Lo que no nos pueden prometer

  • Hoy somos un pueblo sin árboles y a partir del 25 de mayo seguiremos sin árboles, pase lo que pase en las urnas
Una imagen del antiguo parque
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30 abril 2015

A saber lo que nos queda por escuchar de aquí al 24 de mayo. De unos y de otros. Pensando a lo grande, alguno podría volver a darle una vuelta a lo del aeropuerto, o al aparcamiento subterráneo de Ramón y Cajal; otro, con menos pirotecnia, podría tirar por lo de la recuperación del empleo, que siempre da mucho juego, o poner cara de intenso para decir eso de la voluntad de abrir el Ayuntamiento al pueblo, que es como decirle a una visita ocasional “Aquí tienes tu casa” mientras la empujas hacia la puerta; se podría tirar incluso por el camino de la vehemencia y anunciar puño en alto la revolusión y el poder de la ciudadanía y de las margaritas en el pelo, yo qué sé: qué buena época la de la cuaresma electoral para leer novelas largas, echar mayo persiguiendo a Moby Dick y pasar el menor tiempo posible en los periódicos y en la vida real, hasta que se haga junio.

Es que podría incluso salir alguno a prometer que se nos van a devolver las fuentes y calle por calle aquel urbanismo tosco que hemos ido cambiando por otro palurdo y deforme. Por prometer…

Pero esta vez los puntos suspensivos tienen un límite, que nos pueden prometer el festival de Eurovisión en la pista del parque o la renta básica universal, José Tomás el domingo de feria con una de Victorino o una lanzadera de la NASA en las eras, pero lo que no nos van a poder prometer para después del 24 de mayo son árboles. Hoy somos un pueblo sin árboles y el 25 de mayo seguiremos siendo un pueblo sin árboles, pase lo que pase en las urnas.

No es que fuéramos antes de ayer el Amazonas, pero tampoco éramos el desierto de Almería. Hasta que alguien dictaminó que muchos de nuestros árboles estaban enfermos y hubo que meter el motosierro. Y repoblar después con arbolillos, claro, palotejos con hojas que todavía están echando los dientes de leche y que empezarán a dar sombra de árboles cuando los hijos vayan a vernos a la Fonda, no este 25 de mayo ni el siguiente ni el siguiente. Si se hiciera un estudio serio, puede que solo nos ganara Chernóbil en el índice de las poblaciones europeas donde más enferman los árboles. El microclima este de La Roda no solo aniquila las fuentes.

Lo que agradecería la gente que alguien prometiera en su campaña electoral no avenidas de mármol ni el milagro de los panes y los peces, sino simplemente una apertura de negociaciones con Dios para atajar este microclima letal y salvar lo poco que nos queda.

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