Me separo de mi mujer

  • Para saciar su curiosidad les explicaré los hechos que han dado lugar a tan amarga situación y que se remontan a los inicios de la relación
Etiquetas:
24 noviembre 2015

Un acontecimiento inusitado ha irrumpido en mi vida, la debacle familiar: me separo de mi mujer, o mejor dicho, mi mujer se separa de mí. Y quiero airearlo aquí a los cuatro vientos antes de que la noticia circule por el pueblo como la pólvora y la rumorología invente cuentos que no son ciertos. Prefiero relatar de primera mano la verdad verdadera a que cuenten bulos infundados aquellos ajenos a mi vida privada. Vamos, que no quiero ser la comidilla de la cola del súper, estar en boca de los correveidiles locales contando historias inciertas, aunque luego la realidad es la que es y no la puedo negar: mi mujer se separa de mí.

Si bien es cierto que nuestra relación es sólida, esto no es óbice para que mi esposa desee separarse de mí y echar tierra de por medio, nunca mejor dicho. Sus motivos para esta separación física no los llego a comprender del todo, toda vez que nunca he sido plenamente consciente de ellos, aunque la parte afectada asevere que son lo suficientemente sólidos como para llegar a la decisión que unilateralmente ha adoptado.
Para saciar su curiosidad les explicaré los hechos que han dado lugar a tan amarga situación y que se remontan a los inicios de la relación. Según mi señora esposa no le dejo dormir. No es que esté despertándola a cada momento conscientemente, no soy tan cabroncete, sino más bien que mis movimientos involuntarios en la cama impiden que ella concilie el sueño y, cuando se sumerge en él, algunas de mis incontroladas sacudidas corporales provocan que la vigilia aparezca de repente, evitando que la somnolencia aterrice plácidamente en su persona.

Le he comentado que no es posible que mi actitud sea la única culpable de tal situación, que igual el colchón ha llegado a la edad de la renovación. Porque, ¿quién no se revuelve un poquito en la cama al darse la vuelta?, ¿quién no se ha removido en el lecho cuando el sueño no se concilia? Lo mejor era comprar un colchón y un somier de nueva generación para así solucionar el nimio problema.

Mi señora esposa ha accedido enseguida y hemos acudido raudos a la colchonería como quien acude al consejero matrimonial para solucionar un grave problema de pareja. La vendedora nos ha estado explicando la amplia variedad que nos ofrece el mercado actual: colchón de viscoelástica, de muelles, de látex, antiácaros, antihumedad, de metro cincuenta, de metro sesenta, de metro setenta… Ese, ese, el más grande dije yo. No, no, el de ochenta dijo mi mujer. Pero el de ochenta centímetros es un colchón muy pequeño, no vamos a caber y te voy a molestar más, maticé. No, no me has entendido, contestó mi mujer, lo que quiero yo son dos colchones de ochenta, mejor que uno de uno sesenta, para no molestarnos, aunque compartamos el somier. Vaya, pensé yo.

A falta de solo unos pocos meses para cumplir las bodas de plata la debacle ha tenido lugar. La separación de hecho se ha consumado, pues a partir de ahora cohabitaremos en lechos alejados, compartiremos somier pero no jergón. Juntos sí, pero no revueltos.

Pasados los días he de confesar que mi mujer tenía toda la razón, incluso mi sueño es más placentero. El problema es que ahora, cuando deseo ejercer mi legítimo derecho al matrimonio y debido a la escasa pero existente separación física, he de cumplimentar una instancia por triplicado y presentarla con dos días de antelación perfectamente rellenada, firmada, rubricada y sellada. No es nada romántico, pero para un funcionario como yo el tema de la burocracia he de confesar que me pone un poco.

Pues nada, la separación se ha consumado, aunque la misma no vaya más allá de un par de centímetros; y temblando estoy a la espera de que llegue el día en que esto no sea suficiente para mi señora esposa y me exilie a la habitación de al lado con cualquier otro pretexto. ¿Necesitaré pasaporte en ese caso? Calla, calla, que me enciendo.

Comparte con tus amigos










Enviar