Mi querida España… esta España nuestra

  • Mientras 12 millones de españoles viven inmersos en la pobreza, la fortuna de las 20 personas más ricas del país se ha visto aumentada en 12.300 millones de euros durante el último año
12 noviembre 2014

Leo con preocupación y bastante mala leche que 12 millones de españoles, careciendo de medios y recursos para sostenerse por sí mismos, viven inmersos en la dura realidad de una injusta exclusión social. 12 millones de personas marcadas por la indigencia, estigmatización y desarraigo, que se dice pronto. Pero además, por si eso fuera poco, descubro que 800.000 niños engordan actualmente las terribles estadísticas de pobreza infantil hasta alcanzar un vergonzoso y demoledor 36,3%.

Los datos recogidos por UNICEF y Cáritas en dos nuevos informes presentados estos días, vuelven a desmontar la teoría pregonada por los charlatanes de turno que tan descaradamente intentan convencernos de vivir en un idílico país de fantasía, rebosante de felicidad y bienestar, lleno de florecitas y arco iris, donde siempre brilla el sol gracias al excelente momento económico que dicen haber logrado para nosotros. Perdonen ustedes que me ría. Nada más lejos de la realidad. Los datos están ahí, a pie de calle -que es donde realmente se vive la situación- y son los que son. No hay más vuelta de hoja. España va bien, sí… pero sólo para unos cuantos, no para la mayoría. Por eso, no me vengan con milongas, como si estuviéramos encerrados en una burbuja sin enterarnos de nada.

En el lado opuesto, la fortuna de las 20 personas más ricas del país se ha visto aumentada en 12.300 millones de euros durante el último año. Eso supone unas ganancias de hasta 24.000 euros cada vez que ven pasar un minuto en sus relucientes Rolex. Así que para ellos, es lógico que no exista problema alguno y se atrevan a hablar de progreso. ¡Faltaría más! Valga como ejemplo un dato significativo: Si Amancio Ortega despertase una de estas mañanas con la obsesión de pulirse un millón diario, necesitaría 127 años hasta ver puesto a cero el saldo de su cuenta corriente y experimentar la amarga sensación de una vida repleta de carencias; algo a lo que, por desgracia, debe enfrentarse habitualmente la mayoría de ciudadanos en nuestra piel de toro.

Según Oxman Intermon, España se ha convertido en el segundo país más desigual de toda la Unión Europea. Es decir, que los ricos son más ricos y los pobres son más pobres aumentando la diferencia entre ambos extremos hasta límites nunca vistos. ¿Quiénes son los perjudicados por esta política de creciente desigualdad? Los de siempre, los de abajo, los que menos tienen; porque ni el frutero de la esquina, el albañil o el parado acaparan más interés que un simple número inscrito en el censo electoral cada cuatro años. El poderoso con influencias es quien manda. Hoy por ti, mañana por mí; te ayudo a ganar más pasta y ya se me ocurrirá alguna forma de devolverme el favor. Lamentablemente, así funciona esto.

Con su respuesta política a la crisis, el Gobierno ha derrumbado el progreso social de millones de familias. Se ha fulminado radicalmente a la llamada clase media para hacer más fuerte al rico. Aumenta la brecha salarial, el desempleo y el desánimo entre la población mientras otros llenan sus bolsillos amparándose en un selectivo sistema pensado a medida por su propio beneficio. Unos pasan hambre y otros sacan tajada de ello.

La reforma fiscal anunciada con “ventajas” por Cristóbal Montoro, supondrá un nuevo regalo a favor de las rentas más altas y grandes fortunas, maquillando lo que interesa y ocultando las sorpresas escritas en letra pequeña. ¿Pretenden equilibrar la balanza? No. Ni muchísimo menos. Economistas, catedráticos y académicos expresaron recientemente su desacuerdo a través de un manifiesto en el que hablaban de “un paso más hacia el desmantelamiento del sistema de impuestos, prestaciones y servicios públicos”.

Por supuesto, en la injusta descompensación social existente en el país, mención especial merecen aquellos otros caraduras que, aprovechándose del cargo, intentan garantizarse un cómodo retiro llenando sus cuentas suizas de pasta salpicada por chanchullos y corruptelas. A través de un estudio, la Universidad de Las Palmas estimaba en 40.000 millones anuales el coste social del fraude que, para más vergüenza, debemos asumir todos los españoles; así que, teniendo en cuenta los terribles datos ofrecidos al inicio de este artículo, resulta inevitable pensar lo extremadamente fácil que sería acabar con las necesidades básicas de esos 12 millones de excluidos sociales y 800.000 niños en categoría de pobreza.

Pues sí. Tan sencillo como recuperar y aprovechar hasta el último céntimo robado o conseguido de forma ilícita por la manada de corruptas hienas carroñeras pilladas con las garras en la masa en sus oscuras madrigueras. Y es que, como dice Sor Lucía Caram con tanta razón: “Hay mucha miseria porque hay muchos miserables. No basta pedir perdón, hay que pedir justicia”. Efectivamente. Así es… y así se resume todo.

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