un listillo, que se ha puesto muy majo, se cuela sin que el portero sospeche, sube los escalones de dos en tres y llega hasta la pista en busca de la chica que le tiene chiflado y que seguramente esté bailando con vayaustéasaber. Los mandamases de la fiesta comienzan a indagar sobre el “colao” y a preguntar: ¿a ti quien te ha invitao y tú de quién eres? Excusas del trajeado mozo y a la rúa otra vez. En el pueblo nos conocemos tos, diría el cuñao.

Mientras, en la calle, el populacho se cabrea cada vez más y surge la avalancha al intentar colarse “a lo Fuenteovejuna”. Se llevan al portero por delante y suben como si fueran a tomar la Bastilla. Al llegar se encuentran con los familiares, amigos y gentes que no les va nada pero que les gusta el jaleo, entablándose una gresca que los Municipales, alertados por alguien, ponen fin con algún arrestado. Se establece la calma y Ramón y Eduardo pueden seguir con el “Tico, tico”, “La Raspa” o “El rico mambo”. La jota, con tanta gente es mucho riesgo.

A las doce en punto los Municipales dan el aviso y comienza la retirada (cada mochuelo a su olivo, diría el padre de la novia) con los comentarios del sudoroso personal: “la boda ha estao muy bien…, pero como siempre, hay quien si no mete la pata no se queda tranquilo. Por cierto, ¿Qué ha pasao con los que se colaron?”. “Se los han llevao a la prevención, ha dicho mi cuñao”.

Al día siguiente, los arrestados barrerán la Plaza Mayor, Ramón y Cajal y Cristo con un letrero en la espalda: “POR GAMBERROS”. Castigo ordenado por el Alcalde Presidente de esta Villa por alterar el orden público.

Todo este batiburrillo se puede comprender mejor si pensamos que en los años 40-50 los bailes populares eran escasos. Fiestas patronales, bodas y alguno de cocinilla en navidades. Durante la Cuaresma, penitencia y nada de arrime, había que cuidar la moral del lugareño que cuando iba al baile solo pensaba en “El dulce Meneo”. Por lo que no es extrañar que el mocerío acudiera a las bodas a ver si se colaba y “daba rienda suelta a sus más bajos instintos”. Esto último son palabras de un párroco de la Villa.

Comparte con tus amigos










Enviar