El Alba vuelve a la Calle del triunfo. La Roda, en su Línea

  • Estamos contentos, porque en los dos campos en los que se jugaban nuestras esperanzas de triunfo, empezamos perdiendo
28 octubre 2013

Podía haber sido mejor, claro. Pero nos conformamos. Estamos contentos, porque en los dos campos en los que se jugaban nuestras esperanzas de triunfo, empezamos perdiendo. Era, ya saben, cuestión de remontar, tarea complicada al margen de la importancia del que tengas enfrente.

En el Carlos Belmonte, con el último bocado y a la hora de la siesta, para no coincidir con el Clásico –el partido del siglo, claro-, que ya sabemos que, para nuestra desgracia, muchos de los que acuden son primero de uno de los dos grandes y dejan las migajas para el equipo de su tierra. A deshora pues, con televisión en directo, poca animación en el graderío y nuevo inquilino en el palco, empezó un partido que algunos, ilusos, dábamos por descontado porque ya habíamos visto al Ecija, en su visita al Municipal y dijimos entonces que nos parecía un enemigo menor, muy lejos de aquel equipo que nos sorprendió con su fútbol la pasada temporada.

Ocurrió, no es la primera vez, que al dominio casi abrumador del equipo de Sampedro, respondió el rival con una aproximación, la primera y casi la única, un centro al área y un remate comodísimo que llevó el balón desde la frente de Plata al fondo de las jarcias de Dorronsoro. ¿Quién dijo que sería fácil? Además, y para añadir complicación, Israel Bascón, que podía ser la llave que abriera el castillo, se echó la mano a la parte posterior de su pierna izquierda y dos minutos después dejaba de participar. Paradójicamente, el hándicap de su ausencia, se tornó en ventaja porque el sustituto resultó, al final, el mejor de todos y el que empezó a dinamitar el tinglado defensivo de un Écija pertrechado. Salió Calle desde el lugar que no le corresponde, por calidad y por implicación, y volvió a demostrar que es un futbolista importante, casi imprescindible para acercarse al objetivo. Cogió la pelota, la puso sobre la hierba, en la frontal, disparó con precisión, libró la barrera y puso el empate en el video-marcador y el jolgorio en las gradas semidespobladas.

Cuando regresaron del vestuario, los futbolistas del Alba, lo hicieron conjurados en pos de la victoria. Dueños del balón, empezaron a tocar y mover, a dominar tanto que los de fuera parecían un futbolín de tanto bascular horizontalmente. Había que encontrar la rendija y no tardó Indiano en conseguirlo, desde el borde del área, casi como contra el Cádiz, rasito y pegado al poste, esta vez imposible para el portero. Dos a uno y mucho partido por delante. Algunos pensaron que llegaría la goleada que permitiera salirse diez minutos antes para llegar cuanto antes delante del televisor. Y un pijo, que decimos por aquí. El dominio, casi total, moría en las inmediaciones, sin nadie capaz de meter ese balón entre unas líneas enemigas que seguían a lo suyo. Fueron transcurriendo los minutos y conforme se agotaban, se iban cambiando los papeles; el Alba quería conservar la exigua renta y el Écija pensó que de perdidos al río, que tal vez pudiera sonar la flauta. Así que, otra vez acongojados, terminamos por suplicar el final, aunque, como es el caso, nos diera exactamente igual el partido de la tele.

El domingo, tarde primaveral y de transistor. Desde los confines de la patria, en la misma raya que nos separa del territorio llanito, allá donde los ingleses tienen acento de Cai, donde juega la Balona centenaria, donde el aire huele a mar y petróleo. Frente a uno de los poderosos, La Roda C.F. tenía la papeleta de competir mermado de efectivos, sin tres de sus titulares más reconocidos. No se antojaba fácil la misión, no. Mucho menos si resulta que, nada más comenzar, nos metemos un gol donde no debíamos. Fue Arturo, que tan encelado está con las porterías que cuando le llegó el balón pensó “esta es la mía” y, efectivamente, era la suya. Éramos pocos…

Ea, bueno, entraba dentro de lo normal. El rival es de los importantes, pensamos, no es nuestra Liga. Y fueron transcurriendo los minutos y seguimos aplicados, a lo nuestro, en nuestra Línea…

Cuando el sol se había escondido por detrás del Peñón y nos preparábamos para una derrota honrosa, este equipo, que es de carrasca buena y no se da por vencido, consiguió lo que buscaba porque acertó Matías Saad a empujar un tiro al palo del goleador de ilustre apellido.

Ahora, sin tiempo para otra cosa, a pensar en la próxima jornada, que llega pasado mañana. Los rojillos frente a un rival que viene de ser goleado en su campo, los de la capital ante un recién ascendido, titular de un barrio de Málaga donde todos saben de la crisis y el paro y ven en el fútbol una excusa para ser felices. El jueves volvemos.

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