Llega el buen tiempo.
A ver lo que dura

  • Reflexión tras las victorias de La Roda y el Albacete
07 abril 2014

Vaya por delante nuestro agradecimiento más sincero a unos chavales, Alberto, Espínola, Jordi Pablo, Bocanegra, Rubén Cruz… Y otros muchos, hasta veintitantos, que nos procuraron un lunes plácido, radiante de sol y de satisfacción futbolera. Hemos hecho acopio de periódicos y en todos pone lo mismo: jornada redonda para los equipos albaceteños de Segunda B. Los blancos afianzan su preponderancia, los rojos dan un salto casi decisivo para evitar el vacío.

Empezamos por la mañana, perdonen la perogrullada, que es por la mañana cuando se empieza casi todo. En el Pedro Escartín, de Guadalajara, se jugaba el líder su condición y el Depor –perdonen el atrevimiento los de A Coruña- sus posibilidades de meter la cabeza en el grupo de elegidos que disputarán las eliminatorias de ascenso. Suele ocurrir que el Alba sale con pijama y legañas cuando juega a deshora, por eso mismo debe ser que a Luis César no le gustan los compromisos matutinos, de manera que, a las primeras de cambio, nos meten en toda la boca y se aprovechan de nuestro mareo consiguiente para darnos un meneíto que a punto estuvo de tirarnos de espaldas a la lona verde. Como juveniles defendían los nuestros en esos primeros minutos. Como juveniles malos.

Menos mal que ellos no acertaron y que nosotros espabilamos. Menos mal. Lo que ocurrió a continuación fue que el Alba empezó a jugar a lo que sabe, le quitó la pelota al Guadalajara y empezó a llegar por la derecha, por la izquierda y por el centro. Se vino arriba, vaya. Empatar era, pues, cuestión de tiempo, el mismo que transcurrió hasta que el “matador” Rubén Cruz mandó una falta clara al borde del área a la escuadra derecha de la portería de Álvaro Campos, previo amago de Indiano que cedió el protagonismo amablemente al goleador del equipo. Se cambiaron las tornas y, a partir de ahí, fue el equipo morado el que acusó el golpe y el que anduvo deambulando durante muchos minutos, a merced de un rival que tiró de repertorio.

Nada más reanudarse el partido, va Borja Navarro, que vino para golear, y se prepara una en el área rival para definirla como hacen los buenos delanteros, abajo, donde crujen las costillas de los porteros. Y de ahí en adelante intercambio de golpes, porque el Guadalajara era consciente de que el traspiés le ponía muy difícil el objetivo. Dos balones a la madera, un para cada uno, más claro el de César Díaz, que pudo sentenciar, y oportunidades repartidas que terminaron en el limbo. Hasta que llegó él. Se debió sentir agraviado el señor colegiado que estaba pasando desapercibido en medio de tanta expectación y se inventó un penalti de esos que te quitan la fe en la justicia. Penalti es pena máxima, señor. Y la pena máxima se aplica para castigar un delito muy grave. Lo de Pol Bueso con el tal Rida no fue nada de nada, un roce si acaso, un lance que no contempla el Reglamento porque no alcanza peso. Menos para él.

Al tal Ais Reig, que es valenciano como casi todos, se le puso en salva sea la parte que aquello no podía terminar así y se fue al punto fatídico. Que me perdone su familia pero no me pude contener. Menos mal que allí estaba Alberto.

Por la tarde, sol radiante y expectación en el Municipal de La Roda. Visitante con pedigrí, que se trajo ayuda de Cartagena, unos doscientos y pico, y que venía a refrendar su posición de privilegio. Nada más empezar aquello, va Espínola y se saca un pepinazo desde la frontal. Empezamos bien. La cuestión es que, a partir de ahí le brindamos, como buenos anfitriones, a nuestro excelso huésped, la posesión del campo y de la pelota, que nos duraba menos que un cantar sevillano. Lo del empate del Cartagena era un mal menor y una cuestión de tiempo. Bocanegra estaba en estado de gracia y los cartageneros bastante torpes a la hora de traducir un dominio por momentos aplastante. Me hubiera apostado mi patrimonio, con pe, a que nos empatarían tarde o temprano.

Perdónenme pero no entiendo de futbol. No me explico lo que ocurrió en los vestuarios. Qué fue lo que dijeron los entrenadores. El caso es que cuando volvieron a salir los futbolistas empezó otro partido. Esta vez, La Roda C.F. aguantaba el balón y el Cartagena se perdía en intentos lejos de Bocanegra, de forma que transcurrían los minutos inexorablemente, con un equipo rojillo muchísimo mejor asentado y con un rival menos dañino y que cuando conseguía acercarse volvía a toparse con el portero local, su bestia negra ayer por la tarde.

Ni los gritos de Efesé, Efesé, ni los cambios que ordenó Tevenet surtieron los efectos perseguidos. El equipo rojillo se defendía con orden y contraatacaba con peligro, fundamentalmente cuando se encontraban Del Moral y Jordi Pablo. Y seguían pasando los minutos. Empezamos a creer que aquello podía ser, aunque seguíamos sin entender las razones de un cambio tan radical, debió ser que Sánchez de la Nieta les dijo algo. Digo yo.

Lo cierto es que el Cartagena no remontaba y que La Roda se lo iba creyendo cada vez más. Tanto se lo creyó Jordi Pablo que probó a ver si sorprendía a Limones, que es un portero grande que se viste haciendo honor a su apellido. La primera vez estuvo a punto y en la segunda, falta a la altura de La Miliaria, más o menos, le mandó un misil tierra-aire que se tragó el susodicho entre el estupor de los aficionados blanquinegros y el regocijo de los de casa, que adivinaban el golpe como definitivo. Total, que la procesión no termina hasta que no entra el último nazareno y que esto del fútbol no hay quien lo entienda. Por fortuna.

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