En lista de espera

  • En octubre del año pasado, la esposa de Marcial Marín fue incluida en la lista de espera quirúrgica del Hospital Universitario de Albacete para ser intervenida de una hernia discal
  • En 15 días, se colocó la primera de la lista y fue operada. Había 319 pacientes en esa lista esperando
Foto: Irekia
11 diciembre 2013

Que el sistema sanitario en Castilla-La Mancha está hecho unos zorros, es algo incuestionable. Es cierto que en toda España lo está por una política absurda de recortes en los servicios básicos y despilfarro en otros asuntos más discutibles; pero nuestra región se encuentra en una situación bastante delicada y eso es más que evidente, aunque el Consejero de Salud, José Ignacio Echániz, se empeñe en convencernos de todo lo contrario. Y eso, sin duda, se aprecia muchísimo mejor desde la sala de espera de cualquier centro médico que desde el cómodo sillón de piel de un despacho en la toledana Avenida de Francia.

Recuerdo a aquella vecina de Honrubia que, ante las cámaras de la Sexta y en un derroche de espontaneidad y sabiduría popular, definió mejor que nadie la situación provocada por el frustrado plan del Gobierno castellano-manchego al pretender interrumpir el servicio nocturno de urgencias en 21 centros de la región: “No te pongas a las nueve, que no te vale el santolio. Como te dé una miaja de apechusque… las roscas”, decía en aquella mítica aparición fugaz dentro del informativo de la sobremesa. ¡Cuánta razón tenía la señora! Y lo peor no es eso. El “santolio” en pleno tendrá trabajo extra si nuestro nombre queda inscrito en una base de datos junto a otros enfermos pendientes de operaciones, pruebas, diagnósticos y consultas que, en el peor de los casos, podrían no producirse por llegar demasiado tarde. A pesar de todo, hay quien parece tenerlo muchísimo más fácil en función de su cargo o influencias, subiendo en las listas con más rapidez que el nuevo single de Lady Gaga.

En octubre del año pasado, la esposa del Consejero de Educación de Castilla-La Mancha fue incluida en la lista de espera quirúrgica del Hospital Universitario de Albacete para ser intervenida de una hernia discal. Pero claro, no era simplemente una paciente llamada María Fernanda Gómez, sino la mujer de uno de los pesos pesados del equipo de Cospedal; así que no la hicieron esperar demasiado. Quince días más tarde, el camino hacia la mesa de operaciones se abría ante ella como Moisés en aguas del Mar Rojo, pasando alegremente por encima de 319 pacientes y -lo que es más indignante- con 20 de ellos soportando durante un año la atroz espera para someterse a la misma intervención. ¡Olé qué bien! Eso es llegar y besar el santo. ¡Menuda suerte tienen algunos! No quiero pensar mal… ¿o sí? Pero lo cierto es que algo huele raro en este asunto.

Los medios nacionales se han hecho eco de la noticia al filtrarse el dato un año después; y las reacciones, más que lógicas teniendo en cuenta como está el panorama para los demás, no se han hecho esperar. “Mi mujer tenía fuertes dolores”, argumenta Marín. Pues claro que sí; supongo que como todos los que estaban delante de ella, pero sin la suerte de contar con alguien capaz de mover hilos desde los altos niveles y acelerar el proceso evitando así la tan angustiosa espera.

El caso es que estoy pensando que lo mismo os han pillado con las manos en la masa, Marcial; y si eso fuera así, no estaría nada pero que nada bien. No no no… No creo que sea lo más correcto en unos tiempos en los que las listas de espera para someterse en España a una operación quirúrgica aumentan hasta cifras verdaderamente alarmantes por vuestra política de ajustes; en los que miles de personas viven a cada minuto pendientes de un rotulador rojo con el que marcar en el calendario una simple fecha que no termina de llegarles. Recortes presupuestarios, reducción de camas en hospitales, despido de personal sanitario, cierre de centros, guardias localizadas, medicamentos retirados de la financiación pública, repago, eliminación de servicios… medidas puestas en marcha para reducir gastos, con todo lo que eso supone para el perfecto desarrollo de un derecho que la propia OCDE califica de preocupante en nuestro país, especialmente en los grupos de población con renta baja. Lo sufrimos cada día, nosotros y los profesionales de la atención sanitaria. Y mientras tanto, algunos y algunas con la jeta más dura que el cemento armado, entrando por la puerta de atrás en un hospital público gracias a los favores solicitados, empujando a los demás con desprecio y saltándose a la torera el turno como quien revienta la cola de la pescadería entre las quejas de aquellos que esperan educadamente a ser atendidos.

Esa es la auténtica realidad de largas listas médicas llenas de nombres tan comunes como Ana, José Manuel, Josefina, Ramón, Javier, Alejandro, Isabel… pero con el inconveniente añadido de no apellidarse Borbón ni llevar colgada a la espalda la etiqueta “madre de”, “esposa de” o “amigo de”. Gente corriente, de la calle misma, para la que nunca nadie movilizaría a un equipo médico completo entre dos ciudades sólo para intervenir -en el centro de su dominio, fuera de horario y en una especialidad distinta a las que allí se tratan- a un familiar con residencia en Barcelona. Ocurrió en el polémico caso del gerente del Hospital de Hellín; aunque, por lo menos, José Luis Sánchez tuvo la dignidad de renunciar al cargo pidiendo disculpas y reconociendo públicamente su error. Algo es algo. Que otros tomen nota.

Todos somos víctimas de una agresiva política de recortes sanitarios. Ajustes sufridos de igual manera por los profesionales que trabajan diariamente por nuestra salud y a los que transmito mi máximo respeto y admiración, porque es cierto que tiene mérito trabajar en estas condiciones. No pueden hacer más. “Estamos al límite”, confesaba recientemente un médico amigo. Así que no nos queda otra. Lamentablemente, seguirán existiendo enfermos con 70 años de edad esperando 24 meses para una resonancia, mientras otros se dedican a echar mano de la agenda buscando alguna forma de acelerar trámites. Como la vida misma. Triste y denunciable. Pero así es, y así lo tienen montado todos aquellos que han hecho y hacen del país la corrala de su casa.

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