Tres ultrajes

  • Ojalá todos los problemas fueran tan fáciles de solucionar como la pintada del Monolito
20 marzo 2014

Que alguna de las cientos de personas que vinieron a La Roda en las llamadas marchas de la dignidad hiciera una pintada en el Monolito no está bien. Decimos alguna, porque no creemos que estuvieran cien mirando y una pintando; más: ni siquiera sabemos si quien lo hizo era de fuera, aunque todo apunta a que sí, y a que tiene serios problemas de comprensión lectora, de conocimientos de historia y de educación.

Nuestro alcalde, Vicente Aroca, en pleno uso de sus facultades, viene ignorando de forma deliberada y chulesca desde hace varios años la Ley de Memoria Histórica, que exige la retirada de símbolos de la dictadura franquista. Es decir, el alcalde incumple deliberadamente la ley y deja la puerta abierta a interpretaciones varias sobre sus sentimientos hacia el dictador Franco. Los marchantes por la dignidad lo han denunciado por incumplimiento de la Ley de Memoria Histórica. Sin hacer pintadas en el juzgado ni nada por el estilo, con civismo y educación.

Una vecina de La Roda tiene que ser operada de la rodilla. El servicio público de salud de Castilla-La Mancha le comunica que, para agilizar y ahorrar costes (¿?), se vaya a más de 200 kilómetros del pueblo, a una clínica privada de Madrid y, que lo haga por sus propios medios, que ya se le abonará el billete del Alsa, del Regional Exprés o la gasolina del coche.

Estas tres cosas han sucedido esta semana en el pueblo. La primera se soluciona con un cepillo de cerdas duras y aguarrás. Las otras dos no son tan sencillas.

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