Viento en contra, viento a favor

  • Reflexión sobre la derrota de La Roda CF ante el Leioa (1-0) y la victoria del Albacete Balompié en Córdoba (2-3)
11 Abril 2016

Aparecemos por aquí otro lunes más. Este de primavera, con la sangre alterada, que es la época del año en la que más oscila nuestro ánimo, ora arriba, ora abajo, siendo como somos de equipos humildes, estando como estamos acostumbrados a transitar por el filo de nuestra navaja albaceteña, esa mismo que nos parte el corazón en dos pedazos, uno rojo, otro blanco.

En abril nos jugamos la flor. El invierno ha sido duro, ventoso porque Eolo ha soplado caprichosamente, rolando hacia aquí o hacia allá, arrastrando nuestras esperanzas por caminos dispares, hacia arriba algunas veces, la mayoría hacia abajo. Hace una semana veíamos ahí mismo la salvación de La Roda C.F., se trataba, casi, de no perder en Leioa y dejarlos cuatro puntos por detrás. El viento de cola nos hacía sentirnos seguros en la ascensión, había que dejarse el alma porque la recompensa no era menuda.

Y ocurrió, suele ocurrirnos, que viró la ventolera y de nuevo nos ha arrastrado hacia abajo; tanto que estamos a metro y medio del abismo. Nos pasa con mucha frecuencia esta temporada, fuera del Municipal somos un equipo muy previsible y bastante vulnerable, con el agravante añadido de que no siempre, nos vencen los méritos del rival. Son muchas, demasiadas, las veces en las que hincamos la rodilla porque previamente nos hemos disparado en el pie.

En el enésimo desplazamiento a Euskadi, hemos vuelto a perder. Lejos queda aquella victoria de la primera vuelta en Portugalete. A partir de ahí, ha sido ir p’a ná. Lo que pasa es que cada vez importan más esas derrotas porque cada vez tenemos la soga más apretada y porque los de atrás, algunos de ellos, vienen empujando. El Mensajero, sin ir más lejos, es nuestro próximo visitante. Sin querer exagerar revistiendo de drama el partido del domingo, creo que estaremos todos de acuerdo si le concedemos la calificación de dramático. Sí, señores, de lo que haga nuestro equipo frente a los canarios va a depender mucho su futuro. Así de claro.

El Alba vence en Córdoba (2-3)

Si el Córdoba llevaba cinco derrotas seguidas en casa, la solución, a priori, es que pasara por allí el Albacete Balompié. Mano de santo, oiga. Tal que así afrontamos el envite, no digo ellos, los futbolistas, digo nosotros, los que tenemos más miedo que siete viejas y estamos al cabo de la calle de que nos ganen en el último segundo del último minuto. Los que estábamos a punto de perder definitivamente la fe.

Ocurrió que vimos y eso nos tranquilizó bastante, a un equipo muy bien dispuesto desde el principio. Dispuesto en la doble acepción, ocupando bien el terreno de juego y decidido a demostrar que su piel se vende cara.Les diría que es el mejor primer tiempo fuera de Carlos Belmonte en lo que llevamos de temporada. Nos dio para irnos ganando a la caseta.

Ocurrió, luego a la vuelta, que el Córdoba salió enfadado y tiró de casta y de calidad, que tiene de sobra. Y por si éramos pocos, llegó el tal González Fuertes y les echó una mano. Nos suele ocurrir, maldita sea. La mano de Adri Gómez estaba plegada sobre su cuerpo, pero a este árbitro, qué casualidad, le pareció penalti. Con el empate llegaron algunas dudas, era lógico, ellos siguieron apretando y se encontraron, fíjate tú, con otra jugada en la que el juez de línea no apreció que Florin Andone estaba medio metro por detrás del último defensor. Total, dos a uno y nuestro gozo efímero en un pozo muy profundo. Soplaba el viento de cara.

Alguna vez tenía que ser, hombre. Alguna vez tendríamos a la de la venda en los ojos de nuestro lado. El Alba de Ferrando apretó los dientes, rumió su desgracia y siguió creyendo. Yo, menos. Cuando pudo haber llegado el tercero de ellos, resultó que se volvió a disparar Portu, le enseñó el once de su espalda, a Pedro Ríos, fundamentalmente y batió con sutileza al mismo Razak que minutos antes daba gracias al cielo por haberles concedido la remontada. Hacía menos aire.

Del mal, el menos, dije yo. Estábamos perdiendo y ya no. Un punto es un punto, pero mire usted que nos hacen falta los tres. Y más que hubieran. Antes del éxtasis ya habíamos tenido oportunidades; aquella de Jason, que no sé bien lo que quiso hacer en los morros del portero. No perder está bien, pero con la falta que nos hacen los puntos… Llegó la falta postrera y el rechace y el desajuste, otro, de su defensa y Víctor Curto que se inventa un pase por arriba y Rubén Cruz que estaba en fuera de juego y quería ese balón, y Pulido que no estaba metido y el juez de línea que se podía haber equivocado, no iba a ser la primera vez, y Jorge que la engancha y la mete y el árbitro que pita el final. Bendito sea Dios, qué ajetreo.

Se puso el aire a favor inesperadamente, pero no fue por casualidad. Todos soplamos en esa dirección, los que fueron a Córdoba y los que nos quedamos aquí, todos. Nosotros ayudamos, pero ganaron ellos y son ellos los que tienen que creerse definitivamente que cuando se echa todo sobre el césped, sin reservas, se puede ganar a cualquiera. Al Tenerife, por ejemplo.

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