La PAEG en casa

  • Si hay algo más insoportable que un adolescente, es un adolescente preparando la PAEG
Estudiantes en Selectividad | Foto: Universidad Pablo de Olavide
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07 Junio 2016

Pensaba que no había nada más insoportable que un adolescente, pero me equivocaba. Existe una subespecie dentro del género de los púberes cuya impertinencia aumenta un grado más, si cabe, a la propia de la gente de esta edad: el adolescente que se prepara la selectividad, o lo que ahora se conoce como PAEG.

El espécimen que tengo en casa, he de confesar, no es en absoluto de los peores, más bien me ha tocado en suerte un ejemplar poco común, una rara avis, pues su adolescencia está siendo muy light. Por lo que me cuentan otros padres y madres hemos tenido suerte en el sorteo.
Pero eso no quita para que las hormonas las tenga revolucionadas del mismo modo que sus coetáneos y que estos días, con el estrés que les genera la inminente llegada de los exámenes que pondrán a prueba todos los conocimientos adquiridos en el último año, esté un poquito más a la que salta.

Y razón tiene, porque si a esto le unimos la impertinencia de algunas personas que no tienen el menor respeto por los demás, que van a lo suyo sin la más mínima empatía, el enfado está justificado. No es de recibo que cuando una persona está totalmente concentrada en el estudio, cuando de la nota que va a conseguir depende en parte su futuro, cuando siente la presión de los que tiene alrededor porque esperan lo mejor de él; no es de recibo, digo, que la gente se ponga a hacer ruido sin necesidad y le moleste rompiendo la paz de su estudio. ¡Qué asco me da este tipo de personajes!

Porque vivimos en un mundo inmensamente egoísta en el que no nos preocupamos por los que tenemos alrededor de nosotros, que muchas veces hacemos lo que nos da la gana sin pensar en las consecuencias que le originamos al resto de la humanidad. Y no es muy correcto ponerse a hacer agujeros con una taladradora justo al lado de donde sabes que un adolescente está estudiando, aunque sean las doce del mediodía y sea muy urgente colgar lo que haya que colgar. Eso es algo que le saca de quicio a cualquiera, aunque no sea un adolescente.

La convivencia es muy complicada. Lo es entre las propias familias, mucho más en una comunidad de vecinos, difícil entre autonomías y casi imposible entre países limítrofes. Lo vemos todos los días en los telediarios. Las guerras son el fruto de ese egoísmo.

Yo, por mi parte y como buen padre, he aprendido la lección, he escuchado las protestas de mi hijo, me he bajado de la escalera, he desmontado la taladradora, he recogido los bártulos y ya colgaré la cortina otro día, que el año tiene muchos días o, como diría nuestro presi, los días tienen muchos años.

Y suerte, Alejandro. Y a todos los que durante mañana miércoles, el jueves y el viernes se juegan parte de su futuro. Mucha suerte. Que necesitamos jóvenes bien preparados y bien cualificados que engrosen las ya de por sí abultadas listas del paro. Es broma.

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