Papá, de mayor quiero ser político

  • La impresión que me dan las juventudes o nuevas generaciones de los partidos es la de fábricas cuya misión es crear clones de pensamiento, réplicas a imagen y semejanza del líder de turno
05 noviembre 2013

Iniciarse muy joven en la política no lo veo natural. No conozco a ningún niño que al preguntarle que qué quiere ser de mayor conteste que político, y más aún viendo cómo está el patio. Lo habitual es que quieran ser futbolistas, médicos, bomberos… Además, antes de dedicarse a tan noble negocio debería ser de obligado cumplimiento el demostrar la valía fuera del servicio público, acreditar en el ámbito privado la capacidad. Desconfío de aquellos políticos de amplia carrera que ya cuando vestían pañales, antes de que su mente estuviera del todo formada, militaban en un partido. Aquellos que siempre han vivido de la política, que se subieron al cargo y nunca se bajaron de él, ¿qué destino les espera si algún día se agota la teta de la que maman?

La impresión que me dan las juventudes o nuevas generaciones de los partidos es la de fábricas cuya misión es crear clones de pensamiento, réplicas a imagen y semejanza del líder de turno. La prueba es que las voces discrepantes son sistemáticamente apartadas y la única forma de medrar es el asentimiento automático. El más mínimo cambio de opinión adoptado por la cúpula es recogido de forma natural por los seguidores. La sensación que tengo, desde el exterior de estas estructuras cerradas, es que las ideas surgen de arriba a abajo, cuando lo natural sería todo lo contrario. Es curioso comprobar cómo, ante un problema planteado, tanto los políticos locales, provinciales, autonómicos y nacionales de un mismo signo exponen idénticos argumentos en las modernas ruedas de prensa en las que el compareciente aparece en un televisor y donde las preguntas están proscritas, por si los gacetilleros se salen del guión preestablecido y les interpelan con alguna cuestión imprevista. Me lleva a pensar que todos, a primera hora de la mañana, reciben un correo electrónico con las instrucciones de uso del día que se estrena.

En la última campaña a las municipales, en un mitin, le reprocharon a Vicente Aroca su pasado como pescadero. Yo se lo alabo. Si alguna vez deja o le hacemos dejar la política, por lo menos tiene una profesión a la que agarrarse. Lo mismo digo de Antonio Delgado, si por fin “pescara” el cargo, no sea que le entre pelusilla.

Hace unos años estaba yo de oyente en una conversación entre el joven hijo de un, ya jubilado, político local y otra persona de mi conocimiento. Esta última le preguntaba al primero si pensaba, como su padre, dedicarse a la cosa pública, a lo que este le respondió, con gran criterio, que en un principio no estaba entre sus planes, pero que si así fuera, antes de ocuparse de tan hermosa tarea debía demostrar su mérito dentro de su profesión. Que cunda el ejemplo.

Mis hijos, por ahora, no tienen muy claro a qué quieren dedicarse. Bueno, el pequeño dice que quiere ser cantante, aunque hace dos días decía que futbolista; pero no deja de ser una ilusión. Si alguno de ellos se interesa por la política no se lo impediré, al contrario, les animaré a ello: son los únicos que, hasta ahora, no han sufrido grandes recortes.

Desde que resido en este pueblo, corría el año noventa y uno, no he conocido otro gobierno municipal que el de la popular gaviota. Y ya reconocí en mi primera colaboración con este periódico que, por amistad, Vicente ha tenido más de una vez mi voto. Pero tengo ganas de comprobar cómo sería La Roda si gobernara otro color, aunque igual echábamos de menos lo que tenemos; vamos, que sería interesante ver de nuevo al Gallino repartiendo sardinas.

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