¿Se destruirán las cuevas del castillo?

  • El historiador Adolfo Martínez García reclama en un artículo que se conserven las antiquísimas galerías subterráneas y los arcos del viejo castillo de Robda que han aparecido con la remodelación de la calle Cervantes
Desde el viernes 30 de octubre de 2014 se procedió al derrumbe del "altillo" y tres viviendas de la calle Cervantes.
Etiquetas:
17 diciembre 2014

En las recientes obras de remodelación de la calle Cervantes de La Roda se ha derruido “el altillo” y tres antiguas viviendas afectadas por dicha elevación de la calle a instancias del propio Ayuntamiento de la villa para proporcionar mayor amplitud a la vía urbana, mejorar la accesibilidad y tráfico de la zona además de proporcionar más plazas de aparcamiento, con el consiguiente permiso del Servicio Provincial de Patrimonio puesto que las obras están ubicadas dentro del “Casco Histórico” de la localidad.

Como consecuencia de la operación de derribo y allanamiento han aflorado antiquísimas galerías subterráneas y arcos que algunos ya conocíamos y visitamos “in situ” en el año 1996 y cuya investigación como pertenecientes al viejo castillo de Robda publiqué en 1997 dentro de mi segundo libro: “Paseo de reflexiones por la historia de La Roda”.

Al fondo y a la derecha se aprecian ya  los indicios de un antiguo arco como primera entrada a una cueva
Al fondo y a la derecha se aprecian ya los indicios de un antiguo arco como primera entrada a una cueva
Arcos ahora aparecidos que ya fotografié en 1996
Arcos ahora aparecidos que ya fotografié en 1996

Algunos viejos arcos que pertenecen a las últimas galerías que aún podemos contemplar y arqueólogos entendidos deberían investigar de una vez por todas por ser el último vestigio antiguo de la localidad, cruzan los corralones hoy explanados y calle colindante con la iglesia, encaminándose directamente hacia ella en una longitud que no pude entonces comprobar totalmente por precaución o miedo a un derrumbe, porque un último arco que alcanzaba mi vista estaba medio tapado de tierra, pero que se adentraba bastante en el cerro donde se ubicaba el castillo y está la iglesia parroquial, según pude comprobar desde el exterior con la ayuda de una brújula y los pasos contados en el recorrido interior.

Los dueños entonces eran Ricardo Moya y Rosa García y me acompañaron en el recorrido sus nietos Ricardo, Maite, Maribel y Simón, dos de ellos alumnos míos en Primaria.

Cruce de galerías con recios arcos de viejos ladrillos macizos y piedras,  fotografiados en 1996.
Cruce de galerías con recios arcos de viejos ladrillos macizos y piedras, fotografiados en 1996.

Además de fotografías hice un corto rodaje con mi cámara de super-8. (Pero la adquisición primera al ayuntamiento de aquellos grandes y viejos solares del pueblo la hizo muchísimos años antes Juan García y González, cuya propiedad fue conocida popularmente como la “Casa de Cordobés” porque una de sus hijas estaba casada con un farmacéutico con ese apellido).

Sabemos que hubo otras galerías subterráneas en aquella casa y otras viviendas colindantes que, una contenía un pozo de agua potable, otra pasaba por un espacio adornado con columnas por donde jugaban las hijas y las amigas del que fue alcalde de La Roda, don Juan García y González.

Desde niños, muchos que hoy ya tenemos bastantes décadas de existencia, habíamos oído hablar a varios ancianos de las míticas cuevas del castillo de La Roda, y la lógica curiosidad e intriga que el tema despertaba en nuestras mentes nos hizo a algunos buscar de adultos la información escrita existente:

La primera nos la proporcionaron los regidores locales del año 1579 en las llamadas “Relaciones Topográficas de Felipe II” que testimoniaron las ruinas del castillo, sus anchos cimientos, cuevas, aljibes, minas y contraminas.

En 1668 ante la visita a la localidad de la reina Mariana de Austria, madre del rey Carlos II, se volvieron a mencionar las ruinas y cuevas existentes del castillo, en donde vivían varias familias moriscas que trabajaban en la construcción del templo parroquial y que, ante la mala imagen que presentaban sus oquedades y piedras desmoronadas, se hicieron tapar y disimular con grandes ramajes.

En 1787 el cura de la villa Jerónimo de la Serna, informó de las ruinas del castillo al cartógrafo y geógrafo don Tomás López para su conocido diccionario. Y también existen varias actas de acuerdos municipales durante los siglos XIX y XX en las que se especificaban los diversos desmontes, arreglos y embellecimiento de los solares que rodeaban al templo parroquial y albergaban todavía abundantes ruinas de cubos, aljibes, cuevas y restos de muralla pertenecientes al derruido castillo, decidiendo en los acuerdos que sus piedras fueran aprovechadas para crear paseos, arreglar calles, caminos, tapar la balsa que luego fue el parque, etc.

Yo me limito a señalar la existencia de las, posiblemente, últimas cuevas y galerías del castillo rodense, puesto que otras anteriores que fueron apareciendo con la misma orientación radial hacia la cumbre del cerro, fueron en su momento silenciadas y destruidas; (y por citar alguna recordaré las obras para los locales del entonces llamado P.P.O. también perteneciente a Cáritas o a la parroquia, en cuyas obras me consta que se descubrieron grandes galerías y alguna antigua moneda de origen desconocido).

Ahí están aún aguantando con sus arcos estas últimas galerías tras la actuación de las máquinas del derribe de las casas y allanamiento de estos solares cercanos a la iglesia. Y seguramente habrá quien piense como yo, ¡que deben ser conservadas! Como debería ser conservada originalmente y antes de que desaparezcan todas, alguna mina de tierra blanca como primer origen de nuestra antigua industria y de sus viejos molinos, embriones de nuestras modernas fábricas de pintura.

En el futuro, por ejemplo, podría añadirse a la ruta turística de los escudos, la visita a las cuevas del castillo, las minas de tierra blanca, la de algún viejo molino, del “Centro Cervantino” (libros y posada), alguna típica y tradicional bodega, más la fabricación artesanal de quesos, la proyección de “La película de La Roda” de 1933, etc. etc. ¡Una amplia ruta cultural y turística por nuestro pasado que, bien estructurada y difundida, también daría beneficios económicos!

Salvando las distancias, hay importantes localidades históricas en las que cada día aparece algún viejo resto de su pasado y no lo destruyen, sino que lo conservan paralelo a la nueva construcción moderna que realizarán, dándolo a conocer a la posterioridad con una utilidad turística y cultural. Pero también hay lugares sencillos y cercanos en donde han sabido conservar algunos útiles de su pasado y los muestran ahora con orgullo y peculiaridad, como en el restaurante “La Venta”, cerca de Minaya, en donde a través de un recio cristal que pisamos podemos admirar el subsuelo con elementos antiguos rescatados de la destrucción. Algo parecido, a través de recios cristales que cruzábamos andando, recuerdo haber admirado en un bar de Cartagena ¡ con restos cartagineses y romanos! mientras nos tomábamos una cerveza en el local cuyo dueño había sabido ensamblar perfectamente ambas épocas, la antigua y la moderna.

¿Qué ocurrirá en La Roda? Todo puede compaginarse sin perjudicar la futura y moderna construcción. Sólo hace falta imaginación para el presente, un gran respeto por el pasado y mejor perspectiva de futuro.


(Artículo publicado en el blog del historiador Adolfo Martínez García)

Comparte con tus amigos










Enviar