¡Claro que se puede!

  • Recientes acciones ciudadanas, como la Marea Blanca o Gamonal, han demostrado que los ciudadanos pueden cambiar las cosas
Foto: Barcex
05 febrero 2014

España despierta, levanta la voz, protesta y abandona el limbo donde tan resignadamente ha permanecido encerrada en los últimos años. Santa paciencia al agachar la cabeza y recibir repetidas collejas estampadas con fuerza en la nuca; sin respiro, una tras otra ante la parsimonia demostrada. Pero todo tiene un límite si lo que está en juego es nuestro propio futuro moldeado al antojo de unos cuantos; y al final, el pueblo estalla. Aún queda mucho por hacer en este sentido, pero las recientes acciones ciudadanas han demostrado que, indudablemente, entre todos podemos exigir respeto y dirigir el cambio. Se puede. ¡Claro que se puede! El silencioso conformismo no sirve de nada en un momento tan desesperado como desesperante, así que ya está bien de mamandurrias, que diría alguna. Es obligación de quienes nos gobiernan trabajar para el pueblo que los ha subido al poder, no sólo para unos pocos ignorando las voces contrarias de la inmensa mayoría; porque como explica Wyoming, “Rajoy no es el puto propietario [del país], es el administrador”. Y así es. A ver si se enteran de una puñetera vez.

“Sanidad, sanidad… Sanidad, te quiero… Pública y de calidad, pública y de calidad, para el mundo entero”, coreaba el colectivo Marea Blanca en sus movilizaciones contra la privatización de seis hospitales madrileños. Y lo han logrado con su empeño. Han ganado la batalla en una guerra librada a golpe de batas blancas, megáfonos, recogida de firmas, concentraciones reivindicativas y 14 procesos judiciales. Así que ahora es la misma Esperanza Aguirre, la de las citadas mamandurrias, esa incansable maestra en demagogia y populismo, alma mater del tan soñado plan privatizador, quien recibe una sonora colleja por la suspensión cautelar del proceso y su impuesto abandono. Dimite el consejero, que ya es algo en un país donde todos nuestros políticos están anclados al cargo con toneladas de superglue, aunque los que quedan sigan empeñados en hacernos creer que la movilización ciudadana no ha tenido nada que ver con esto. En su línea, vamos, para no variar. El presidente de la Comunidad ya piensa en retomar el proyecto junto a la propia Aguirre, quien con dosis de cinismo propias de quien no es capaz de aceptar la derrota, confiesa prepotente no darse por vencida. Por cierto, ahora que lo pienso… ¿No anunció esta señora entre llantos hace un par de años su retirada de la política activa por considerarla una “actividad temporal” y vivir más cerca de los suyos dedicándose a sus nietos, sus hijos, su marido, su madre y sus siete hermanos? No es por nada. Es que está en todas partes. Simple curiosidad.

Pero el de la privatización sanitaria no ha sido el único mazazo popular y judicial asestado contra un proyecto del gobierno popular en los últimos meses. Aburrida una mañana, despierta De Cospedal (como sé que anda por ahí pidiendo que quiten el “de” en su apellido, yo se lo pongo) y no se le ocurre otra cosa que dejar sin servicio nocturno de urgencias a 21 municipios de Castilla-La Mancha. Así que de golpe y porrazo, de la noche al día, sólo porque a ella le da la gana y le apetece, unos 100.000 ciudadanos se ven sometidos a la voluntad divina para no enfermar fuera del horario establecido. Indignados, los vecinos salen a la calle, protestan, gritan, lloran de impotencia y la Presidenta los ignora… hasta que llega el Tribunal Superior de Justicia y da la razón a los ayuntamientos afectados derogando la medida unos días después de ponerse en marcha. ¡Toma ya! ¡Zaaasssssss! Colleja también para María Dolores. Otro proyecto contra el pueblo interrumpido por el mismo pueblo en su estado de ira y desaprobación con las medidas de un gobierno autoritario acostumbrado siempre a barrer hacia su propia casa.

Y por supuesto, Gamonal. No podía faltar como referencia obligada al espíritu de lucha necesario para defender los intereses ciudadanos. El barrio burgalés nos ha enseñado a perder el miedo a la protesta, encendiendo una mecha decisiva junto a plataformas y colectivos que hace tiempo empezaron a salir a la calle. No se puede llegar arrasando y hacer lo les que venga en gana. Se han acostumbrado a eso, pero ya no sirve aunque intenten callar las voces alteradas con normas tan restrictivas como la mal llamada Ley de Protección para la Seguridad Ciudadana.

El año pasado se autorizaron más de 44.000 manifestaciones, según datos ofrecidos por el Ministerio del Interior. Aún así, Fernández Díaz sigue viendo “poco razonable” cualquier tipo de protesta en una etapa donde, según su criterio, España se encuentra caminando por la senda del crecimiento. ¿La senda del crecimiento? Perdone usted que me ría, pero estos días conocíamos unos datos demoledores que afectan al sector más débil y preocupante de la población española en crisis: los niños.

En un informe presentado por la ONG de infancia Save The Children, en España ya se cifra el riesgo de pobreza infantil en 2.826.549 menores, lo que supone un aumento de 267.600 respecto al año pasado. Es decir, que uno de cada tres niños españoles viven bajo el umbral de la pobreza en 1.800.000 hogares sin ningún tipo de ingreso y con toda la familia en paro. Así que, una vez más, la senda de la recuperación, los brotes verdes y esas estupideces que jamás llegaran a entender los que siguen pasándolo mal, demuestran ser una ensoñadora utopía de este Gobierno empeñado en maquillar los datos reales de una situación devastadora para el país.

Así que tenemos motivos suficientes para seguir espabilando y no callarnos, a gritar si algo está mal y defender sencillamente aquello que nos pertenece. Los que imponen las normas se irán o serán relevados del cargo a cambio de un suculento puesto vitalicio en cualquier multinacional, asegurarán su vida a base de corruptelas y dejarán sus cuentas saneadas para años venideros… después llegarán otros y vuelta a empezar. Sin embargo, nadie está autorizado a jugar con nuestro futuro. Por eso, acordémonos de la Marea Blanca, la PAH, Stop Desahucios, los vecinos de Tembleque o del barrio de Gamonal… y pensemos por un instante que es el pueblo quien sostiene a los políticos y no de forma inversa. Se puede; por supuesto que se puede y está en nuestra mano. Es muy fácil. Sólo hay que perder el miedo a hablar y gritar “basta ya” cuando sea necesario.

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