La lista de la lista

  • Y estos días va y me cuenta Julio Jesús en el Crónica que hay dolores más dolorosos que otros, que el dolor es proporcional al grado elevado en el que te encuentres situado en el escalafón político
17 diciembre 2013

Mi no tan resignada madre soporta habitualmente unos dolores intensos de espalda. La solución es fácil: una sencilla inyección que paraliza parte de los nervios de la zona afectada, algo parecido al Botox he creído entender, y que tiene como positiva consecuencia que los dolores remitan. Pues bien, después de tres meses de espera, hace unas cuantas semanas tendrían que haberle hecho tan rápida intervención; pero no, se suspendió, y hasta ahora, que seguimos esperando “sine die”, vamos, sin saber cuándo la van a operar. Y ya van cuatro meses. Menos mal que con los inocuos parches de morfina va tirando.

Y estos días -cólera intensa- va y me cuenta Julio Jesús en el Crónica -rabia desatada- que hay dolores más dolorosos que otros -ira profunda-, que el dolor es proporcional al grado elevado en el que te encuentres situado en el escalafón político; es decir, que cuanto más poder toques, el dolor que afecta a tu familiar es más intenso; por lo tanto, más urgente de operar. El dolor de la mujer de un consejero es mayor que el de mi madre y a su vez este primero es menor que el dolor que pudiera tener la Dolores de todos los dolores, que si alguna vez, Dios no lo quiera, a nuestra princesa del reino central se le rompe una uña, visto lo visto, desalojan toda la planta de un hospital para proceder a la reconstrucción. Vamos, que nos tenían engañados, que el dolor de los dolores, el dolor más inhumano, no es pillarse los cojones con la tapa de un piano.

Yo, de todas formas, no estoy para nada satisfecho con el formato actual de listas de espera. Ordenar a los pacientes según la urgencia y el tiempo que llevan en esta no es del todo equitativo, es algo demasiado subjetivo: ¿quién tiene más dolor?, ¿el que más grita?; pues yo tengo una hermana que debería de estar la primera en cualquier lista, menudo “garlito”. Además, hemos visto que hay listos que se pasan la lista por el forro de las gónadas (por no repetir cojones, palabra fea donde las haya); y ya que el hecho de que llegues a la mesa de operaciones es muy parecido a un juego de azar, sería mucho más objetivo el sistema de la lotería, de gran raigambre en nuestro país, sobre todo la muy cercana ya lotería de Navidad. Coincidiendo con este sorteo se haría otro paralelo y público en el que, previamente, se repartirían los números correspondientes a todas aquellos pacientes del sistema público de sanidad que estuvieran pendientes de algún tipo de intervención quirúrgica. Al que le tocara el gordo se operaría de lo que le viniera en gana y los agraciados con la pedrea pasarían a configurar la nueva lista de espera. De los más imparcial.

Igual a nuestros políticos también deberíamos elegirlos mediante sorteo. El sistema de una persona un voto con listas cerradas elaboradas a su conveniencia por los líderes de turno no está funcionando; y además, nos ha traído una casta política que no nos gusta. Con la popular lotería pasaríamos de “una persona un voto” a “una persona un décimo”. Todos tendríamos las mismas oportunidades de llegar a ser un cargo público y así poder colar a nuestro familiar el primero en una lista de espera, nombrarle cargo de libre designación, concederle arbitrariamente una subvención, una contrata, un chanchullo cualquiera. La democracia en estado puro. Para qué vamos a estar con la tontería y el gasto de votar si da lo mismo quién se siente en la poltrona. Al final son los mercados y Angela Merkel, valga la redundancia, los que rigen nuestros destinos y nuestras listas de espera. Carlos Fabra, con este sistema y con la fortuna que tiene con la lotería, habría sido ya presidente de gobierno en varias legislaturas y tendríamos ya el ansiado aeropuerto de mercancías en La Roda; y otro en Barrax, dos en La Gineta, uno en Minaya, un par en Fuensanta…

Mientras que este mundo ideal llega y visto lo visto, voy a ver a quién me arrimo para que me meta en una lista de esas con las que se accede a un cargo político. Seguro que formando parte de la lista consigo ser más listo que los otros listos y coloco a mi madre la primera en la lista. Porque la familia siempre es lo primero, que diría don Vito.

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