Cara y cruz

  • Comentario sobre una nueva derrota del Alba, esta vez en Tenerife (1-0), y la victoria de La Roda ante el CF Talavera (2-0)
18 Abril 2016

Una moneda. Dos caras. A menudo por el aire, casi siempre. Nunca ganamos del todo.

Por la mañana, revestidos de importancia, acudimos al Municipal o lo vimos por la tele. Ellos, los de Talavera, se jugaban más que nosotros que también nos jugábamos la vida. Empezó el partido y no lo parecía. O mejor, nos dio la impresión de que no había más cera enfrente, que aquellos vestidos de blanquiazul eran más tiernos que el Día de la Madre. La Roda C.F. salió más enchufada, sus futbolistas entraron más decididos a un partido de esos que se juegan seis puntos. Tres tuyos y los otros tres que no suma el rival.

Ocurrió antes del entreacto que los talaveranos empezaron a recuperar el terreno cedido gentilmente durante los inicios y a llegar con ciertas intenciones aviesas a los dominios de Arellano. La pelota ya no tenía color rojillo. Por más que lo intentaron, que no fue para tanto, no se vayan a creer, los de Talavera demostraron que cuando las cosas no salen y se ha entrado en la espiral de la derrota, es muy complicado asomar la cabeza. La victoria rodense se nos antojó definitiva cuando Ramón, chico para todo, remató hacia atrás un centro medido de Oca. Es cierto que restaba mucho que jugar, pero el enfermo tenía muy mal encare.

Por si eran pocos, parió la abuela. Segunda tarjeta para Diego y cualquier esperanza reducida a escombros. Gol de Oscar Martín. Sanseacabó. Se trataba de ellos o nosotros, qué le vamos a hacer.

El Alba lo tiene cada vez más complicado

Por la tarde, a vueltas con la moneda, ¿saldría cara, otra vez? Pues no. El Albacete de Tenerife no se pareció al de hace ocho días en Córdoba y cuando no se afrontan los retos con todas las armas disponibles, se concede al rival demasiada ventaja. Con el C.D. Tenerife se puede perder, qué les voy a contar; llevan los insulares una racha de nueve partidos sin perder y juegan bien a la pelota desde que llegó Pep Martí a su banquillo. El problema verdadero es perder sin hacer ni una cosquilla al portero rival. Un solo disparo entre los tres palos y de aquella manera, fue nuestro bagaje artillero. Demasiado poco. Casi nada.

Ellos nos había sorprendido con un balón entre los centrales, por en medio, sin nadie que molestara al pasador, que mandó Nano, por debajo del cuerpo de Juan Carlos, a dormir en el regazo de la red de nuestra portería. Y después se conformaron con tenerla, que no es cualquier cosa, y esperar a que nos equivocáramos de nuevo, plácidamente pertrechados con una batería de cañones a la espera de un ataque masivo… de pajarillos.

Si no espabilamos de verdad, se nos consume el crédito. Esto va cada vez más en serio. A partir de aquí, no caben más vacilaciones. Ni una sola.

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