Las espectaculares fiestas de mi pueblo

  • Este año sí que me lo he pasado bien en las fiestas. ¡Cómo he disfrutado!
22 Septiembre 2015

Este año sí que me lo he pasado bien en las fiestas. ¡Cómo he disfrutado! El concierto que ofreció Celtas Cortos fue impresionante, historia viva del pop-rock español. Hacía varios años que no gozaba de un acontecimiento como este, ¡y en un pueblo tan pequeño! Y el espectáculo pirotécnico de la noche del sábado…, menuda maravilla, impresionante: cuánta luz, cuánto ruido, todavía me duele el cuello de mirar hacia arriba.

Vale, sí, me habéis pillado. Esto no ocurrió en La Roda, fue en Barrax, pero está ahí al lado, a muy pocos kilómetros, y lo podemos disfrutar como si fuera propio, y sin que nuestro ayuntamiento se gaste un duro. Impresionante la inteligencia de los mandamases locales para no aumentar la deuda dejando que sean los pueblos vecinos los que nos organicen los conciertos. Además, el pregonero de los barrajeños ha sido nuestro paisano David Castro, pues este año hemos tenido duelo de deportistas pregoneros con María José de Toro luciéndose aquí en La Roda.

A pesar de todo, no tenemos nada que envidiar a nuestros vecinos. Nuestra villa, con una población ocho veces mayor, las actividades y actos, en consecuencia, han debido ser ocho veces mejor. Por suerte, no hemos tenido conciertos, librándonos de las molestias que un acto de este tipo supone por el trasiego de gente foránea ocupando nuestras terrazas; a cambio, gozamos de un acto casi continuo que es la envidia de las localidades colindantes y emblema de nuestras fiestas, un acto que atrae a cientos de jóvenes al pueblo cual flautista de Hamelín: el macrobotellón. No sería de extrañar que pronto acudieran comisiones de fiestas de los alrededores para tomar nota y copiarlo, habría que patentarlo, al igual que los miguelitos. Además, el ayuntamiento ha dispuesto sombras y urinarios públicos para darle al acontecimiento un poquito más de renombre. Se rumorea que se va a elevar a pleno una propuesta con el fin de erigir un botellódromo permanente en La Roda y así ser referente de la juventud de la comarca no solo en fiestas sino durante todo el año. Si seguimos con la racha, iniciada por el Carnaval y la Semana Santa, cualquier día lo nombran de interés turístico regional, qué digo, mejor internacional, a la altura de la Tomatina de Buñol y las Fallas valencianas.

Cuando una semana antes del comienzo de las fiestas municipales el consistorio, por medio del Plan Municipal de Drogas, iniciaba una campaña concienciando a todo el mundo, y a la juventud en particular, sobre las maldades de ciertas sustancias me preocupé bastante. Pensaba que, siendo coherentes, se iban a cargar el botellón y la carpa de día, valga la redundancia, que ya no íbamos a poder contemplar el bello y sano espectáculo que se produce en pleno Ramón y Cajal al caer la noche cuando hordas de menores descienden de la Plaza Mayor con las típicas bolsas verdes caminito del botellón. Pero por suerte no fue así, pues lo del Plan Municipal de Drogas es solo una cortina de humo. Aunque su nombre siempre me ha confundido: ¿no debería llamarse “Plan Municipal contra las Drogas”? Digo.

Una parte de nuestra juventud entiende la fiesta solo consumiendo alcohol y, en algunos casos, incluso drogas. No voy a ser yo ahora el mojigato que demonice el alcohol, pues soy un asiduo consumidor, pero no lo deberíamos entender como la única forma de diversión. Soy padre de dos hijos: uno adolescente y otro en edad de iniciarse en tan complicada etapa, y todo esto me da miedo, mucho miedo.

Yo voy teniendo una edad: en feria me divierto cenando con los amigos, tomando una copa, o dos, en buena compañía en una de las múltiples terrazas, disparando con mi hijo en los puestos de la feria, subiendo a alguna atracción con mi ahijada, viendo bailar a los amigos en el Mira Quién Baila local, cenando en la fiesta manchega, tomando churros con chocolate a altas horas de la madrugada; pero, ¿es esto todo lo que les podemos ofrecer a nuestros jóvenes como alternativa de fiestas al botellón? Mal vamos.

A lo peor queremos jóvenes anestesiados que no piensen mucho.

Este tipo de fiestas nos están saliendo muy baratas, pero a corto plazo, ya veremos a largo, que el que siembra vientos…

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