En un lugar de La Roda

  • A La Roda me trajo la casualidad, la ventura de una mañana tonta en la que, con más luces que sombras, decidió el destino por mí
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03 mayo 2016

A La Roda me trajo la casualidad, el albur de la vida, la ventura de una mañana tonta en la que, con más luces que sombras, decidió el destino por mí. Y encaminó mis pasos seguros hacia el lugar que hogaño habito y que me vio madurar. Pues lo que iban a ser unos días, por el embrujo y arte de una rodense, se tornaron en veinticinco, que no albas sino estíos los que mi alma lleva en abrigo en la cárcel de su sal.

Mas prendado de la lugareña, presto le demandé a la apuesta rodeña que si a bien ella quisiera ser mi dulce doncella, y no sin algún que otro remilgo aceptó el compromiso. Y aquí asenté mis posaderas, pues fueron dos tetas las que, como siempre, vencieron a dos carretas. Y, relegando mi lugar natal, decidí encaminar mis pasos por esta tierra manchega, que uno no es tanto de donde nace sino más bien de donde pace, y a fe que aquí bien se hace.

La vida transcurría con algún que otro sobresalto, mas lo bueno que acaecía superaba con creces lo aciago, pues la vida da puntazos que sorteándolos con capotazos son presto arrinconados, haciendo más grandes y feraces los dulces agrados. En este devenir estábamos practicando con tesón el ancestral arte de traer, con gusto y afición, párvulos al mundo, cuando tras muchos y agradables ensayos, en un principio siempre errados, conseguimos con cierto tino dar de una vez en el blanco. Y así por fin germinó el primer fruto que, después de nueve meses de cielo y fecundo reposo, vino a hacernos gozoso el álgido y frío invierno.

Y el puyazo golpeó por donde menos se esperaba, mas la ciencia adelanta que es una barbaridad, y con paciencia y una caña y varios años de travesía llegó la dulce alegría de librarse ya del mal; un mal que siempre acecha, que su nombre acongoja, que a muchas familias aprieta, que todavía está por domesticar: cáncer, su terrible mote, una putada al que a mala fe le toque.

Pero como las menos son las penas, y con las penas más alegres las dichas, aterrizó como medicina y en forma de morena alma un alegre infante que nos dio calma y más sentido a nuestra vida. La sorpresa fue inmensa, ya que teníamos olvidado eso que te inquiere el mundo después del primer parto: ¿cuándo llega el segundo?, y de lo que en verdad acabas bien harto.

Tras cinco lustros de travesía llegan mis bodas de plata, no solo con mi sufrida esposa, también con mi adoptada La Roda; que aunque mis primeras risas no tronaron en esta villa, en agosto, día a día, sumaré veinticinco, que son años, ya de asiento en este lugar; pues es la noble localidad donde más navidades he visto brotar, motivo por el cual, cuando me interpelan por mi origen, me cuesta qué argumentar.

Y de aquí son mis hijos, y de aquí mi mujer, y aquí nació mi madre, y de aquí he de ser, pues es de bien nacido ser agradecido. Yo, este humilde escribano, reconozco no en vano que muy a gusto aquí habito, y si una segunda vida el buen Dios me diera, aseguro a voz en grito que yo aquí con agrado, sin duda alguna, la viviera.

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