El chiquillo y la matanza

  • En esta lección de vida el chiquillo aprendería a mirar con ojos nuevos las bandejas de plástico de carne del Mercadona y el plato de filetes de lomo que pone la madre al centro de la mesa
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26 febrero 2015

El padre que puso al chiquillo al lado del gorrino abierto en canal para hacer esta foto está educando en valores, aunque la peña histérica de amigos del gato capado esté fibrilando ahora mismo, mientras lee estas líneas.

El chiquillo, antes de la foto, vería cómo el gorrino hacía por la vida chillando y mordiendo y sacudiendo los jamones mientras los hombres lo echaban a la mesa de madera. Y luego se le mezclarían al crío en la cabeza el lamento agudísimo del animal ya degollado con la imagen poderosa de la sangre cayendo a chorro en el barreño desde el tajo abierto del cuello, y en esa colección de estampas para la posteridad se colaría también, por qué no, la de las manos de la abuela, las mismas manos que tantas mañanas le habrán acercado el tazón de Cola-Cao a la mesa de la cocina con tanto mimo como si el tazón fuera el Santo Grial, esas manos que ahora agarran el palo que da vueltas a la sangre que no deja de caer en el barreño mientras la desesperación del gorrino se va apagando y el palo sigue dando vueltas en un pequeño mar rojo y burbujeante. Y poco después andaría el crío con el olor del pelo chamuscado metido hasta el hueso del tuétano, y luego revuelto por ese otro olor caliente que sale de un cuerpo recién matado y abierto como un armario

Qué puñetazo de sensaciones de los que hacen latir las sienes llevaría el chiquillo ya entonces, a la hora de la foto, y qué lección de pura vida de las muchas que están por venir a partir de ahora y que servirán para ser no más feliz pero sí más libre. La verdad de los Reyes Magos espera a la vuelta de la esquina.

En esta lección de vida el chiquillo aprendería a mirar con ojos nuevos las bandejas de plástico de carne del Mercadona y el plato de filetes de lomo que pone la madre al centro de la mesa. La chicha blandita y abstracta es ahora una parte localizada de lo que fue un ser vivo sacrificado y destazado. La próxima vez que tire a la papelera del colegio medio bocadillo o se deje medio filete en el plato, al menos lo hará con un mayor cargo de conciencia, aunque él no se dé cuenta.

Las bandejas de Mercadona no chillan ni tienen ojos ni la ventanita de Youtube huele ni transmite las sensaciones que sí se transmiten por el aire, ni poniendo biombos para que no se vea lo feo hacemos personas mejores ni más libres ni más sabias. Los niños tienen derecho a saber que son depredadores y cómplices del matarife que degolla al gorrino; o, simplemente, tienen derecho a saber.

Y eso incluye también lo del gato capado.

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