Sé normal

  • Mi hijo pequeño, ya no tan pequeño, me soltó hace unos días una frase de las suyas, de esas que durante unas décimas de segundo me dejan descolocado
Etiquetas:
19 abril 2016

Mi hijo pequeño, ya no tan pequeño, me soltó hace unos días una frase de las suyas, de esas que durante unas décimas de segundo me dejan descolocado, de esas que me hacen pensar un momento, de esas que me confirman que una etapa terminó y otra comienza.

Todo ocurrió cuando, como todos los martes y jueves algo más tarde de las tres y media, abandono a medias mi sagrada siesta y agarro el coche para acercarlo al campo de fútbol para su entrenamiento vespertino. Cada vez que lo hago perpetro alguna tontería con sus compañeros de equipo o les suelto alguna ocurrencia; bueno, lo que a mí me parecen ocurrencias, porque por alguna metamorfosis acontecida en su ser lo que le resultaba gracioso hasta hace unos días de repente le ha dejado de apetecer.

Está claro que el motivo no está en mí, en mi actitud o en mi forma de proceder, pues son las mismas de siempre, tontería abajo, tontería arriba; más bien es mi hijo el que ha iniciado esa etapa de su vida, temida por todos los padres, en la que la vergüenza empieza a asomar y, sobre todo, la vergüenza ajena, la que le provoca su padre con determinadas actitudes.

Estábamos llegando ya al Nuevo Maracañí cuando me espeta:

—Sé normal.
—¿Qué?
—Que hagas como todos los padres.
—¿Que no haga tonterías?
—Eso.

Y como buen padre, como padre que perdona su cabezadita de después de comer por llevar a su hijo a entrenar, pues le hice caso, y acercándome hacia la puerta… pasé de largo y lo abandoné a cincuenta metros de la misma. No le dije nada a sus compañeros de equipo pero le hice andar un trecho. No, no me pude resistir porque no, no soy como todos los padres. Que mi hijo considere que no soy un padre normal me halaga, la normalidad es aburrida. Que un hijo le diga a un padre sé normal puede parecer un insulto, pero no, yo no lo considero como tal.

Tengo dos hijos: uno lleva ya un tiempo y el otro está entrando en esa etapa de la existencia humana durante la cual las hormonas se revolucionan, el mundo se vuelve en tu contra, nadie te comprende, la existencia se replantea y una negativa paterna inicia una pequeña batalla: la adolescencia. Tengo para escribir todo un libro.

Pero no, no me dejan. Cada vez me cuesta más escribir en estas líneas sobre mis hijos, y no es porque no me den motivos, que los hay, precisamente la adolescencia es un pozo sin fondo de anécdotas, más que nada porque no me lo permiten.

Por suerte el mayor está abandonando ya esta difícil etapa. Que por qué lo sé, pues porque cuando el pequeño me reprocha que haga alguna tontá su hermano le suelta: Déjalo, es papá.

Hoy martes, como todos los martes, lo llevaré de nuevo al entrenamiento, lo dejaré en la puerta con sus compañeros de equipo, bajaré la ventanilla y les soltaré alguna de las mías. Y si no le gusta…, si no le gusta que se vaya andando y que no me joda la siesta.

Comparte con tus amigos










Enviar