El enigmático caso de los alcorques desaparecidos

  • Circula una peligrosa banda por la población que está haciendo estragos con un bien muy escaso, con un material que no es muy habitual en nuestro pueblo: los alcorques
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12 Abril 2016

Circula una peligrosa banda por la población que está haciendo estragos con un bien muy escaso, con un material que no es muy habitual en nuestro pueblo: los alcorques. Sí, los alcorques, ese pequeño espacio vital que rodea a los arbolitos y que son una ínfima muestra de la naturaleza en nuestros pueblos y ciudades. Pues existe una temible cuadrilla que los ha birlado impunemente de parte de una de nuestras calles donde coexistían con los vecinos, sin hacer daño alguno.

La calle Santa María de la Cabeza se ha destacado por la gran cantidad de arbolado que adornaba un tramo de esta desde tiempos inmemoriales, dándole a la calle un aspecto agradable que invitaba al paseo. Algunos de los viejos árboles han ido pereciendo, siendo sustituidos por otros más jóvenes, con más brío y toda una vida por delante.

Pero, últimamente, varios de estos pimpollos han perecido, y el lugar donde habitaban, los alcorques que habían abandonado, han sido sustraídos vilmente y sustituidos por una fría capa de cemento. Y digo yo que, hasta la fecha, el cemento hace muy mal las labores de abono y, que yo tenga conocimiento, no viene siendo muy eficaz a la hora de plantar de nuevo ningún tipo de vegetación en el lugar. He de reconocer que, alguna que otra vez, he visto manar algo de vida de entre las juntas del cemento, pero nada comparable con un frondoso árbol.

Poco a poco se está transformando el paisaje de la calle y privando a los vecinos de sus compañeros habituales. Los espacios urbanos ganan en vistosidad cuando compartimos nuestro vivir diario con una pequeña muestra de la naturaleza. Precisamente La Roda no es un lugar donde sobren los árboles, por eso no se entiende esta pérdida innecesaria de alcorques, pues al sembrarlos de cemento desaparece la esperanza de que en lo sucesivo simiente alguna brote en el lugar.

Esta acción me recuerda a cuando en los barrios marginales, para evitar que los ocupas entren de nuevo en una vivienda nada más realizarse el desahucio de los inquilinos, la puerta es tapiada de inmediato, empeorando y degradando si cabe más el aspecto del barrio. Cuando un alcorque es rellenado de cemento se tapia la posibilidad de que un nuevo árbol habite la calle.

O puede que estemos ante un nuevo tipo de árbol: el invisible. Y es probable que esta nueva clase de pimpollo necesite alcorques invisibles, para así producir sombras invisibles y subsistir con un mantenimiento invisible, mucho más económico que el tradicional y menos oneroso para las arcas municipales.

Pero yo prefiero el árbol tradicional, el que nos refresca con su sombra en verano, el que nos alegra la vista durante todo el año, el que de siempre ha reinado en la calle Santa María de la Cabeza, el que, con el tiempo, le devuelva al lugar el aspecto que antes del hurto tuvo.

Mientras, aconsejo a los vecinos de la zona, por si es cierto que se han sembrado árboles incorpóreos, que no profanen el lugar, que no estacionen sobre ellos y que, de vez en cuando, rieguen con etérea agua y regaderas imaginarias los ocultos alcorques, es posible que algún día broten intangibles árboles de quiméricas hojas y secreto tallo, que aparenten frondosas copas, fingidas ramas y falaces raíces, que proyecten inexistentes sombras en el real, yermo y áspero asfalto.

Muy poético, pero falso. Lo más práctico va a ser ir a la Policía Local y poner la preceptiva denuncia, no se puede ir por ahí hurtando alcorques impunemente.

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