La burocracia sanitaria

  • Sobre las dificultades que nos ponen a los ciudadanos cuando cambiamos de comunidad aunque no hayamos cambiado de país
Una consulta castellanomanchega | Foto: Gobierno CLM
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09 febrero 2016

Mi madre ya no puede vivir sola, cosas de la edad, por este motivo reside temporadas en la lejana Valencia, en casa de mi hermana, y otros periodos conmigo, en La Roda. Lo más lógico y normal. Como no se la puede empadronar en dos localidades a la vez, se encuentra únicamente domiciliada en Valencia. Lo más lógico y normal. La lógica finaliza cuando tenemos un problema médico aquí, en La Mancha manchega, de la que mi madre, al parecer, es extranjera, pese a que hace ya muchos, muchos años abrió los ojos por primera vez en la vecina aldea de Santa Marta.

Es teclear el nombre de mi madre en el ultramoderno ordenador del médico de guardia y no existir historial alguno de su persona, salvo el referido a aquellas puntuales visitas realizadas al médico en el Centro de Salud de La Roda. Según las bases de datos castellano-manchegas mi madre está más fresca que una rosa, incluso su prótesis de rodilla es invisible a los ojos de la sanidad regional, y las hernias que padece en su maltrecha espalda, fruto de su fecunda imaginación. Mi madre, en su versión manchega, está casi para estrenar.

Pero lo comprendo. Todos sabemos que la informática se encuentra actualmente en una fase experimental y que las tecnologías de hoy en día no permiten ciertas cosas. Es ciencia ficción que el médico de urgencias del Hospital de Albacete pueda consultar en su ordenador las pastillas que toma mi madre, las dolencias que ha padecido, las intervenciones a las que se ha sometido o si es o no es rubia de bote. La sanidad valenciana no está conectada con la castellano-manchega, la tecnología no ha llegado todavía a ese nivel de sofisticación, no le podemos pedir peras al olmo. Lo más lógico y normal.

Mi progenitora, además, tiene prescritas ciertas medicinas que periódicamente le suministran en su farmacia valenciana con solo llevar la receta de crónicos y su tarjeta sanitaria. De lo más cómodo y práctico, pues antiguamente había que peregrinar habitualmente al facultativo para que las volviera a recetar y las volviera a recetar y las volviera a recetar… El problema surge cuando mi madre necesita esas pastillas aquí, en La Roda, pues las recetas levantinas no son bienvenidas en las farmacias manchegas. Por lo visto, y muchos no nos habíamos enterado, se trata de dos lugares que no pertenecen al mismo país: España; dos lugares donde no se practica la misma medicina, donde conviven administraciones incompatibles, lejanas en la distancia, ignotas entre sí. Parece que estoy hablando de España y Rusia, pero no, me refiero a Castilla-La Mancha y la Comunidad Valenciana. Sí, esa a donde van a parar las aguas de nuestros ríos y pantanos sin tantas trabas administrativas. Lo más lógico y normal.

Cuando nos narraron el cuento de que con las Comunidades Autónomas se acercaría la administración a la gente nos estaban vendiendo una moto repletita de cargos públicos que más que facilitar entorpecen el día a día de sus sufridos ciudadanos. Siento que mi madre es extranjera en la tierra que la vio nacer, que cuando viene a mi casa carece de los mismos derechos que el resto de españoles que residen en Castilla-La Mancha. ¿O es que estamos hablando de otra España?

Llamadme loco, pero predigo que un día de estos la informática avanzará tanto que los ordenadores, por medio de una arcana red que podríamos llamar “internet” (ahí dejo el nombre para un futuro), estarán conectados entre sí y, del mismo modo, ese diabólico invento permitirá que el médico de mi madre pueda consultar sus datos aunque sean de una Comunidad Autónoma tan distinta y tan alejada en el espacio-tiempo como la valenciana. Brujería, sí, pero llegará.

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