Semáforos

  • Hace años que pedí un paso de peatones en este semáforo de la calle Mártires, ya que había ocurrido una desgracia, pero todavía no se ha hecho nada
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10 mayo 2016

Cuando vivía en la ciudad del Turia, en mi camino hacia el trabajo, tenía que atravesar una gran avenida, y lo hacía por un lugar donde no había ni semáforo ni paso de cebra. No es por disculparme, pero a la vez que un servidor la imprudencia era perpetrada por cientos de personas al cabo del día. No es porque no hubiera un semáforo cerca, pues existían dos a escasos veinte metros tanto a la diestra como a la siniestra, sino porque era el lugar natural de paso de todos los peatones en dirección al centro de la ciudad. Años después, en una de mis añoradas visitas a Valencia, comprobé que habían desplazado el semáforo hasta ese lugar, su lugar natural, el lugar donde siempre debería haber estado. El ciudadano había vencido al burócrata, la lógica había derrotado a la sinrazón, y eso que ya era Rita Barberá la alcaldesa de mi ciudad natal.

Hace ya algunos años falleció una persona mayor atropellada por un camión a la puerta de mi casa, aquí, en La Roda. Los accidentes de tráfico son siempre evitables. Ocurrió en el semáforo para vehículos que existe en la calle Mártires a la altura del Arca de Noé. El semáforo se puso en verde y el camionero, debido a la altura de la cabina y a que no se trataba de un paso de peatones, no se percató de la presencia del anciano que intentaba cruzar la calle aprovechando el parón de los vehículos con el disco en rojo. Es cierto que se cometió una imprudencia, pues veinte metros a la derecha existen un par de semáforos, en uno de los cuales se te puede hacer de noche mientras que esperas a que cambie al verde; pero el lugar natural por el que decenas de personas cruzan a diario la calle en dirección, sobre todo, al Centro de Salud, aprovechando que los coches paran cuando el semáforo está en rojo, es por el citado paso. Es algo que compruebo tranquilamente desde el sofá de mi casa y que yo ejecuto varias veces a lo largo del día.

Escribí una carta al ayuntamiento pidiendo que dicho semáforo dejara de ser privativo de los vehículos y pasara a ser también propiedad de los peatones. Recibí una respuesta verbal por parte de un responsable del ayuntamiento diciéndome que se estaba pensando en un remedio y que en breve se solucionaría, pero han pasado más de diez años, casi el mismo tiempo que tarda el maldito semáforo en tornar al verde, y la situación no ha cambiado: la gente sigue cruzando por ese paso y el semáforo para los viandantes brilla por su ausencia. Tampoco, que yo sepa y por suerte, ha acontecido ninguna desgracia más.

Desde el paso de cebra a la altura del restaurante Juanito hasta los semáforos existentes al inicio de la calle Cervantes no existe ningún paso para que los transeúntes crucen legalmente la poco transitada calle Mártires. No parece razonable.

Las ciudades y los pueblos no tienen que estar al servicio de los vehículos sino de los peatones, que somos la gente que los habita y la parte más débil. Si un coche ha de pararse tres veces seguidas en tres semáforos consecutivos, que lo haga, como peatón lo agradeceré y como conductor…, como conductor me cagaré en el responsable que los ha colocado tan seguidos, pero lo soportaré.

Os dejo, que he mandado a uno de mis hijos hace algo más de media hora a comprar una barra de pan al Arca de Noé. Le he dicho que cruce por los semáforos y me acaba de mandar un wasap diciéndome que le lleve la merienda, que no sabe todavía lo que falta para que cambie al verde y le está entrando un poquito de hambre. Le echaré algo también para la cena.

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