Atraco por la mañana, por la tarde atracón

  • Reflexión tras la derrota de La Roda en Guadalajara y victoria del Alba contra el Arroyo
25 noviembre 2013

De haberlo sabido nos habríamos quedado en casa. Bueno no, la verdad es que debíamos comparecer, somos deportistas, tenemos que dar la cara, aunque nos la partan, como es el caso.

No me dio buena espina este vasco al que enviaron a Guadalajara a impartir justicia. Casi desde el principio y no me pregunten mucho por qué, pero no me pilló de susto el atraco. Sí, disculpen los más escépticos y los que pretenden el fútbol al margen de la pasión, cuando te privan de lo que es tuyo –un punto- por la fuerza y contra tu voluntad, es que te han atracado. Lo dice el diccionario y el Código Penal.

Hasta el desvarío del árbitro, el partido estaba siendo feo, deslucido por el viento y por la propia negación de los actores principales, empeñados en perder gentilmente la pelota para mayor regocijo del contrario. Los porteros no habían hecho otra cosa que recogen sendos balones del fondo de su portería, primero Campos y después Bocanegra. Y en esto cuelgan un balón al área rodense, salta el portero y en su impulso choca con el delantero alcarreño, que ya había tocado la pelota, de manera que el tal Toledo –francés, como se adivina por el apellido- se cae como un saco de patatas y el tal González Esteban –vasco, como se deduce fácilmente- se va directamente al punto de penalti, amonesta a Bocanegra por la falta y a Jesús, el capitán, seguramente por decirle que jugadas como esa hay quince o veinte en cada partido… Total, que el Guadalajara, sin merecerlo, se pone por delante en el marcador.

No quedó ahí la cosa. Por si acaso empataban los de rojo, el de negro se inventó otro penalti en una falta dos metros fuera del área y expulsó a Castellanos que atropelló al rival cuando enfilaba la portería. Pues nada, otra vez los mismos protagonistas, el señor colegiado –váyase señor Gonzalez- y Javi López, que volvió a engañar a guardameta rodense. Se acabó lo que se daba. O casi, porque en el último estertor del partido llegó Manu Dimas y mandó al limbo una oportunidad a portería vacía, seguramente descentrado y contagiado de tanto error.

Por la tarde cita en el Carlos Belmonte. El huésped de turno se presentaba como el más propicio de los que podían tocar, tal es que los de Arroyo de la Luz son los únicos que no han puntuado todavía como visitante. Si decimos todavía, ya habrán adivinado, agudos, que ganó el Albacete. Sí. Y ganaron como no lo hacían desde hace tiempo, no por el fútbol desplegado que dejó bastante que desear, sino por la ventaja en el marcador. El guarismo con forma de silla no se asomaba al electrónico desde los tiempos de Antonio y Corbalán, casi.

Nos tuvimos que esperar setenta y cinco minutos, eso sí, para poner tierra de por medio, porque hasta entonces estaban los puntos repartidos y empezaba a cundir el desánimo que provoca tanto balón horizontal, tanto pase atrás, tanto tiempo en atravesar la primera línea de presión. La posesión era casi total pero no servía para nada. Hasta que llegó César Díaz, le echó una carrera a Santi Polo, es un decir, y su centro, desde la misma línea, lo cabeceó Rubén Cruz, que para entonces ya era el atacante más avanzado. Menos mal.

Ya no se repusieron los extremeños, no les dio tiempo. Otra vez César Díaz. En esta ocasión le volvió a enseñar el número al defensor y cuando salió a achicar el portero le mandó una vaselina que terminó con cualquier atisbo de reacción. Visto para sentencia. Lo poco que quedaba para el final, sirvió para que Rubén Cruz presentara candidatura al trono del rey Arturo. Como frente al Guadalajara, le comió la tostada al último defensor y se fue derechito a batir al incrédulo guardameta visitante. Doce goles en el casillero de este espigado futbolista que es capaz de encender al respetable, no siempre para bien, eso es verdad.

La consecuencia de la victoria, junto a otras circunstancias ajenas, léase derrota del Cartagena, por ejemplo, ha sido la recuperación del liderato. Dice Sampedro que la paciencia es el camino, el sabrá… Yo, por si acaso, voy a hacer como aquel: -Dios mío dame paciencia, pero… ¡¡¡dámela ya!!!

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