Yo de mayor quiero ser Belén Esteban

  • Madre coraje la llaman los incondicionales de la telebasura, y se quedan tan anchos
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19 febrero 2014

Tarde antártica en la capital del Reino; otra más, como las muchas que azotan el duro invierno madrileño. A pesar del frío extremo, una ingente avalancha humana se extiende en Preciados hasta convertir en ridículas esas interminables listas de espera quirúrgicas de las que hablaba aquí mismo hace algunos artículos. En perfecto orden militar y bajo un estricto dispositivo de seguridad, cientos de personas avanzan lentamente, pasito a pasito, buscando alcanzar la merecida recompensa a sus tres horas y medias de paciente espera.

No guardan turno para comprar un décimo en la vecina Doña Manolita. Tampoco están ahí para exigir al Gobierno medidas efectivas contra la crisis ni buscan la oportunidad laboral de sus vidas en una entrevista de trabajo currículum en mano. No es eso, no. Van a la caza de un libro; la novedad editorial de moda, la magna obra que todos desean tener en casa para lucir con orgullo en la estantería del salón junto a las aventuras sexuales del multimillonario Christian Grey. Y si además está firmado, ya ni te cuento. Ejemplo de cultura y pasión por las letras. Para que luego digan que en España no se lee.

Y aparece la protagonista dándose un baño de masas ante el populacho que la aclama con aplausos, vítores y gritos de guapaaa guapaaa. “Está mejor que en la tele”, dice una señora; “los tiene bien puestos la chiquilla”, comenta otra con la devoción de haber visto una aparición mariana. Es ella; la de “Andrea, coño, cómete el pollo”, “yo por mi hija… maaa tooo” y “me he esterilizado la nariz”. Pues sí. La Esteban, la ex de Jesulín, la de las uvas en Nochevieja, la que grita en la tele con ese tal Jorge Javier, la princesa del pueblo, la reina del papel couché, la madre valiente, la madre ejemplar, la madre coraje, la madre… que la parió.

Madre coraje la llaman los incondicionales de la telebasura, y se quedan tan anchos. Coraje, y mucho, el que sinceramente siento al escuchar semejante barbaridad en boca de algunos. Para madre coraje, la que revienta en lágrimas en el spot del proyecto Becas Comedor Educo al consolar a su hija diciendo: “Mira, cielo. Esto es un bocata mágico; pan con pan y nosotras nos imaginamos lo que hay dentro”, descriptivo ejemplo del drama sufrido por muchas familias españolas. Madre coraje la que sacrificándose por el bienestar de sus hijos, sola, sin recursos ni ayuda de ningún tipo, se deja la vida entera por ellos y aprovecha la soledad de la noche para desahogarse llorando amargamente. Así que, por favor, no me vengáis con estupideces al confundir un término tan serio y admirable con la vida y obra vendida sin carencias, siempre a golpe de cheque al mejor postor, por la mediática y despechada barbie poligonera.

Y es que dan ganas de hacerse el harakiri ante semejante panorama: El programa más visto de la televisión nacional, Sálvame de Tele 5; el libro más vendido, “Ambiciones y reflexiones”, de Belén Esteban, escrito por su ghostwriter (nunca me ha gustado la denominación española) Boris Izaguirre; la canción más vendida en iTunes, batiendo records el mismo día de su estreno, “Así soy yo” de Kiko Rivera… Y mientras tanto, medios de comunicación serios, librerías, editoriales, tiendas de música, compañías discográficas, autores, cantantes y bandas con una calidad enorme, se ven arrastrados al abandono porque, sencillamente, ya no tienen sitio en este mercado.

Bienvenidos a un país de genios en el que triunfa lo cutre, el engaño, el lograr una cierta posición social a base de trepar pisándole el cuello a quien haga falta; la sede del mamoneo, donde el personal con talento -que lo hay, y mucho- se ve obligado a emigrar mientras observa impotente a los más pintados caraduras subiendo como la espuma por contar con quién se acuestan. Bienvenidos a la tierra del intrusismo profesional donde el popular vástago de la folklórica, alimentando su repentino ego de DJ con un caché nada envidiable al de David Guetta, es contratado con dinero público por ayuntamientos como el de Alcantarilla. Bienvenidos al país donde una concejala de Los Yébenes, tras filtrarse uno de sus vídeos íntimos, pone en pie de guerra a las feministas más radicales de la nación por no respetarse su dignidad como mujer, exigiendo anonimato ante la avalancha informativa, pero aceptando después encantada la atractiva oferta económica que la invita a posar dos veces en pelota picada junto a remuneradas exclusivas y continuas apariciones mediáticas.

Es la nueva identidad de un país que eleva a los altares a los más jetas del circo televisivo; la España del “yo paso de política porque esto no va conmigo pero, eso sí… no te metas con mi Esteban porque yo por ella maaa tooo”; la de una generación de niños que sustituyen sus sueños de crecer para convertirse en profesores, científicos o cirujanos por la banal aspiración futura de dedicarse al famoseo y trincar pasta fácil imitando a los ídolos que desfilan en la caja tonta. Claro ejemplo supone la espontánea reacción de aquella entrañable criatura, en su particular mundo de infantil inocencia, a la que en cierta ocasión preguntaban: “¿Y tú qué quieres ser de mayor, bonita?”. Muy segura de sí misma, sin pensárselo dos veces, la niña levantaba su mirada, sonreía entusiasmada y respondía bien alto: “¡Yo de mayor quiero ser Belén Esteban!”. Y eso, a mi me da miedo; mucho mucho miedo.

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